LA IGLESIA CREO LA VICARIA DE LA SOLIDARIDAD PARA AYUDAR A LOS URUGUAYOS QUE SUFREN

El evangelio social

Lo primero, previsto en el marco de esta iniciativa, es la creación de un Instituto Arquidiocesano de la Solidaridad que encarará la formación y capacitación de los agentes de la pastoral.

La actual Vicaría de la Solidaridad fue creada a iniciativa del propio arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, en su primera carta pastoral y concretada al promulgarse el Plan Pastoral San Felipe y Santiago Siglo XXI en el año 2001.

Desde que asumió al frente del arzobispado capitalino, el prelado ha puesto un fuerte acento en el rol social que debería desempeñar la Iglesia, con un discurso firmemente comprometido con los sectores más desposeídos de la sociedad uruguaya.

A partir del lanzamiento de este emprendimiento, se integró una comisión que viene evaluando las acciones a seguir e impulsó la formación de equipos de pastoral de la solidaridad. De ser posible, se creará también una pastoral parroquial, que concrete iniciativas coordinadas de solidaridad evangelizadora.

Una de las novedades de la flamante pastoral es la formación del Instituto de la Solidaridad, cuya creación responde a los constantes pedidos del voluntariado y siguiendo el magisterio del Papa Juan Pablo II, quien permanentemente invita a desarrollar un mejor y más responsable servicio a los más necesitados.

La propuesta es que el instituto sea un centro abierto a todos los que deseen formarse y convertir el lugar en un espacio de encuentro, reflexión y capacitación.

Ya están definidos algunos temas que se impartirán en el correr del año y otros se irán anexando en el transcurso de las clases teniendo en cuenta las necesidades.

La cátedra solidaria

Las temáticas que instruirán a los alumnos serán: la solidaridad (origen de la solidaridad, historia en la Banda Oriental), doctrina social de la Iglesia, derechos humanos, voluntariado, la justicia y la paz, comunicación cristiana de bienes, promoción humana integral, ecología y medio ambiente; trabajadores y desocupados (problemática, Biblia y magisterio, liderazgo, fuentes de trabajo alternativas, cooperativismo y sindicalismo), pastoral carcelaria, de la salud, pobreza y exclusión y economía solidaria, entre otros.

Se pretende que el sistema de trabajo en el instituto se desarrolle a través de diferentes modalidades, como charlas, talleres y seminarios.

El año pasado, integrantes de la Vicaría de la Solidaridad dialogaron con el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, requiriendo su impresión sobre la propuesta.

Para atender mejor a los carenciados, realizaron un relevamiento de los servicios que se prestan en las parroquias, así como los que se brindan desde otras instituciones.

También se abocaron a la formación y acompañamiento de los agentes pastorales y buscaron apoyo jurídico por parte de los juzgados de familia y consultorios jurídico-sociales gratuitos.

Se ocuparon también de la documentación y facilitaron la coordinación de quienes trabajan a partir de grupos de ayuda mutua, de clubes de niños, policlínicas, merenderos, casas para madres solteras, mujeres golpeadas y enfermos de diferentes males.

La Vicaría de la Solidaridad actuará tomando como base diversos criterios.

Se prioriza, particularmente, «la primacía de la Vida sobre cualquier otro valor o interés, de la Verdad sobre toda estrategia y eficacia, de la realidad sobre todo esquema o proyecto preconcebido, del trabajo y del trabajador sobre el capital y la empresa, del destino común universal de los bienes sobre el derecho a la propiedad privada y primacía de los inviolables derechos humanos sobre los procesos economistas».

Los agentes católicos montevideanos realizarán su trabajo siguiendo los conceptos teológicos de la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II denominado «Ecclesia in América». En la proclama se convoca no sólo a promover una mayor integración entre las naciones, sin también a colaborar, con medios legítimos, en la reducción de los efectos negativos de la globalización. En tal sentido, se alude «al dominio de los más fuertes sobre los más débiles, especialmente en el campo económico y la pérdida de los valores de las culturas locales, en favor de una mal entendida homogeneización». Se establece que sin justicia social no hay una democracia verdadera y estable. Para alcanzar esto es necesario, según consignan los católicos, que la Iglesia preste mayor atención a la formación de las conciencias e incluso emplear un mayor esfuerzo en la formación ética de la clase política. *

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