Rechazando el consumismo, a recuperar la espiritualidad
Los pueblos originarios de América construyeron una visión del mundo, mediante la cual coexistieron y aún lo hacen, en armonía con la naturaleza y el universo. Ellos denominan Camino Rojo al conjunto de tradiciones por las que se rigen y realizan una serie de ceremonias sagradas, en las que celebran sus ritos.
Desde hace algunos años, las comunidades indígenas que sobrevivieron a la colonización, se sienten en el compromiso de difundir su cultura y –en cierto modo– salvar a las civilizaciones actuales, que se encuentran sumidas en el consumismo, la competencia y alejadas de la esencia de las cosas.
Con ese propósito, en febrero del año próximo, se llevará a cabo un encuentro en el que se transmitirá la sabiduría indígena y se celebrará una ceremonia denominada Búsqueda de Visión.
«Es nuestra responsabilidad también soñar y tener una visión para heredar a nuestros hijos el compromiso de prever que nuestra Madre Tierra esté en mejores condiciones y se pueda continuar la tradición de nuestros antepasados, de la cual somos herederos, depositarios y guardianes», expresa Aurelio Díaz Tekpancali, líder espiritual de la Iglesia Nativa Americana de Itzachilatlan.
Toda América Precolombina tuvo una cultura única y una sola cosmovisión, basada en la creencia que todos los seres vivientes son hijos de la misma Madre Tierra y del mismo Padre Sol, lo que abarca los seres humanos, animales, plantas y hasta la lluvia. Con la conquista y la imposición de una nueva cultura, muchas de las tradiciones indígenas se perdieron o quedaron ocultas.
En determinado momento, en líderes originales de América apareció la necesidad de compartir su cosmovisión con otras culturas.
El indígena mexicano Aurelio Díaz Tekpancali es uno de ellos y este año será el cuarto que llega hasta Uruguay, para luego visitar Brasil, Ecuador, México y España.
Buscando una visión
La ceremonia que se celebrará en Uruguay, se llamará Imploración o Búsqueda de la Visión. Es de carácter sagrado y consiste en un retiro con ayuno. En ella, el Camino Rojo se hace por medio de un compromiso que dura cuatro años.
El primer año durante cuatro días, al siguiente, siete, luego nueve y el último la abstinencia se extiende por trece días.
Este rito varía en cada región, pudiéndose realizar una vez al año, a lo largo de toda la vida, cada determinada cantidad de años o una sola vez.
En la versión original el ritual se cumple en una montaña, pero en nuestro país en un monte indígena. Ese terreno pertenece a la Iglesia Nativa de Itzachilatlan y está ubicado a orillas del Olimar, en Treinta y Tres.
Allí sólo existirá el contacto con la naturaleza, lejos de las comodidades de la ciudad. La única protección será la ropa y una manta.
La ceremonia será un reencuentro personal y con la naturaleza.
En este rito, cada año se dirigen los rezos hacía un punto cardinal diferente. Esta vez, será el Este y prevalecerá el color rojo.
Las personas orarán por lo que sientan importante y además por la humiladad como propósito colectivo.
En la imploración de la visión, se confeccionarán 365 cuadraditos de tela roja, en cuyo interior se colocará un puñado de tabaco. Este acto tiene un propósito para cada día del año.
Luego, todos los ataditos se unirán en una cuerda que simbolizará la protección en el monte, con la que se armará un círculo que delimitará el lugar, en el cual se permanecerá durante los días que se extienda el ritual.
La enseñanza
De este modo, se intentará aprender acerca de la humildad, ya que todos los participantes serán iguales –sin importar su trabajo, sueldo, auto o estatus– bajo el Padre Sol y la Madre Tierra.
Es fundamental en este aprendizaje, comprender el valor de la compañía de las personas y cosas que están cerca y conocer cuál es la verdadera relación que se tiene con ellas. Durante el ritual, se mantiene encendido un fuego sagrado.
Finalizado el compromiso — después de los cuatro años– se asume otro, mediante el porte de «chanupa» o pipa, que representa a la madre y al padre. Esta experiencia permite conectarse, pedir ayuda y sanación. Implica la responsabilidad de cargar la pipa al servicio de las personas que se tienen cerca.
«La Búsqueda de la Visión es un momento de la vida en el que se renace del vientre de la madre Tierra.
Es una oportunidad para rezar y agradecer a la vida y, de alguna manera, para darle un orden, un equilibrio, una pespectiva que pueda dejar un beneficio. Por ello, se procura para mejorar la actitud y la condición de uno como ser humano», afirmó Díaz. *
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