Tiene la palabra

 

Castillos: Capital del medio ambiente

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Es lo que uno de los carteles de la carretera le avisa a todo aquel que se acerque a estos lugares.

Una ciudad donde todavía las puertas de las casas se cierran sin llaves, donde todos se conocen y donde cualquier visitante nuevo es detectado enseguida. Pero realmente uno se pregunta si la polución auditiva forma parte del medio ambiente que se debe proteger.

Estando de visita en esta ciudad me llama la atención el ruido a tamboriles que se siente al llegar la noche. La verdad que si bien al principio parece algo pintoresco, nuestro y simpático empieza a dejar de serlo cuando este tamborileo de varios y a todo repique se sigue sintiendo a las 22 y a las 23 y pico de la noche.

Para uno que está trabajando y de paso, lo simpático pasa a ser una molestia que le impide descansar (máxime si uno se instala cerca de la plaza de la ciudad).

Mi primera reacción fue hablar con alguno de los lugareños y ver si esto es ocasional.

Grande fue mi sorpresa cuando me entero de que realmente ellos también están cansados y molestos por algo que se ha hecho una costumbre que se extiende hasta cerca de las 24 horas y a todo volumen.

También varios me comunicaron que se quejaron a la Comisaría y que no tuvieron suerte ya que según ellos están autorizados.

Me pregunto ¿es realmente así?, ¿alguien en su cabal juicio puede autorizar a un grupo de personas a que a todo volumen en medio de una plaza molesten a los vecinos, todos los días? Las libertades de uno comienzan donde terminan las de los demás, ¿o no?

Al comisario, ¿no le molestan esos ruidos?, ¿o es porque no vive cerca?, el señor ministro del Interior ¿está enterado de lo que se tolera o de las excusas que se dan en las comisarías para no actuar?

De mi parte lo único que puedo decir es que antes de volver a quedarme en Castillos voy a preguntar si siguen tocando tamboriles, si es así…

VIAJERO MOLESTO

 

Carta abierta al señor Diego Muñoz

Señor director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Lamento que la opinión por ti brindada en El Observador sea tan pobre en contenido, más teniendo en cuenta que tú sos hijo de un periodista y eres un novel periodista.

Sería bueno que analices tu comentario con tu padre, hombre de gran experiencia, conocedor de la realidad, de nuestra sociedad toda, quizás encontrarías en él una opinión totalmente opuesta.

No todos los taxistas somos iguales y por una conducta individual no se puede catalogar a más de 6.500 padres de familia sólo en Montevideo, que luchan todos los días para lograr las cubrir las necesidades básicas de su núcleo familiar, quizás tú no sepas de lo que te estoy hablando, porque nunca has tenido esa responsabilidad.

Tampoco habrá sentido tu familia el temor a que no vuelvas luego de una noche agotadora de trabajo, como nos pasa a nosotros los taxistas, que con la inseguridad que hay en nuestro querido Montevideo, no se sabe si uno regresa.

Tampoco es cierto que nosotros dejemos sin servicio a la población, no es así pero si así fuera, sería bueno que ante nuestra mala actitud, la sociedad nos respondiera con la misma conducta; es tarea de todos nosotros mejorar nuestra sociedad día a día.

Te debo decir que me fue grato que en la misma nota, una joven entrevistada llamada Soledad Ortega, no comparte en absoluto la opinión de un joven contemporáneo a ella, lo cual me da satisfacción y alegría, al ver que no todos los jóvenes son iguales, de la misma forma que no todos los taxistas somos iguales.

El comentario de Soledad Ortega, emitido en la nota de El Observador, me da fuerzas para todos los días tener esperanza y fe en el futuro, y seguir luchando por mi familia.

Disculpa si la redacción de estas líneas no es la mejor, pues las escribió un padre taxista y no un joven preparado como tú, al cual trabajadores y padres como yo, te dimos la posibilidad de hacerlo en este hermoso país.

Espero que siendo tú periodista, no repliques mis ideas vertidas en esta nota, sin poder yo contar con los mismos medios de prensa que tú, que por tu profesión tienes.

De hacerlo, dame a mí la oportunidad de expresar mis ideas, las de un taxista diferente a todos pero igual a muchos, que lucha por sus hijos y por su familia.

UN PADRE TAXISTA – OSCAR DOURADO

 

Peatones de Ciudad Vieja

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Soy una persona que trabaja en la Ciudad Vieja y por lo tanto tengo (tenemos todos) que transitar por las calles con muchas dificultades para poder llegar a nuestro lugar de trabajo.

El ómnibus nos deja en 25 de Mayo y Solís porque no llega a la Aduana; ANP Club Neptuno, Hospital Maciel, etc. Por lo tanto hay que transitar 6 o 7 cuadras con: veredas rotas, sin baldosas, con pozos, suciedades de todo tipo y color, y de más está decir lo angostas que son y el gran tránsito que circula permanentemente, teniendo que esquivar esa cantidad de inconvenientes hay que caminar todos los días cuando se llega al trabajo y después cuando nos retiramos a nuestros hogares.

Además no hay que olvidar que desgraciadamente nos encontramos con gente malviviente; muy pocas veces nos encontramos con policías, pero están reunidos en las esquinas dialogando.

Yo hago este planteamiento como ciudadana que transita diariamente y como uruguaya que al mismo tiempo que pasamos por esas calles nos cruzamos con los tan ansiados turistas que llegan en grandes cruceros a visitar nuestra ciudad y ése es el recibimiento que tienen.

VECINA MOLESTA

 

Stirling y la TV adulona contra la Suprema Corte

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Es sintomático. Tanto el ministro del Interior, cuya reiterada aparición en TV nos hace recordar aquellos tiempos en que únicamente se entrevistaba a Volonté, siendo presidente de UTE, en tren de convertirlo en Presidente, han criticado duramente en los últimos días a la Suprema Corte de Justicia, por libertades anticipadas otorgadas a reclusos, sometidos a largas condenas de pronto por un robo vulgar y silvestre. Y mucho menos, en su monto real, a los concretados en tiempos no lejanos, por conspicuos representantes del Partido Nacional y del Colorado, a los que la Justicia condenó (y muy poca prensa «escrachó»…) y que no sólo gozaron pronto de la libertad sino que, incluso, siguen metidos en los corrillos políticos con miras a una «rehabilitación».

Hay «pica», evidentemente, entre la Corte y el Ministerio del Interior. Más visible aun (lo dijo «Brecha»…) desde que el doctor Milton Cairoli, le «cantó la justa» a Stirling, mencionándole en un diálogo un poco áspero, la gran cantidad de policías procesados de un tiempo a esta parte. Entre los que se incluyen, entre otros, los recientemente procesados por el tema del contrabando en Rivera.

¿Que pueden cometerse errores en las libertades anticipadas? Algo puede haber de razón, si bien es obvio que ninguno de aquellos que están presos, nació para ser chorro o asesino a lo que de pronto los llevó la vida, tras una infancia de hambre, miseria y malos tratos.

O la falta de trabajo (ubicada hoy día en un nivel mucho más alto del que señalan las estadísticas mentirosas), lo que a muchos los «obliga» a robar para subsistir, en un medio donde a la falta de fuentes de trabajo se suma el sostén de una familia y el pago de
gastos simples de agua, luz, entre otros rubros, sin los cuales justamente esa subsistencia se hace imposible.

El ladrón no nace. Se hace. O lo hacen, mejor dicho, esas imposibilidades de generar un jornal, en un medio donde, por poner un ejemplo, un empleado de agencias de seguridad o una limpiadora de empresas de mantenimiento, ganan entre 12 y 15 pesos (¡aunque usted no lo crea!) la hora! Lo que le reporta (¡cuando les pagan sus patrones!) un ingreso promedio de apenas cien mangos diarios. ¡Una miseria!

Hay miles de familias en esa situación.

Que viven con privaciones, comiendo mal, sin mutualista, «colgándose» de la luz que no pueden pagar o del cable, previa ayudita de un vecino que lo goza. ¿Paseos? La vuelta por la calle principal del barrio o la feria vecinal. ¿Proyectos? ¿Qué carajo se puede hacer en materia de proyectos, con 100 mangos diarios?

Cuando la miseria acucia, la tentación es grande.

Y no pocas veces se termina en la delincuencia, con varios años de cárcel, en centros de detención donde no se recupera nadie, lo que trae más miseria a la familia.

Por último, seamos francos y no cínicos: ¿Qué se le ofrece a quien abandona una cárcel en el Uruguay? ¿Trabajo? todos sabemos que salen «a la deriva», a veces sin un peso siquiera para el viaje de Libertad de vuelta a su casa. ¡Si es que «su» casa aún existe!

¡Vamos señores! Enfoquen el tema por otro lado, distinto del de la crítica a la Suprema Corte de Justicia¡ ¿O creen que los uruguayos, nos chupamos el dedo!

MARCUORI

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