Fin de Año con 400.0000 uruguayos que viven la nostalgia de no estar
Generalmente, la mayoría de las personas que abandonaron el Uruguay lograron insertarse en el mercado laboral del lugar en que viven y muchos formaron una familia allí. En algunos casos, hay más de una generación de uruguayos que nacieron en el exterior.
Pero afectivamente, ellos siguen fuertemente vinculados a la tierra natal, unidos por lazos de nostalgia, tristeza, añoranza e idealización. Sentimientos que en algunos casos se ven intensificados durante las Fiestas de Navidad y Fin de Año.
LA REPUBLICA se contactó con varios emigrantes para conocer cómo sienten y viven esas fechas tan particulares en las que la tradición y la familia suelen tener un sitial preponderante, así como también con el sicólogo social Enrico Irrazábal, que explicó la razón de los sentimientos que emergen estos días.
La falta de perspectivas
«El que se va lo hace porque no hay otra, por la falta de perspectivas de vida. La partida surge de la negatividad y no del deseo, cosa que marca a los uruguayos en el exilio», manifestó Irrazábal, al tiempo que definió como «gran éxodo oriental» al que se dio ni bien se instaló en Uruguay la dictadura militar.
«Ese fue un exilio político en donde las opciones eran irse, desaparecer, enfrentar la tortura o morir. Años más tarde, restaurada la democracia muchos regresaron al país, pero se inició un nuevo exilio, esta vez económico, en donde la falta de trabajo y de posibilidades impulsaron a grandes cantidades de personas a buscar un medio de vida fuera de fronteras».
«Después de la cárcel en la que estuve procesado por Atentado Moral a las Fuerzas Armadas, llegué a Suecia. Amo entrañablemente a mi país, a mi lugar de origen, a los vecinos, las vivencias de entonces y las futuras, mi historia personal y la memoria histórica colectiva, mis amigos totales y las novias de entonces. Aquí me mantiene vivo todo lo que hago, pintar, escribir, actuar, destapar la botella de las ilusiones totales, brindar elevando la ambarina copa de la amistad y los amores totales, hacer crujir la nieve bajo mis pies y gritar en medio de un parque ¡vamos todavía! mientras los suecos medrosos me observan de soslayo», narró José Alanis a LA REPUBLICA.
«¿Extrañar? El país está con uno, lo que viviste por Uruguay, lo que te torturaron por el país, eso no te lo saca nada ni nadie, es tuyo. Y es lindo, te hace sentir siempre en casa», relató Horacio De Marcilio, desde Estocolmo, Suecia.
Fútbol, mate, asado, candombe y murga
El sicólogo Enrico Irrázabal agrupó una serie de elementos que marcan la identidad uruguaya. Pequeñas cosas que diferencian a los orientales y que se transforman en añoranzas lejos de la tierra.
«Hay una construcción permanente de ser uruguayo y lo que produce eso afuera es una constante».
Entre esos referentes Irrazábal señaló el fútbol, deporte que forma parte de la cultura nacional, «a través del fútbol se mueven muchas cosas de la vida de los uruguayos, tiene una historia social relacionada con las luchas sociales, con un componente de la vida cotidiana, con cómo se conforman los clubes, con las familias, los barrios y las pujas de las empresas por formar los cuadros». Otras cosas identificatorias de la cultura uruguaya son el mate y el asado. Ellos tienen que ver con la historia, pues según los historiadores, la práctica de tomar mate con agua hervida impidió la propagación de enfermedades durante el Exodo del Pueblo Oriental. Y el asado es una costumbre arraigada que también se origina en la historia nacional, ya que por el tipo de producción del país –carne, leche, lana– la dieta de los uruguayos tiene presente a diario la carne.
«Son expresiones prácticas de vida, del orden familiar, de un tipo de dieta», indicó el sicólogo.
Cualquiera de estos tres elementos hacen referencia a un ritual de los orientales, que es la dimensión del encuentro, la necesidad de confrontar. Son actividades colectivas, en donde los problemas y las soluciones que genera el encuentro son algo más que consumir una infusión, jugar o masticar.
«Es común juntarse para algo y entonces se necesita tomar un mate, comer un asado, cosas que en otros países no necesariamente son así. Y esto define al ser nacional. Hace una dimensión simbólica de nosotros».
Lo mismo ocurre con el candombe, refiere a las raíces y es un punto de acercamiento y de exposición de problemas, ya que en todos los barrios se reúne la gente para formar una cuerda de tambores y salir en las Llamadas. El fin de esas reuniones es también la socialización con otros.
La murga, otra reseña nacional, relata a través de sus letras los sucesos que ocurrieron en el país a lo largo de todo el año.
«Cuando se está lejos del país todo esto no se tiene, hay algo que hace a la producción de la persona que falta y aparece un plano que tiene que ver con la memoria. Esa memoria nunca es individual, siempre es colectiva y surge una necesidad de reencontrarse con estas prácticas para poder construir la memoria, para que hablen de uno, que digan quién y cómo se es, tiene mucho que ver con el si mismo de cada persona», sostuvo Irrazábal.
Antonio Meribero reside en Francia y dijo a LA REPUBLICA: «Extraño constantemente, desde el asado a las tortas fritas, pasando por Gardel, el fútbol, las murgas y todo lo que es esencialmente nuestro».
Las fiestas de Fin de Año son fechas en las que habitualmente se hace un balance de lo realizado durante el año.
A mucha gente no le gustan porque esa evaluación a veces es positiva e implica alegría, pero otras no lo es tanto y genera tristeza, por lo que no se pudo hacer o lo que no se logró.
El impacto que esta valoración tiene para los que no están en el país es mayor.
El encuentro con la memoria
«Son días en los que está ausente el encuentro con la memoria, las prácticas que la construyen y entonces aparece una nostalgia muy grande y el intento de reencontrarse con algunas de las cosas que definen al uruguayo. Se concentra el afecto y se presentifica el desarraigo. El desarraigo significa sacarse las raíces, lo que sostiene la vida y eso produce dolor».
Cada persona se forma dentro de su familia, con los amigos, la escuela, el liceo, la universidad, el club. Esas instituciones la producen a lo largo de la vida y la marcan. Perder esas cosas locales, propias, que definen es lo peor que puede pasar en el sentido de desprenderse de la identidad e ir globalizándose, opinó el sicólogo, quién sostuvo que «eso no es desarrollo, es extranjerización y hace que la persona se desconozca a sí misma y se destroce la memoria colectiva», afirmó el sicólogo.
«Creo que me fui para terminar sufriendo de ‘tangués’ como cantó Daniel Amaro, porque siempre añoro mi tierra. La mejor definición de Navidad la escuché de mi madre, un día de un mes cualquiera, hace muchos años atrás, después de algunas separaciones, tuvo en la mesa a sus cuatro hijos, entonces dijo: ‘Hoy es Navidad para mí’. Los uruguayos en Estados Unidos se angustian de pensar que no habrá vecinos que salir a saludar, amparados –como en el paisito– por la calidez de la nochecita buena de verano», relató Solveig Gurgitano desde Nueva Jersey.
La tierra prometida
«Ayer recibí una carta directa de Nueva York de mi amigo el Horacio, trabaja de soldador, ahora tiene colachata, alfombra y calefacción. Parece cosa de locos, le va cada vez peor, extraña la gente nuestra que le hable, sin despreciar, extraña el aire del puerto cuando anuncia el temporal. Y sin embargo recuerda las cosas por la mitad, se olvida las que pasaba antes de irse para allá», sigue Roos.
SegÃ
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