El grito de un alma desesperada y consciente
Eduardo Miño es militante del Partido Comunista. Luchó en contra de la dictadura de Pinochet desde su puesto de secretario político de la Comuna de Maipú, y se mantuvo en su compromiso con el pueblo hasta hoy. Su mensaje escrito, su carta, es el grito de un alma desesperada, de un ser sensible y consciente, que en el límite de la angustia reacciona ante los dramas que vive el mundo, nuestro pueblo, su partido, él mismo y su familia.
Ãl nos dice:
«Esta inmolación digna y consecuente es contra los grandes empresarios que son culpables del drama de la cesantía que se traduce en impotencia, hambre y desesperación para miles de chilenos».
«Es contra la guerra imperialista que masacra a miles de civiles pobres e inocentes para implementar las ganancias de la industria armamentista y crear la dictadura global».
«Es contra la globalización imperialista hegemonizada por Estados Unidos».
«Es contra el ataque prepotente, artero y cobarde contra la sede del Partido Comunista de Chile».
«Mi alma que desborda humanidad, ya no soporta tanta injusticia».
Junto a miles de habitantes que han sido víctimas del asbesto, elemento fatal usado hasta hace poco por la industria Pizarreño, de propiedad de capitales belgas en Chile, que ya ha provocado varias muertes, Eduardo Miño dedicó sus últimos años de vida a luchar para que terminara esta acción criminal.
En 1985, Sebastián Acevedo se inmoló en Concepción cuando sus hijos estaban detenidos y siendo torturados por la CNI. Fue su grito contra la dictadura. A comienzos de los noventa, la madre de los hermanos Vergara Toledo, asesinados por los agentes represivos de Pinochet, se intentó inmolar en la Plaza de la Constitución exigiendo justicia. Fue su grito contra la impunidad.
Ahora, en ese mismo lugar, a metros del Palacio de la Moneda, Eduardo Miño se ha quemado vivo clamando justicia. Es su grito contra un mundo bajo la dictadura de la globalización capitalista y por la falta de democracia en Chile. Eduardo Miño no es una excepción. Ãl representa el clamor de millones de cesantes; de millones de marginados y excluidos; de todas las chilenas y chilenos pisoteados por un sistema brutal que destruye la vida humana.
¿Cuánto más vamos a esperar para cambiar todo esto?
¡Este es el mensaje de Eduardo Miño, un mártir de este tiempo duro y difícil, un tiempo que nos interpela hasta el fondo del alma a cada uno de las chilenas y chilenos!
No hay más tiempo que esperar.
Hay que luchar por cambiar todo ahora, no mañana. Para que la dignidad, la justicia, la democracia, la paz, la libertad verdadera, el respeto real al medio ambiente, sean el camino a una convivencia social que permita a todas las chilenas y chilenos estrecharse la manos con confianza, con alegría, con esperanza y esperanza en el futuro.
El desalojo criminal del local del Partido Comunista, su partido, fue la gota que rebalsó su indignación y protesta.
Su mensaje sencillo y directo es claro y más fuerte que mil palabras.
Sin prepotencia, esta «alma que desborda humanidad y no soporta tanta injusticia», nos llama a actuar, a luchar por un Chile justo ahora.
Eduardo Miño, su ejemplo no será en vano. Tenemos la firme convicción que de su legado saldrán miles y miles que se levantarán para abrir camino a estas ideas que sella con su vida. A estas ideas generosas, justas, humanas.
En estas horas duras y dolorosas, su recuerdo de un obrero luchador y consecuente nos permite que la tristeza no nos nuble la vocación de seguir adelante.
Por el contrario, no será en vano lo que él ha hecho. Porque esta es la hora de actuar, de estrechar manos y caminar unidos por un Chile democrático, libre, justo y solidario. *
(*) Secretaria general del Partido Comunista de Chile.
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