Más de la mitad de los niños de América Latina vive en la pobreza
La pobreza se redujo mucho menos en los hogares con más niños y adolescentes que en aquellos con mayor presencia de adultos. Pese a esto, en el decenio pasado se consiguieron en la región importantes logros en aspectos decisivos de la calidad de vida y del cumplimiento de los derechos de la infancia.
Así lo precisa el informe Construir Equidad desde la Infancia y la Adolescencia en Iberoamérica, elaborado por la Comisión Económica de América Latina y el Caribe, (Cepal) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
José Antonio Ocampo, Secretario Ejecutivo de la Cepal, hará entrega del documento a Mireya Moscoso, Presidenta de la República de Panamá, junto a Per Engebak, director regional para América Latina y el Caribe de Unicef, y a Jorge Alberto Lozoya, director de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (Secib), en cumplimiento del mandato recibido en la Décima Cumbre Iberoamericana, realizada en noviembre de 2000. La reunión tendrá lugar el 15 de noviembre a las 15.30 horas en el Salón Amarillo del Palacio Presidencial, en Ciudad de Panamá.
Los niños y niñas menores de 6 años que viven en hogares pobres –el grupo más vulnerable– suman alrededor de 36 millones en los 19 países latinoamericanos incluidos en la estimación. El número de pequeños pobres de entre 6 y 12 años aumentó de 41,6 millones a 43,7 millones. La incidencia de pobreza entre los adolescentes (13 a 19 años) prácticamente se mantuvo, pero la creciente gravitación de este grupo en la población regional hizo que la cantidad de ellos aumentara de 31,5 millones en 1990 a 34,8 millones en 1999.
En el estudio –que contó con la colaboración de la Secib y de numerosas organizaciones de Naciones Unidas– se evalúan los datos sobre este tema y se identifican metas concretas y caminos para mejorar las tendencias actuales en materia de educación, salud, servicios sanitarios y erradicación del trabajo infantil.
Allí se destaca que, a partir de la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 por la ONU y ya ratificada por todas las naciones iberoamericanas, se consolida una tendencia a la mejoría de los derechos de todos los niños y adolescentes. Este cambio impulsó la adopción de nuevos marcos normativos consistentes con el enfoque de derechos. Los cambios legales e institucionales han derivado en el rechazo de las situaciones de violación o incumplimiento de derechos por parte de la sociedad, cuyos sistemas jurídicos empiezan a sancionar tales situaciones.
Desigualdad en las oportunidades
«Gran parte de las oportunidades para toda la vida de la persona están determinadas por el modo en cómo ella comienza», señala el estudio. Allí se reconoce que los países han avanzado en educación, salud y protección de los niños, acceso a mayores ingresos por parte de sus padres y mejores condiciones para atender a sus hijos mediante procesos que garanticen el cumplimiento pleno de los derechos de sus niños, niñas y adolescentes.
Sin embargo, «estos avances son aún insuficientes y, sobre todo, muy desiguales». La iniquidad «es el reflejo de estructuras económicas, sociales, de género y étnicas altamente segmentadas que se reproducen de una generación a la siguiente a través de múltiples canales», sostienen Cepal y Unicef.
Existen marcadas desigualdades entre los países y, particularmente, entre diferentes grupos sociales al interior de ellos. Por lo tanto, se propone concentrar el esfuerzo en interrumpir los canales de transmisión intergeneracional de la pobreza y la desigualdad, incluidas las barreras de la discriminación por género y por etnia.
La gran desigualdad y sus consecuencias son el mayor obstáculo para lograr el desarrollo y avanzar hacia el cumplimiento de los derechos de la infancia y de la adolescencia en Iberoamérica. El documento dedica un capítulo especial a las diferencias en los progresos entre países y al interior de ellos. Concluye que aquellos que mejor garantizan el derecho a la vida de sus habitantes no son los de mayor riqueza acumulada o de mayor producto per cápita, «sino los que asumieron colectivamente la decisión de proteger la vida. Tampoco son los de una determinada zona, sino que pertenecen a todas las subregiones de Iberoamérica».
Progresos durante los años noventa
Hubo importantes logros durante el pasado decenio en las condiciones de vida y la sobrevivencia de los niños en sus primeras etapas. Según el documento, son «el fruto de políticas y de acciones de largo plazo, del mayor nivel general de vida de la población, y de los esfuerzos de los países iberoamericanos por aumentar la inversión social en las primeras etapas de vida».
El aumento de la esperanza de vida al nacer resume las condiciones generales de vida alcanzadas por un país o región. A comienzos del decenio pasado ésta era de 69 años, la que subió a 71 años. Además, la esperanza de vida aumentó considerablemente en aquellos países que presentaban mayores rezagos: siete años en Bolivia; seis en El Salvador y Perú; cinco en Honduras y cuatro en Ecuador y República Dominicana.
En cuanto a la mortalidad infantil, la mitad de los países registraron avances significativos en evitar las muertes de menores de un año. La tasa promedio en los 21 países (19 de América Latina y del Caribe de habla hispana, España y Portugal) se redujo de 38 a 26 muertes de menores de un año por 1.000 nacidos vivos entre el año 1990 y 2000. Casi la mitad de los países alcanzó una tasa de mortalidad infantil de 20 por mil nacidos o inferior a esa.
La mortalidad materna tuvo una reducción de 26% (de 153 a 114 por cada 100.000 nacidos vivos). Aquí destacan Bolivia, Colombia, Honduras y Paraguay, con acciones específicas en mejoramiento de los servicios de salud y de aquellos destinadas a identificar los riesgos asociados al embarazo y a la resolución de emergencias obstétricas. Mejoró también el acceso al agua potable, donde la disminución del porcentaje de población que no lo tenía alcanzó al 50% como promedio (de 31% a 16%), considerada la población urbana y rural de los países.
Los avances en inmunización y cobertura de vacunación entre los menores de un año son uno de los logros más espectaculares en salud pública ya desde el decenio anterior. En 1999, la cobertura de vacunación (en los cuatro tipos, TBC, DPT3, polio y sarampión) alcanzó al 90% de los niños de un año. En cuanto a la prevención del tétanos neonatal, el nivel de cobertura promedio pasó de 39% de las embarazadas a 60%.
Avances en la educación
Durante el decenio la cobertura de la educación inicial aumentó significativamente: las tasas de escolarización de la población de 3 a 5 ascendieron de 31,4% a 45,5% en América Latina. Sin embargo, estos aumentos de cobertura son insuficientes y se concentraron en las zonas urbanas y en los estratos socioeconómicos altos.
También mejoró el acceso a la educación primaria: la mayoría de los países mantuvo o aumentó las tasas de matrícula neta, aproximándose a niveles del 90%. Esto es relevante ya que, debido a la reducción de la mortalidad infantil y de menores de cinco años, los sistemas educacionales debieron absorber un contingente mucho mayor de alumnos. En relación con la educación básica, el informe destaca la persistencia de desigualdades en el acceso según el estrato socioeconómico y la baja calidad.
La matrícula en la educación secundaria se expandió, especialmente en aquellos países con mayor nivel de ingreso por habitante (Argentina, Chile, Costa Rica, España, Portugal y Uruguay). En los de ingreso relativamente menor, el aumen
to de la matrícula en la educación secundaria fue significativo, pero a partir de niveles muy bajos. Entre 1990 y 1997, la tasa bruta de matrícula en el segundo nivel de enseñanza se elevó de 54% a 61% como promedio en 16 de los 21 países iberoamericanos. Sin embargo, alrededor de la mitad de los jóvenes abandonan la educación antes de completar el ciclo secundario.
Un aspecto destacado en el informe se refiere a los avances en la legislación tendiente a erradicar el trabajo infantil en Iberoamérica, aunque constata, al mismo tiempo, que este flagelo afecta todavía a porcentajes muy considerables de la población infantil. *
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