Regreso desde del abismo
Llegan a la chacra de la avenida Instrucciones con sus vidas destrozadas, denigrados por un consumo perverso y en un círculo vicioso que les cierra todos los caminos. Quedan excluidos de la sociedad y hasta padecen serios problemas de inserción familiar.
Muchos simplemente por curiosidad, seducidos por lo prohibido o arrastrados por dramáticas vivencias familiares, terminan aliándose al espejismo de la evasión, que se torna cada vez más intensa y enfermiza en la pitada de «maruja» o la frenética inhalación de una «raya» de cocaína.
Para algunos, este proceso de paulatina degradación se transforma en un viaje sin retorno. Como si padecieran heridas de guerra, unas 40 personas permanecen internadas en la chacra de la organización Manantiales, aguardando una lenta recuperación que las reintegre a la vida plena y les permita recuperar su identidad y una autoestima seriamente castigada por el fantasma de la adicción.
Un año puede ser el tiempo necesario para que algunos drogadictos se liberen de la dependencia contraída respecto a estas sustancias y alcanzar un cierto grado de recuperación.
El riesgo de reincidir
Para otros, el período de restablecimiento y desintoxicación puede ser más largo y el camino de la rehabilitación suele estar dramáticamente signado por las recaídas, que pueden transformarse en estigmas para toda la vida.
«Es que el peligro a reincidir siempre está latente», dijo uno de los internados en la fundación Manantiales. «Por eso, nunca se puede decir que la persona está totalmente sana», añadió. En la chacra, cercana a Toledo Chico que fue visitada por LA REPUBLICA, decenas de familiares de los internados aguardaban el momento de la Ceremonia de Graduación, cuya lectura es ciertamente gratificante: 21 jóvenes culminaron sus tratamientos de rehabilitación y dieron testimonio de sus padecimientos.
Por este lugar pasaron numerosas personas en busca de una recuperación, desde un adolescente de 14 años hasta un cincuentón adicto.
A la entrada del establecimiento varios adolescentes ofrecían bonos colaboradores, con la finalidad de seguir financiando el programa y ayudar a los muchachos.
Varios metros más adelante, podía visualizarse un enorme parque donde prevalecía un verde césped y una casona de importantes dimensiones.
Todo estaba preparado para el acto de fin de año. Mientras tanto, Andrés (23), Carlos (18) y Sergio (20) accedieron a narrar su historia para LA REPUBLICA. Los tres internados que se encontraban esmeradamente vestidos, con el cabello recortado y demostraron buenos modales al comunicarse. Para que la nota tuviera el sabor de lo realmente auténtico, se expresaron con su tradicional «lunfardo» de drogadicto al referirse a las sustancias consumidas.
Robar para consumir
Los entrevistados coincidieron en rechazar la legalización de las drogas, «porque en los países donde están permitidas, se ve a los jóvenes tirados por las calles y hasta los propios curas les suministran las drogas, tal como pasa en Alemania.»
Andrés manifestó pertenecer a una familia de clase media. Sus padres tienen casa, automóvil y negocio de su propiedad, por lo cual nunca tuvo grandes necesidades económicas.
A los 16 años, por «hacerse el canchero», como él mismo lo confesó sin rubores, se empezó a codear con el alcohol, la marihuana, la cocaína, el LSD y sicofármacos.
«Pero después, todo se me fue desvirtuando y a escapárseme de las manos», aclaró el drogadicto en recuperación.
Una vez que se hizo dependiente, trabajaba y robaba para consumir. Andrés proviene del barrio Peñarol y reconoció que concurría drogado al liceo Nº 40. Incluso, consumía marihuana en el propio establecimiento liceal. Sus padres tenían sospechas, pero jamás osaron preguntárselo directamente.
Ya entrado en «la rosca», vendía televisores y cocinas hurtadas, robaba en su casa y engañaba para obtener dinero para su adicción.
«Estuve a punto de ir a la cárcel», se lamentó Andrés. Sólo llegó a segundo año de Secundaria y realizó un curso de peluquería en 1998.
La circunstancia que provocó su internación en la fundación Manantiales fue forzada por el propio joven, quien le pidió desesperadamente a sus padres que lo internaran, al advertir que la situación se había tornado intolerable.
Un día robó dinero de su casa y al siguiente regresó llorando, confesándole a sus padres que consumía cocaína y que la situación era más complicada de que la que ellos se imaginaban. Solicitó desesperadamente ser internado de urgencia: «Â¡Mamá, quiero volver a vivir!», le manifestó Andrés a sus progenitores.
Perderlo todo a los 15 años
Carlos (18) inició su historia de dependiente a los 15 años. Esto le hizo perder el trabajo y posteriormente, transformarse en un delincuente.
Fue detenido varias veces y por derivación de la Justicia, llegó a fundación Manantiales. Su intención inicial era permanecer en la institución con la idea de «achicar» con las salidas a la calle, pero no cortar con la droga. Actualmente, permanece 11 meses sin consumir sustancias y dijo haber recuperado su confianza.
Sergio (20), uno de los graduados de ayer, narró que fue un adicto precoz. En efecto, a los 11 años empezó a consumir abundante vino, luego prosiguió con la marihuana y la cocaína hasta llegar al «crac», que marcó su punto más alto de intoxicación.
Pasaba «transando» diversas cosas para obtener dinero, reconoció. El joven adjudicó su adicción a una «vida sin perspectiva de futuro y a problemas económicos en su familia».
Para llegar a esta etapa de recuperación, Sergio debió asumir tres años de lucha constante, proceso que alternó esperanzadores avances con dramáticos retrocesos.
Estuvo internado varias veces en Manantiales, hasta que finalmente logró su graduación.
De ahora en adelante le aguarda un trabajo y una próxima paternidad, dos circunstancias que le permitirán ir recuperando paulatinamente lo perdido.
Para Sergio, quedan atrás la prolongada internación y los trabajos diarios de jardinería y crianza de animales, como parte de la terapia de recuperación.
Agradece las enseñanzas recibidas en la institución, que le permitieron recuperar su deprimida autoestima y asumir responsabilidades consigo mismo y ante la vida. *
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