Actos autodestructivos y agresión son las patologías comunes de los presos
Lilián Alonso, psiquiatra del Hospital Penitenciario, sostuvo que un aspecto que con frecuencia forma parte de la conducta de los pacientes de los establecimientos de reclusión es la destructividad que se expresa a través de los «acting out» o pasajes al acto.
Estos son acciones de carácter agresivo e impulsivo, donde el sujeto pasa de una representación al acto en «cortocircuito», con deterioro de los procesos de deliberación que habitualmente acompañan a la conducta humana. En estos pacientes, la acción está en el lugar del pensamiento, y ésta representa una descarga de tensión que evita contactarse con la angustia, que de otro modo sería intolerable.
En relación a los aspectos clínicos, Alonso definió a los «acting out» como comportamientos de naturaleza impulsiva que tienen la forma de auto o heteroagresiones, como las mutilaciones, inferirse cortes en diferentes partes del cuerpo, golpes al otro, o destrucción de objetos.
El aparato psíquico de estos pacientes, es decir el «ello» que representa los instintos, el «superyo» vinculado a lo normativo, y el «yo» como mediador entre el «ello» y el «superyo», tiene fallas en su constitución. Por lo que el «yo» está fijado en necesidades narcisistas internas muy intensas, son pacientes muy demandantes, hipersensibles, y muy críticos con lo que les hace el otro.
Los actos autodestructivos, las conductas agresivas y la aparición de episodios psicóticos, son las indicaciones más comunes para el tratamiento de emergencia.
Estos pacientes, que habitualmente son tratados a largo plazo en el sistema carcelario, tienen indicación de internación en los casos de «acting out» destructivo o autodestructivo, tendencias suicidas agudas, colapso de sistema de apoyo por abandono o pérdida de figura significativa, y episodios psicóticos. El objetivo de la internación es proporcionar un medio de apoyo estructurado, especializado, para estabilizar al paciente, y luego ser retomado en una instancia posterior para seguir trabajando a largo plazo con sus dificultades.
Por último, la psiquiatra señaló que existen serias limitaciones tanto a nivel farmacológico como psicoterapéutico en el tratamiento de estos trastornos.
Edades en la cárcel
Con respecto al aumento de la población en centros dependientes del Hospital Penitenciario, el médico Carlos Pose informó que en 1997 había 2.058 reclusos, y en el año 2001 hay 2.888. Este aumento de la población carcelaria ha sido mayor en las cárceles del Interior del país.
Una de las características de la medicina penitenciaria es que la relación médico-paciente está alterada, ya que el paciente se encuentra privado de su libertad.
En cuanto al grupo etario, mientras que Uruguay tiene el índice de envejecimiento más alto de América Latina, el 80% de los reclusos se encuentra entre los 18 y 35 años, lo que determina una población joven con múltiples patologías.
Fuentes del Ministerio de Salud Pública señalan que la prevalencia del VIH es mayor en la población reclusa que en la población general. Mientras en la población general la prevalencia es del 0,23%, en los reclusos es del 6%, travestis 21% y usuarios de drogas intravenosas 23%.
Otras patologías con gran prevalencia en la población carcelaria, son las psiquiátricas: trastornos de personalidad, adicciones, drogadicción, depresión, psicosis, todo lo cual lleva a un aumento de la incidencia de los intentos de autoeliminación y de los fenómenos de autoagresión.
Dentro de los problemas sanitarios propios de la medicina penitenciaria, se encuentran la huelga de hambre, fenómenos de autoagresión (heridas autoinferidas, ingestas de cuerpos extraños, mutilaciones, quemaduras), trastornos de salud mental previo a la libertad, manipulación y simulación de enfermedades.
El médico forense Hugo Rodríguez, basó su exposición en la diferencia entre lo que es la medicina penitenciaria, y la forense penitenciaria.
En cuanto a la medicina penitenciaria, dijo que posee un nivel preventivo y curativo. Su objetivo es el cuidado integral de la salud de la persona privada de su libertad, y asegurar que su derecho a la salud se desarrolle en las mismas condiciones que cualquier paciente.
Con respecto a los derechos de la persona privada de libertad, ésta sólo pierde los derechos que establece la sentencia judicial, por lo que mantiene todos los derechos como paciente.
Por el contrario, la medicina forense tiene como objetivo, aportar pruebas para una investigación, lo que indica que la relación médico-paciente tiene un carácter diferente.
Etica y leyes
La neuropediatra María Teresa Rotondo, coordinadora de la Comisión de Bioética del Sindicato Médico del Uruguay, destacó algunos aspectos de la relación entre médico y pacientes más vulnerables.
Por un lado, señaló que la enfermedad coloca al individuo en un estado de excepcional vulnerabilidad, comprometiéndose su libertad, su posibilidad de decidir por sí, y debiendo buscar los servicios de otros. Por lo tanto, en la relación con el equipo de salud se encuentra en desigualdad.
Asimismo, Rotondo dijo que los profesionales de la salud frente al paciente vulnerable se declaran poseedores de conocimientos y habilidades para ayudar al paciente, siguiendo el interés de éste.
Existen dos tipos de pacientes vulnerables: los inherentemente vulnerables (incapaces de cuidarse a sí mismos), y los vueltos vulnerables por la sociedad (relacionado con la distribución y abuso de poder).
Dentro de la relación entre médico y paciente vulnerable, una de las razones de la vulnerabilidad es la inconsciencia del vulnerable de su propia vulnerabilidad. Los pacientes no quieren tomar decisiones y el médico no les hace tomarlas, debido a que las responsabilidades de los médicos a menudo son sobreestimadas, mientras que los derechos de los pacientes son infravalorados.
Por otra parte, los códigos de ética tienen como objetivo el respeto por la vida, derechos humanos, verdad, y libertad. Establecen los objetivos de la profesión, obliga a velar por la salud de todos sin discriminación, previniéndola y fomentándola con la educación individual y de la comunidad.
Los principios morales que rigen la relación sanitaria son la no maleficencia (buena práctica médica, capacidad, conocimientos actualizados), beneficencia (lo bueno para el paciente), autonomía del paciente, y justicia (basada en el sistema de valores de la sociedad) concluyó Rotondo. *
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