Los paradigmas distantes
ANDREA CHARQUERO
Se define como «club de Fans» a un grupo de personas coordinadas por un par –líder– que se reúnen periódicamente para conversar de su artista favorito y organizan actividades benéficas en nombre de su ídolo. El objetivo siempre es tratar de entablar una relación de amistad con él, aunque en muchos casos, el artista ni siquiera los conoce.
Para quien quiera integrarse, la participación en el club es gratuita, aunque a veces se solicita la colaboración en dinero de cada integrante con el propósito de solventar las actividades.
Búsqueda de paradigmas
Para la psicología, en cierta forma estos clubes representan la búsqueda de modelos que los adolescentes no pueden obtener en las relaciones personales de su entorno.
Además, estos ámbitos le proporcionan al joven una determinada forma de ser y de actuar que lo identifica. Cuando se integran a un club de fanáticos con un determinado plan social, convierten su tiempo libre en ocio creativo. En general, las mujeres aprenden a compartir códigos propios y a interactuar en equipo.
La mayoría de las veces, se advierte la motivación en la primera etapa de la adolescencia reflejando los valores de un sistema cultural determinado.
Cada integrante cuenta con una carpeta de más de cien fotos e información del ídolo; pintan remeras que usan en los recitales, arman banderas, bautizan su club con un nombre que los identifique y se contactan por correo electrónico con fanáticos de otros países.
Setenta organizaciones
En nuestro país existen desde hace ocho años más de setenta organizaciones de jóvenes que tienen a alguien a quien admirar. Están integradas por jóvenes que generalmente exceden los veinte años, mayoritariamente mujeres de clase media y baja.
De esa cifra, más de la mitad corresponde a fanáticos de artistas internacionales, como Luis Miguel, Emanuel Ortega, Michael Jackson, Shakira y Talhía. Entre los personajes nacionales se destacan Natalia Oreiro, Chocolate, 424 y la Selección Uruguaya.
El Instituto Nacional de la Juventud respalda estos grupos y les proporciona –además de un espacio– una línea telefónica para llamadas locales para que puedan comunicarse con sus asociados.
Para poder registrar un club de fans, el INJU solicita documentación del sello discográfico que representa al artista, con el propósito de que el joven empiece a organizar actividades con un objetivo y que genere algún vínculo con el mundo del artista. Además, se requiere la certificación de un mínimo de veinte integrantes.
La idea del instituto es apoyar la creación de estos grupos e incentivar la tarea, en el entendido de que con estos proyectos se estimula la solidaridad.
Para satisfacer la demanda de creación de clubes de fans, el Voluntariado del INJU está en plena reestructura. «Los adultos que estamos con los jóvenes en este tema intentamos que su fanatismo por el artista que admiran sea un medio para trabajar en obras sociales.
Se intenta que de tanto entusiasmo no quede solamente el fanatismo vacío por su artista favorito, sino que sirva para hacer el bien a los demás apuntando al crecimiento personal», afirma María Rossi, coordinadora del instituto.
Uno de los clubes con más adeptos es el de «Juntos por Natalia», fanáticas de Natalia Oreiro. Está integrado por más de ciento diez chicas de entre doce y 23 años, pero sólo la mitad concurre cada domingo a las reuniones que se realizan a las 15.30 en el INJU. Fue creado en julio de 1998 por una joven que hoy tiene 16 años.
Diana es su presidenta y la encargada de coordinar las actividades que realizan. «Para nosotras integrar un club de fans es muy importante, no sólo porque Natalia es nuestra ‘genia’, sino porque a través de su imagen, organizamos actividades como festivales a beneficio de quienes lo necesitan».
«Nos enganchamos en un gran trabajo, como es armar distintos eventos. Además en las radios de FM ya nos conocen, difunden nuestros mensajes y nos dan un espacio. Nosotras tenemos la suerte de tener una relación muy cercana con Nati, que cada vez que viene a Uruguay nos recibe y hasta a veces nos escribe. Nosotras la seguimos a todos lados y estamos pendientes de su vida porque la admiramos y la queremos mucho», afirma.
La cultura de la veneración
«Romance» es el nombre de uno de los varios Clubes del cantante Luis Miguel. Su presidenta tiene 23 años y fundó el club hace nueve. Está integrado por 380 mujeres de entre 12 y 25 años.
Ellas imprimen camisetas con el rostro del carismático artista, pintan y diseñan su bandera.
Este grupo se reúne en la sede del INJU los primeros y últimos domingos de mes, a las 15.00.
Autofinancian sus actividades, por lo que solicitan a cada socio una colaboración de dinero a voluntad y sin obligación.
«Nosotras trabajamos duro y en cada obra dejamos la imagen de nuestro ídolo, porque todo lo hacemos en su nombre», resaltan las jóvenes.
Aunque éste es uno de los clubes que más participación social tiene en Uruguay, nunca han podido hablar con su ídolo. «Eso no nos desmotiva, porque si lo pensamos fríamente en nueve años de existencia no ha venido tantas veces a Uruguay como para quejarnos. Nosotras estamos en contacto con su empresa discográfica, que nos proporciona entradas para los recitales de Buenos Aires».
Las jóvenes recuerdan el origen de esa experiencia, que nació a consecuencia de un sentimiento compartido: la admiración por «Luismi».
Así, las fanáticas comenzaron a reunirse para trabajar y compartir esta pasión.
«Nosotras trabajamos mucho en la organización de campañas benéficas y de difusión del Club y sabemos que aunque Luis Miguel no se comunique con nosotras, somos muy importantes en su carrera», dice Paola ([email protected])
En opinión de la psicóloga Mónica Theoduloz, formar parte de un grupo de estas características es muy importante para el mundo de un adolescente en lo que tiene que ver con la identificación sexual.
Una joven que admira a cualquier ídolo del sexo opuesto está en pleno proceso de identificación sexual con su propio modelo femenino y también en lo que tiene que ver con su elección de pareja. «En algunos casos, vemos que se experimentan actitudes muy sanas y en otros notamos el fanatismo multiplicado, que a veces expresa una carencia familiar».
Estos clubes de fanáticos son –en general– propios de la adolescencia y de la administración del tiempo libre. Sin embargo, es frecuente la integración de personas de más de cuarenta años.
«Estos chicos viven el tiempo del ‘ser’ el presente y tratan de construir independencia emocional del adulto formando una escala de valores individual, tratando de encauzar sus propios ideales.
Dentro de este marco se sitúan estos grupos», afirmó la profesional. *
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