Prohibido para nostalgicos

"Un sol muy celeste"

LUIS GRENE

 

Finalmente llegó el día. Luego de sufrir demasiado, llegó la hora señalada. Se bancó de todo. Desde un «kaiser» que en las bravas se borró olímpicamente. Derrotas imprevistas y conejos que salieron de la galera y dieron victorias. Todo a fuerza de pulmón, pero lo cierto es que llegamos. Como diría Obdulio «los japoneses» están ahí, a la vuelta de la esquina. No queda otra que darles a los muchachos la mejor onda. Y la matraca de la memoria les tira sus «buenas líneas» con lo único que sabe hacer. Un puñado de recuerdos del «fóbal», en la Vieja Capital. Para que toda su luz ilumine esta tarde el Centenario y los impregne de polenta ganadora. Cuando por Pereyra y Rivera, estaba la canchita de «los manyas». En medio de un barrio de casas bajas. Grandes terrenos con jazmines y rosas. Bastión «carbonero» con hinchas que descendían de los tranvías o de los «ómnibus piratas» clandestinos que, por unas chirolitas, te arrimaban desde lejos para que pudieras ver a la rayada. Lo mismo para «los bolsos» que en un inaugurado Parque Central pisaban fuerte. Con leyendas como Perucho Petrone que por 8 de Octubre, de Urquiza hasta Larrañaga, trillaba con su carrito de frutas y verduras. Y los domingos, con la camiseta alba, pegaba cada cañonazo que muchos goleros arrugaban. No tenían la culpa pues más de uno había quedado desmayado al intentar atajar esos viandazos del gran Perucho. Por Olivo y Agraciada y luego por Lucas Obes, estaban «los papales». Nuestro cuadrito, con los curas de la Escuelita Maturana que lo bancaban y los vecinos daban una mano haciendo colectas. «Los bohemios» por El Prado, «la academia» en Reducto, «la dársena» por la Aduana y por el Pueblo Ituzaingó nació la escuadra de «la franja». Cada lector cómplice, ahora mismo, está agregando la camiseta que llevan en el cuore. La tibieza de la memoria patea la de cuero en el Viejo Montevideo. Hinchas con gorras de visera, ranchos de paja y damiselas de coquetos sombreritos con lentejuelas. Los pintunes con sus trajes blancos que resplandecían con aquellos soles de principio del viejo siglo. Luego del partido, a merendar en el Parque de los Aliados. Atrás, un Estadio a medio construir se quedaba dormido en el atardecer dominguero. Pero, en el 30 explotó la alegría y vimos asombrados que éramos campeones del mundo. Gambeta, picardía y pechera. Ganaban al fútbol como ganaban en la vida superando sus humildes orígenes. Que toda esa polenta ilumine hoy a la celeste.

Los esperamos los sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *

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