La lucha por el mercado abre nuevos frentes
En medio de la crisis pauperizante que venían sufriendo los almaceneros, tres frentes, dos de ellos legales, se están convirtiendo en una pesadilla tanto o más pesada que las grandes superficies para los almaceneros.
El primer gran rival de reciente aparición lo constituyeron las estaciones de servicio. Cuando años atrás, refrescos, cigarrillos y en el mejor de los casos un paquete de yerba, eran vendidos en los servicentros, ello se consideraba atención al cliente, pero no se le atribuía importancia como margen de ganancia.
Cuando la modalidad llegó desde Argentina, el minimercadismo en estaciones de servicio demoró al principio en consolidarse. Pero la baja de ingresos en los servicentros a raíz de la crisis, concedió atención a cualquier posibilidad.
Consolidado por una multinacional, el minimercado en servicentros se expandió a tal nivel que casi no sobrevive estación sin minimercado.
Por lo general abierto las 24 horas y con precios competitivos, los automovilistas le dan preferencia en el «regreso diario a casa», antes que visitar almacenes o supermercados.
El segundo rival, último aparecido para los almaceneros, son las concesionarias de franquicias de marca (hard-discount), con precios de alta competitividad. En un país con cada vez más desocupados, la franquicia de una cadena comercial es tentadora, aun cuando la mercadería esté digitada en estándares y precios. Las ganancias pueden ser menores, pero aparecen como más seguras.
Esta última forma expansiva de micro-mercadismo es demoledora para los almaceneros individuales, a quienes preocupa ahora, más que alguna gran superficie, la multiplicación de estas nuevas, pequeñas pero proliferantes.
En el área de la ilegalidad, el contrabando sigue siendo el enemigo número uno de los minoristas.
Aun cuando el presidente Batlle encabeza una campaña contra el flagelo, operativos y resultados se diluyen en el tiempo. Ferias, y buena parte de las esquinas citadinas en Montevideo e interior, disponen en estos días de abundantes «fundas» de refrescos, así como alcoholes, cigarrillos e insumos navideños de distinta índole. Las inspecciones, tanto fronterizas como a nivel de calle, lucen «sedadas», los vendedores irregulares se instalan a la vista y desesperación de quienes pagan impuestos.
Para Cambadu la iniciativa del presidente Batlle fue buena. «Pero la lucha contra el contrabando que fue muy buena, fue muy efímera. No fue persistente», dijo Menéndez.
Reafirmó en ese sentido que al contrabando «en la prensa lo veo poco y en la feria lo veo mucho», ironizando sobre la actitud de algunos medios. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad