Cotugno llevó esperanza a los enfermos del Maciel
El Centro de la ciudad y Ciudad Vieja vivieron ayer una gran «siesta» navideña. Por la tarde, todos los comercios permanecieron cerrados, salvo muy raras excepciones; se veían muy pocas personas transitando por las calles y la ausencia de vehículos era notoria. El disfrute del silencio en Plaza Independencia era incomparable, con la brisa del verano y las sombras de las palmeras. Sólo algún extranjero deambulaba por la peatonal Sarandí mientras que en las veredas quedaban rastros de la fiesta de Nochebuena. Botellas de cerveza y sidra dispersas por el suelo, los restos de fuegos artificiales, quemados y un travesti trasnochado en el balcón de una pensión todavía daba rienda suelta a su festejo, meneando anárquicamente una botella de vino.
A pocos metros de la plaza Matriz, el automóvil de monseñor Nicolás Cotugno estaba estacionado frente a la Curia. Minutos después llegaría al Hospital Maciel, lugar elegido por el prelado para pasar la Navidad. En ediciones anteriores hizo lo mismo en el Piñero del Campo y en otras instituciones de ayuda.
En el sector de emergencias del hospital Maciel se observó un alto grado de deterioro en su infraestructura, por lo que las autoridades de la salud decidieron implementar una restauración en paredes y techo. En el lugar se encontraba una decena de personas que aguardaban ser atendidas con rostros que denotaban preocupación y cansancio. «Si viene el arzobispo, tiene que entrar por la calle Rincón», respondió un funcionario del Maciel.
Eran las 15 horas y las Hermanas del Huerto, encargadas de la capilla del Hospital, aguardaban la llegada de monseñor Cotugno. Esta congregación de religiosas, las primeras que llegaron al Río de la Plata, está presente en el antiguo hospital desde junio del año 1869, encargándose de la tarea espiritual en la capilla «De la Caridad» anexa al nosocomio. Además, las actuales 11 religiosas prestan servicios de ayuda a los pacientes otorgándoles ropa, alimentos y medicamentos.
En la recorrida por el Maciel se pudo escuchar un reclamo por la falta de sábanas para los pacientes y en menor medida por la escasez de medicamentos.
El hospital tiene más de 300 personas internadas, pero ayer, por ser Navidad, algunos de los enfermos, residentes en Montevideo, fueron franqueados para pasar la Nochebuena con sus familiares y luego regresar al nosocomio en el día de hoy.
Al poco rato de esperar el arribo del religioso, el prelado llegó acompañado por el Vicario Pastoral, presbítero Jorge Techera, y una vez recibidos por las hermanas Del Huerto, se trasladaron hacia la capilla De la Caridad, declarada por el Estado Patrimonio Histórico Nacional. El edificio posee una rica arquitectura pero debido al paso del tiempo sufre de daños estructurales que demandan una restauración. Las piletas de agua bendita están construidas en dos enormes caparazones de moluscos traídos de la Isla Mauricio. Posee también la primera imagen de San Cayetano que tuvo nuestro país. En este recinto se ejecutó por primera vez el Himno Nacional Uruguayo, en el año 1848. En la parte posterior del templo, donde actualmente funciona el hospital Maciel, se encontraba un camposanto, donde fue sepultada en 1824 Doña Rosalía Villagrán, esposa del prócer José Artigas.
La hermana Adela, con más de 50 años de servicio en el hospital Maciel, encabezó la recorrida del Arzobispo, que tuvo momentos de alto contenido emotivo. Enfermos deshauciados solicitaron la presencia del religioso. «Monseñor, él quiere hablarle», le pidió un familiar de un enfermo grave. Cotugno se acercó al hombre y escuchó al oído las palabras que transmitían desesperación. Se estaba muriendo y parecía saberlo. Luego se encontró con un anciano de 97 años con un problema pulmonar, que resultó ser uno de los pacientes trasladados del hospital Saint Bois.
Lo acompañaba su hija, quien informó sobre la edad de su madre (87) y que ambos hace 70 años están casados. El prelado iba entregando estampitas de la Virgen a los pacientes, los que agradecían, muchos con lágrimas en los ojos, la breve, pero necesaria visita del religioso. Hubo bromas de fútbol a pacientes fracturados, testimonios elocuentes: «Â¡Se me pone la piel de gallina al verlo!», en enfermos cardíacos, silencios dolorosos en el CTI y una misa con un mensaje de esperanza ante la presencia de un puñado de creyentes. Fue una Navidad diferente en el Maciel. *
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