NAVIDAD AUSTERA EN PUNTA DEL ESTE

Se perfila temporada de estadías cortas y con mayoría de uruguayos

Fue un festejo navideño si se quiere tranquilo, si se quiere austero en un nivel global. Por supuesto que hubo guetos o parcelas de alta rotatividad y de alta intensidad: ya se sabe que Punta del Este, como centro balneario, se expone a todo tipo de manifestaciones en temporada estival. Pero más que nada hubo un gesto de serenidad tal vez contenida a causa de los acontecimientos ocurridos en los últimos días en Argentina, y por cierto que los pocos argentinos que han llegado hasta aquí por estos días –mayoritariamente propietarios, aunque una minoría ha optado por estadías breves en la red hotelera– no han hecho ningún tipo de ostentación. Se percibe incluso que están relajándose claramente de la tensión vivida en las calles de la vecina orilla que culminó con la salida de Fernando De la Rúa del sillón presidencial y con la consecuente designación como presidente interino de la República del justicialista Rodríguez Saá.

Lo cierto es que, en este contexto, Punta del Este transcurrió de la Nochebuena a la Navidad con deseos bastantes particulares, y se lo podía constatar en las conversaciones de los turistas: un deseo de estabilidad, de repunte, de cristalinidad en la gestión política. Estos han sido los tópicos hegemónicos no solamente en la tribu de turistas argentinos, sino en la de brasileños y en la de uruguayos, los que de alguna manera comenzaron a marcar el perfil de lo que puede ser el rodaje de la temporada una vez ingresado 2002: altísima presencia de turismo interno de jueves a domingo, un crecimiento moderado de los argentinos, mientras que los brasileños se quedarán hasta el 4 o 5 de enero y regresarán para los siempre agitados días de Carnaval, que prácticamente son el cierre de la temporada alta en Punta del Este.

Durante el transcurso del día del 24, el público visitante se concentró en las playas, aunque la mayoría, y en un trasiego de ida y vuelta persistente, hizo su pausa larga de cara al sol para inundar los hipermercados de la avenida Roosevelt, los centros comerciales de Gorlero y en particular del Punta Shopping para hacer compras. Regalos, alimentos y bebidas en cantidades más que suficientes, lo que estaría delineando otro perfil: hay que comer en casa dejando de lado las salidas a restaurantes.

De cada 20 o 25 automóviles, según lo testeado en diferentes sitios puntaesteños, uno poseía patente argentina y el resto uruguaya.

Es toda una señal que todos esperan se revierta rápidamente ahora que se amansaron las aguas en la vecina orilla.

De igual modo en sitios como el Hotel San Rafael, por ejemplo, se vivenciaron momentos de real intensidad y euforia. La acogedora estética europea del complejo hotelero de Parada 11 de Playa Brava, propuso una deliciosa cena-show donde se reflejó el buen gusto en cómo se armaron las mesas para los comensales y cómo el marco escenográfico potenció una postal navideña.

Otros sitios como el Conrad y restaurantes varios hicieron lo propio: servir a los turistas y también a algunos residentes a quienes ofrecieron un servicio de primer nivel que define frontalmente la buena estructura que posee Punta del Este para cualquier acontecimiento.

Finalmente, la madrugada fue intensa en sitios como Moby Dick, La Morocha-Vodoo, Puerto Luna y hasta en Vértigo en Piriápolis (que, dicho sea de paso, se está dando la misma relación que en Punta del Este: mayoría notable de uruguayos por encima de visitantes argentinos): los jóvenes agitaron con la naturalidad del caso hasta despuntar el día.

Esa es la realidad: toda la ciudad balnearia está preparada para recibir masivamente turistas. Que así sea, si no –y no somos apocalípticos en la especulación– la crisis postemporada será de importancia. *

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