Cotugno propuso erradicar las estructuras que traen el hambre
Sobre los indultos a los presos uruguayos, reafirmó su prédica del perdón, pero aclaró que las libertades deben incluir un marco adecuado de posibilidades.
En su mensaje navideño, la máxima jerarquía de la Iglesia montevideana enfatizó ayer en la necesidad de perdonar, actitud que calificó como un acto de heroísmo.
Además, el prelado hizo pública la buena noticia de la construcción del Liceo Jubilar para el año próximo, que fue financiada con U$S 250.000 aportados por fundaciones alemanas.
El religioso estuvo ayer acompañado por una comisión de apoyo, integrada por la señora del presidente Jorge Batlle, Mercedes Menafra, y otras personalidades, quienes explicaron el proceso de construcción de un liceo emplazado en las cercanías de la Gruta de Lourdes y que tendrá una inversión final de U$S 1.000.000.
Este centro dará la posibilidad a los adolescentes de los barrios Borro, Misiones y Casavalle de poder cursar el ciclo básico y participar de talleres de oficio.
En marzo comenzarán las obras y en el mismo mes también se iniciarán las clases de primer año en el colegio de los padres Dehonianos. El proyecto incluye 6 aulas, una capilla, así como canchas de fútbol y basquetbol.
Tras finalizar la conferencia de prensa, monseñor Cotugno dio a LA REPUBLICA su opinión sobre la crisis argentina y los reiterados saqueos a los supermercados por parte de pobladores que están viviendo en situación de emergencia social.
El prelado fue consultado en relación con lo sucedido en Argentina y la posibilidad de que la Iglesia justifique el robo en situaciones de extrema necesidad. El religioso respondió: «Santo Tomás expresa que en caso de necesidad, todos los bienes son comunes. Ahora, hay que ver si estamos en una situación de grave necesidad».
Consideró que cuando uno ve a sus hijos morirse de hambre es capaz de hacer cualquier cosa, pero también advirtió que en últimos días no pocas personas que se aprovecharon de las circunstancias para delinquir. «Pero cuando el río se mueve, ya sabemos qué pasa», sostuvo el prelado. Reiteró la necesidad «hacer todo lo posible para poner la economía al servicio del trabajo y el progreso».
Cotugno recordó que el papa Juan Pablo II siempre ha sostenido esta escala de valores, pregonando que el trabajo debe estar al servicio de la persona humana y el capital en función del trabajo.
Consideró muy triste que en Argentina muchos se aprovecharon de la necesidad del pueblo para robar productos que no tenían nada que ver con mitigar el hambre. Destacó, también, la desesperante situación del matrimonio de coreanos dueños de un supermercado que, al perder todo por los saqueos, decidieron suicidarse.
«Ahora, lo más cuerdo sería que entre todos sacáramos provecho de esta situación y corregir los errores por los que llegamos a esta crisis», sostuvo Cotugno.
Estructuras ya no sirven
El arzobispo propuso modificar las estructuras «que ya no sirven y esclavizan a las personas». Puso como ejemplo que si en una zona se respira un aire contaminado (con plomo), sus habitantes pierden libertad por lo sucedido en el entorno.
Explicó que si en Argentina o en nuestra región está vigente un sistema que es nocivo para sus pobladores, éste debería erradicarse. «Hoy en día, los problemas se resuelven a nivel de humanidad o permanecen vigentes», enfatizó.
El religioso es optimista en que estas crisis económica y social que afecta al país vecino no llegue con la misma intensidad al Uruguay. Elogió las aptitudes de los gobernantes uruguayos, que a su entender estarían en condiciones de frenar el avance de estas conyunturas adversas para la población.
En otro orden, monseñor Cotugno fue consultado sobre la polémica decisión de la Suprema Corte de Justicia de conceder libertades a los presos durante la visita de cárceles. Muchos de los reclusos reincidieron en su conducta delictiva.
Al respecto, el prelado volvió a postular su posición basado en «la prédica del perdón», manifestando que la justicia y el perdón son realidades que tienen que ir juntas.
No obstante, aclaró que los indultos deben prever la reacción de quienes son liberados, que muchas veces no están capacitados a superar las carencias y por lo tanto vuelven a una situación en la que, necesariamente, para poder vivir tienen que robar.
Advirtió: «No se puede tratar a un enfermo como si estuviera sano», por lo tanto, consideró necesario insertar a la persona que sale de la cárcel en la sociedad, mediante la instauración de un marco adecuado de rehabilitación y de posibilidades laborales.
«Si cuando sale de la cárcel la persona no tiene una vivienda, ni un lugar para residir, ni un empleo ni una persona que lo ayude, se verá en la obligación de salir a robar», sostuvo el religioso. *
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