ENTREVISTA DE LA REPUBLICA A CARLOS MILANI DE LA UNESCO

"El Estado debe aceptar el control ciudadano" a través de las ONGs

LA REPUBLICA, dialogó con Carlos Milani, secretario internacional del programa MOST – gestión de las Transformaciones Sociales de Unesco- que visita nuestro país en el marco del Seminario «ONGs Gobernancia y Desarrollo en América Latina y el Caribe».

 

–Asistimos a una época de gran crecimiento de la conformación de ONGs y de su participación ¿Qué pone de manifiesto este contexto?

–Creo que podemos partir de un marco que es la crisis de los modelos democráticos existentes. Hay una desconfianza creciente por parte de la población hacia la política tradicional. Los canales institucionales existentes, los partidos y las elecciones suelen no atraer de una forma políticamente activa a la población.

Entonces, hay que pensar en modelos democráticos del pasado, de participación directa.

El Estado no tiene más el monopolio del bien público. Hay una serie de políticas de Estado que ya no se implementan por razones macroeconómicas. Al tener que bajar el déficit público, las primeras líneas que se cortan son las sociales: educación, salud, etc.

Actualmente, el Estado no está más solo en la prestación de estos servicios, ya que las ONGs lo están haciendo.

–¿De alguna forma se puede decir que las ONGs descentralizan el poder que concentra el Estado?

–Sí. Hay una forma de descentralizar el poder que algunas veces puede resultar en conflictos, porque plantea puntos que algunos gobiernos no quieren escuchar. En muchos países hay sistemas no democráticos, porque no se ha desarrollado suficientemente la democracia ni tampoco los canales institucionales para la participación de la sociedad.

Hay lógicas de confrontación en algunos casos, pero también de complementariedad.

–¿De qué forma puede el trabajo de una ONG ser complementario de las políticas de gobierno?

–Hay ONGs, por ejemplo, que saben trabajar muy bien en la educación preventiva contra el sida. Hay otras que tienen experiencia en el trabajo con poblaciones marginales o de toxicómanos.

Actúan en áreas en las cuales el Estado muchas veces no tiene profesionales formados para hacerlo. Entonces, en estos casos, el Estado puede subvencionar a las asociaciones civiles, lo que genera el complemento adecuado.

El peligro –quizás– es que un subsidio puede cortarse muy fácilmente.

Es importante que desde el Estado, se acepte el «control ciudadano» en el buen sentido de la palabra. También se debe admitir que la población, de una forma organizada en asociación, sindicatos y gremios, pueda promover cambios, que también tendrán límites.

–¿Qué otras limitaciones puede encontrar una ONG a la hora de desarrollar sus acciones, además de su oposición a ciertas políticas de gobierno?

–Otro límite es el corto plazo. Las ONGs están más relacionadas con las microiniciativas, microfinanzas, microcréditos y trabajo asistencial de urgencia. Son operaciones muy importantes, porque responden a demandas que están presentes en la población de bajos ingresos económicos.

Pero si el sistema a nivel macro no cambia, llegará un momento en que habrá tantos pobres y tantos excluidos, que las microiniciativas no serán una respuesta.

Las ONGs tienen dificultades para hacer conocer su trabajo al gobierno y éste ignora las propuestas en que trabajan las organizaciones civiles.

Actualmente, la gran dificultad de las ONGs en América Latina es la financiación.

Las que reciben financiación son las ONGs del norte que tienen su agenda. Entonces, se da un fenómeno de dominación de las organizaciones del Norte sobre las del Sur.

Otro problema es la pérdida de autonomía cuando las ONGs están financiadas en un alto porcentaje por el gobierno. En esta hipótesis, acaban perdiendo su papel político.

Es importante tener en cuenta que las ONGs no vienen a reemplazar a los gobiernos.

Creo que no hay que pensar, necesariamente, en la institucionalización de las ONGs, pero sí en las buenas propuestas que vienen de ellas.

–¿En este contexto, es importante lograr la capacitación de quienes participan en las ONGs?

–Las Naciones Unidas en general y la Unesco en particular, han desarrollado una cantidad de proyectos para formar a miembros asociativos en la gestión de proyectos, cómo instrumentarlos e intentar obtener financiación. Es necesario despertar la conciencia crítica política de los miembros asociativos, para que puedan informar a los responsables políticos.

Creo que ya es tiempo de empezar a pensar a nivel de la Universidad, en formaciones alternativas, no de tan largo plazo, sino puntuales. Hay que promover, además, una formación en la gestión social que prácticamente no existe. Es responsabilidad de la Universidad abrirse y mirar a la sociedad de otra forma. Esta, a su vez, debe reconocer la importancia de estos nuevos fenómenos.

–¿En qué acciones se centra el trabajo de las ONGs en América Latina?

–Yo diría que hay tres tipos de categorías: una muy centrada en el nivel local, que responde a problemas puntuales y trabaja en el campo medioambiental, en la salud y en la educación. Está relacionada con la Iglesia, con sindicatos de productores y también con movimientos de educación popular.

Otra categoría comprende a las ONGs que trabajan en la defensa de los derechos civiles y desarrollan acciones para promover cambios en el marco político jurídico. Un tercer grupo son aquellas ONGs de mediación política que trascienden fronteras, para trabajar en problemas que –muchas veces– son de carácter mundial, como la contaminación atmosférica, o la deuda externa. *

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