La Columna Amarilla

Ecología mental

Nos guste o no, los uruguayos cada vez somos más porteños.

Y hay un montón de gente tratando de que nos aporteñemos cada vez más.

Almorzamos con argentinos que comen y hablan como argentinos, de cosas que importan a los argentinos y que les suceden a los argentinos.

También podemos disfrutar de vacíos pero hermosos jóvenes que son capaces de hacer cualquier cosa por joder a sus compañeros aunque después lloren con más facilidad que los cocodrilos. «Porque la vida es así ¿viste, flaca? Y uno no va a ser un salame, ¿no?»

También te encontrás con diarios que le destinan más espacio a los espectáculos de la otra orilla que a los de acá. Es más, sacan las críticas de allá antes que las de aquí. (Aunque es cierto que en ambos casos dicen las mismas mediocridades). Y ni te cuento cuando cualquier grupo teatral argentino viene a hacer cualquier cosa a nuestro país. Allí los ves en todos los programas uruguayos hablando hasta de la fusión del átomo. ¿No te preguntaste por qué ves tan pocos artistas uruguayos en esos mismos programas y en esas mismas páginas? Preguntátelo y preguntáselo a sus conductores, productores y periodistas y te vas a enterar que hay lugares donde los actores uruguayos, por ejemplo, estan vedados, salvo las dos o tres vacas sagradas y, por supu, los amigotes.

Y copiamos sus cánticos fuboleros lobotómicos y su humor basado en la humillación del otro, del gil que cree y confía en los demás.

Pero cuando veo a Maradona anunciar su posible candidatura como vicepresidente de Menem, empiezo por sentir vergüenza ajena –pienso en Borges, Cortázar, Piazzolla y en mi viejo, que era argentino– y me digo: «Todavía no lograron comernos la cabeza del todo. Podremos creer que los políticos son una murga, pero nunca votaríamos a un murguero, solamente porque interpreta bien un cuplé».

Creo que es hora de hacer una campaña contra este tipo de polución mental. *

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