Fútbol, morrones y mosquitos
Es increíble la cantidad de temas que se suben a mi mesa de trabajo con la pretensión de que sean tratados. Se trepan por las patas con uñas y dientes, aullando, rugiendo y gimiendo. Algunos, con total sangre fría, suben reptando, y los hay que vuelan y sobrevuelan y se posan seductores, y se pechan, se atropellan, se desplazan los unos a los otros a codazos, y cada uno de ellos, con total desparpajo, se autoproclama prioritario. ¡Hay que ver las ínfulas que tiene hoy por hoy cualquier temita de morondanga! Algunos me miran prepotentes y me amenazan con que si no los trato de inmediato, se irán en busca de alguien con más talento que sepa apreciarlos, mimarlos, tratarlos y difundirlos, y nunca más volverán a pisar mi mesa. Eso me asusta un poco, porque puedo equivocarme, dejar de lado un tema que hoy considero frívolo y perderlo para siempre. Pero hay que correr riesgos. ¿Cómo aceptarle al tema del Sorteo con mayúscula del Campeonato Mundial de Fútbol de Corea-Japón, que quiera competir en prioridad con el precio del morrón amarillo, o incluso con el tema del mosquito en verano? El Mundial será dentro de seis meses, y el morrón amarillo lo necesito para mañana, y el mosquito esta ahí, incubando o volando ya, zumbando amenazante con su lanceta venenosa, y para colmo de males yo no le distingo el mosquito común del portador del dengue. Lo peor del caso es que seguramente el tema del Sorteo del Mundial le gana al tema del morrón, y al mosquito, pero yo no tengo conocimiento de qué países nos convienen más o menos, en materia de rivales en el fútbol mundial. Y no lo tengo, porque me hice a la idea, durante las eliminatorias, de que no nos conviene ninguno. Y estoy en esas. *
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