La Argentina como la ven en Cuba

MIGUEL BONASSO*

 

El canciller cubano sugirió asimismo que Argentina podría reemplazar a Checoslovaquia como país «proponente» de una condena contra la isla en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

La denuncia fue vertida en una mesa redonda televisada, dedicada íntegramente a la crisis argentina y a las malas relaciones con el gobierno de Eduardo Duhalde. En la extensa emisión realizada el 30 de enero último, la calificación de «lamebotas» que antes aplicaron a Fernando de la Rúa y Adalberto Rodríguez Giavarini se trasladó ahora al canciller argentino Carlos Ruckauf y a Martín Redrado, su secretario de Asuntos Económicos Internacionales, a raíz de las declaraciones contra Cuba que formularon veinticuatro horas antes, en su primera visita oficial a Washington.

La presencia del presidente Fidel Castro como espectador en el estudio subrayó la indignación que causaron en La Habana las afirmaciones de Redrado tras la audiencia con Colin Powell, donde afirmó que Argentina trabajaría junto a Estados Unidos para que «el pueblo cubano sea libre». Poco duró el intento de buenas relaciones con Buenos Aires que Fidel Castro buscó con una carta amistosa cuando Eduardo Duhalde se hizo cargo de la Presidencia.

Desde que Ruckauf y Redrado viajaron a Washington, a los cubanos les quedó claro que venía «más de lo mismo» y que Argentina votaría en contra de ellos en la cita periódica de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. La primera vez que la Comisión –que delibera en Ginebra– votó una resolución contra el gobierno cubano por presuntas violaciones a los derechos humanos fue en 1990, cuando se desplomaba la Unión Soviética y la correlación de fuerzas cambiaba en el seno de las Naciones Unidas. Pero el ataque se debilitó en los años siguientes.

Hasta 1999, en que se repitió por iniciativa de la República Checa, presidida por el escritor prooccidental Vaclav Havel. La intención de Estados Unidos, no conseguida hasta el momento, es que los representantes latinoamericanos condenen a Cuba por unanimidad o, al menos, por una holgada mayoría. Para los cubanos el tema excede el campo de los derechos humanos y es visto como un ataque persistente de Estados Unidos hacia su decisión de proseguir con un modelo socialista.

En la extensa mesa redonda, conducida por el comentarista local Randy Alonso y profusamente ilustrada con dramáticas secuencias de la crisis argentina, Juan Antonio Fernández, director de asuntos multilaterales del «Minrex», brindó un extenso informe sobre los vaivenes de la acusación contra Cuba en la Comisión de Ginebra.

El canciller Pérez Roque, por su parte, fue durísimo con Ruckauf y Redrado: «Al oír las declaraciones y ver las imágenes que hemos visto he sentido pena por la Argentina, por su pueblo al que le profesamos tanta simpatía. Realmente no vi nunca una dosis tan elevada de falta de coraje, porque hay que tener poco coraje, poco sentido de la dignidad propia, para desempeñar un papel de tanta abyección como el que hemos visto en el día de ayer. Hay que señalar que en materia de falta de pudor, puede haberse implantado un récord olímpico (…) al decir que la Cancillería argentina va a trabajar para la libertad del pueblo cubano, cuando deberían concentrarse para la libertad del pueblo argentino, la libertad de su dinero que está preso en el corralito famoso».

El titular del Minrex contrapuso los dichos de Redrado con las manifestaciones del propio Duhalde el 4 de enero pasado, dos días después de haber asumido la Presidencia: «Hay que garantizar los derechos humanos básicos en la Argentina. Un país en que se habla mucho de los derechos humanos tiene que garantizar los que son básicos: el derecho la salud y a la alimentación». El canciller cubano describió las palabras de Duhalde como «un reconocimiento de que en la Argentina estos derechos no se garantizan hoy. Un país donde hemos visto la represión policial, donde hemos visto más de una treintena de muertos en las calles, donde hemos visto la gente muriendo de hambre, de enfermedades, con la riqueza de Argentina, da idea realmente de la falta de autoridad moral para juzgar a Cuba».

Según el canciller cubano, se estaría viviendo un nuevo momento «en la manipulación del tema de los derechos humanos contra Cuba». Checoslovaquia ya no sería apta para proponer una nueva sanción y se estaría buscando «un nuevo proponente de la Resolución» en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra. Y lo subrayó con dramatismo: «¿Qué está ocurriendo y qué venimos a denunciar aquí claramente ante nuestro pueblo? Está en marcha una nueva maniobra contra Cuba, una conspiración que trata de mantenerse en secreto, escondida de la opinión pública de los países de América Latina y de la comunidad internacional. Se están realizando intensas gestiones desde Estados Unidos con las cancillerías latinoamericanas: reuniones al más alto nivel, viajes intensos, emisarios que viajan de un lugar a otro, consultas realizadas por el Departamento de Estado con algún país europeo con fuerte influencia en América Latina para que los ayude a organizar el tema de que varios países latinoamericanos presenten el texto».

El periodista Eduardo Dimas, por su parte, recordó que en Argentina, otrora «uno de los países más cultos de América», «el 54 por ciento de los niños no termina la enseñanza primaria, y de los que siguen, ocho de cada 10 tampoco pueden terminar la secundaria. Se está enterrando el futuro. ¿Eso es lo que nos quieren aplicar aquí?».

Otro asistente a la mesa redonda, el presidente del Banco Central de Cuba, Francisco Soberon, dijo que si hubiera «una olimpíada de desfalcos» el perpetrado contra Argentina merecería «medalla de oro», aunque debería librar una reñida competencia con la quiebra fraudulenta de Enron en Estados Unidos. «No es sólo un desfalco –agregó–, es también un acto de magia. Yo siempre había visto a los magos desaparecer palomas, liebres, pero nunca había visto uno capaz de hacer desaparecer 85 mil millones de dólares».

Las privatizaciones indiscriminadas y «festinadas» drenaron hacia el exterior más de 60 mil millones de dólares entre intereses y utilidades, la cárcel de la convertibilidad, la desprotección de los trabajadores y una «apertura» que generó un déficit comercial de 23 mil 800 millones de dólares. A lo que debía sumarse el peso insoportable de la deuda de 141 mil millones de dólares y las medidas recesivas tomadas por Domingo Cavallo y De la Rúa, como el «déficit cero», expresamente contraindicado para regenerar el crecimiento.

Luego Soberon citó al propio presidente Duhalde y a otros funcionarios argentinos para subrayar que en «el corralito» habían quedado atrapados los ahorristas menores porque los peces gordos fueron avisados para que retirasen su dinero a las cuentas que tienen en el extranjero. En la conclusión de su exposición, colocó a los economistas neoliberales que establecieron el corralito financiero en la Argentina frente a una paradoja que parece de Chesterton: un socialista, un comunista, recordándoles el principio de la intangibilidad de los depósitos.

«En esta misma tribuna –dijo– el comandante le ratificó a nuestro pueblo que sus depósitos siempre serán respetados, como siempre la revolución ha hecho. (…) Que esos depósitos en los bancos se hayan incrementado (se debe a la) confianza plena de la población, (a la) credibilidad absoluta en sus dirigentes y en el Comandante principalmente». *

* Periodista argentino. Colaborador de Prensa Latina. Servicio Especial para LA REPUBLICA

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