TESTIMONIOS
EQUIDAD PARA LAS VECINAS Y LEY EN MARCHA
«Tengo una visión positiva de la evolución que ha tenido en los últimos diez años el tema de la violencia contra la mujer en el Uruguay. Creo que ahora, el proyecto de ley contra la Violencia Doméstica a estudio del Senado, en tanto es el mejor proyecto que nos podemos dar, cancela una deuda importante con la mujer y con la sociedad en su conjunto.
Este proyecto es el mejor avance que podemos tener, mejorarlo será cuestión de tiempo, pero lo que no debemos es postergarlo, en tanto contempla desde la prevención para que no haya más víctimas, hasta la recuperación de los victimarios.
En cuanto al tratamiento que se le está dando en el Senado, es el adecuado, ya que el último trimestre del año suele ser el más complejo, y el proyecto llegó desde Diputados el 18 de octubre. También debe tenerse en cuenta que a nivel de los Representantes existen ámbitos más específicos (la comisión de Equidad y Género, la de Derechos Humanos) que alcanzan a entender más específicamente en el tema que una comisión del Senado, como la de Constitución y Códigos, dónde ahora se encuentra.
En otros órdenes creo también que hubo avances en esta última década como la creación del Instituto Nacional de la Mujer y la Familia, en 1992, y la ampliación de la Comisaría de la Mujer, a Comisaría de la Mujer y la Familia en ese mismo año. Previamente desde el retorno a la legalidad institucional, grupos de mujeres se han estado organizando y luchan tenazmente en la defensa de aquellas que sufren violencia. Cabe además resaltar la gestión de la Intendencia de Montevideo para implementar el plan de equidad para las vecinas, llevado adelante por la Comisión de la Mujer de esta administración comunal.
Creo sin embargo, que falta mucho por lograr en un país donde muere una mujer por violencia doméstica cada nueve días y una, en cada dos parejas, la sufre». *
Mónica Xavier – (Senadora del Partido Socialista).
SIN OLVIDAR A LOS ANCIANOS
«La violencia contra la mujer, y en general el tema de violencia, es uno de los más sensibles para la sociedad toda y para el Estado, por tanto deben extremarse las medidas para enfocar el problema.
Creo que en los últimos quince años se han encarado acciones concretas desde diversos ámbitos. El Poder Ejecutivo a través del Ministerio del Interior, del Ministerio de Educación y Cultura y del Ministerio de Salud Pública vienen ejecutando políticas en ese sentido, y a modo de ejemplo vale mencionar la creación de la Comisaría de la Mujer, ocurrida en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti, y a la que tuve el gusto de asistir. En realidad todos nos hemos involucrado más en el tema y, coincidiendo con enfoques recientes de esa problemática, lo peor para su combate es el silencio, porque la ausencia de denuncias impide procesar las medidas correctivas. Cuando hablamos de violencia doméstica debemos entender que allí involucramos a mujeres, niños y ancianos y que no nos referimos sólo a maltratos físicos sino también a maltratos sicológicos. Estas situaciones en muchos casos no son denunciadas por miedo, falta de medios económicos o por carencias en el entorno familiar y por otros miles de factores.
Quienes tenemos hijos, y en especial hijas, tenemos claro que el esfuerzo de la sociedad debe de apuntar hacia la educación, porque sólo la educación nos hace realmente libres, en la medida en que nos otorga independencia en un sentido más amplio. Los recientes acontecimientos mundiales, la forma en que eran maltratadas las mujeres en Afganistán, deben demostrarnos que en este tema la sociedad internacional debe estar alerta. *
Milka Barbato, (Vicepresidenta del BROU)
HASTA EN LAS MEJORES FAMILIAS
«La violencia hacia las mujeres existe `hasta en las mejores familias´. En Uruguay cobra promedialmente una vida cada nueve días y está presente en una de cada dos parejas. Discutir si ha aumentado o no en las últimas décadas, es ocioso. Antes existía, pero no tenía nombre, ni se denunciaba. Ahora, el delito está nombrado y se denuncia, aunque menos de lo que se comete.
Esta violencia tiene costos. En términos de Derechos Humanos para empezar, pero también de salud, productividad laboral, integridad familiar, entre otros. No están cuantificados oficialmente, como no lo está la violencia misma, aunque los datos sueltos que se alcanzan aquí y allá, alcanzan para saber que se cuentan por miles las uruguayas humilladas, amenazadas, golpeadas, heridas, por hombres que, en nombre del amor instalan el terror en el hogar, ese privado intocable del que tan a menudo está desterrado el respeto.
Tampoco está aún la Ley que facilitaría la prevención y atención de las víctimas: falta la palabra del Senado. Mientras sin embargo, se ha avanzado en sensibilizar y capacitar al funcionariado policial y judicial. También se abrieron puertas en distintos niveles de la educación formal.
Con lo importantes que son estas metas, hay sin embargo una previa que las facilitaría a todas: la convicción de que en la base de la violencia hacia las mujeres está el poder, un poder patriarcal que explica por qué un buen vecino, mejor amigo y compañero de trabajo descarga la palabra ofensiva, el puño o la bala sobre la mujer con la que está, estuvo, o desearía estar vinculado sentimentalmente, y no sobre otras personas de su relación.
Desarmar ese patrón de conducta aprendido y culturalmente legitimado, instalar la igualdad entre humanos y humanas, percibir a la otra y al otro como pares valiosos, aún en la discrepancia, son estaciones del camino a recorrer. Todas y todos podemos evitar la violencia doméstica y sexual. Un desafío para la razón y el corazón que la convivencia demanda». *
Isabel Villar, (Editora de La República de las Mujeres)
A LA ESTADISTICA SE LLEGA MUERTA
«Lamentablemente, la visión que podemos tener de este asunto son solamente las estadísticas, porque este es un tema de puertas cerradas. Y eso es lo más terrible. No es un tema gremial, no es una denuncia de una asociación pública, no es algo que alguien pueda salir a la calle a reclamar: es algo individual que ocurre sin que se sepa. Y para cuando se sabe, para cuando llega a la estadística es porque ha ocurrido lo peor casi siempre: la muerte de otra mujer. Entonces es difícil afirmar que haya una evolución o no del tema en los últimos años. Claro, que tanto va el cántaro a la fuente que al final se sensibiliza a la gente. Y si la gente se sensibiliza entonces el Senado se ocupa. Pero que se ocupe urgentemente. Es urgente en realidad, porque estamos hablando de un asunto de vida o muerte, algo mucho más preocupante, más importante, que muchos otros temas por los que sí se ocupan.
Si debo rescatar algo positivo de los últimos años en este asunto, es que haya mucha gente, cada vez más, trabajando en esto. Pero creo que deberíamos haber más, que tendríamos que hacer más ruido para que las víctimas sepan que tienen el apoyo de mucha gente.
Por eso insisto en que aún cuando parezca poco lo que se hace, todo lo que se haga es algo: cada vez que se pone el palo en la rueda para evitar otro caso de violencia es un avance. Algunos pueden pensar que las cosas se están haciendo bien, otros que se hacen mal; creo que en esta etapa lo que importa es que se haga algo, en tanto, nadie se olvide que en el fondo, acá, lo que está en juego es, siempre, la vida de una mujer. *
Laura Canoura – (Cantautora)
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