Osos uruguayos
El oso hormiguero chico (Tamanduá tetradactyla) es esquivo para la ciencia uruguaya. El único oso que vive en Uruguay ha sido considerado siempre una rareza. Pero la multiplicación de avistamientos y capturas en el este y noreste del país cambió su categoría.
Ahora el Tamanduá, también llamado Caaguané, es aceptado animal de fauna autóctona. Caaguané es la voz más antigua con que se le conoce: lo llaman así los indios guaraníes (caa=bosque, guané=catinga: el hediondo del bosque), referencia obvia al tufo que emiten sus glándulas perianales, identificatorio y de encuentro en períodos de celo. Argentinos y brasileños lo conocen tradicionalmente en sus regiones subtropicales, pero en nuestro país siempre fue una rareza.
Su primera aparición es por demás tardía: en 1972, un ejemplar capturado en las Puntas de las Sierras de Carpintería, Cerro Largo, es el primer registro científico. El segundo, recién en 1985, también apareció en Cerro Largo, en el bañado de Las Pajas y llegó a vivir unos días en el zoológico de Montevideo.
Poco después las apariciones comenzaron a multiplicarse. Primero aparecieron dos especímenes en la Quebrada de los Cuervos, en Treinta y Tres. Un especimen capturado en Cerro Largo vivió algún tiempo en el zoo melense. En Vichadero, Rivera, otro animal, que pasó a la reserva de fauna del Cerro Pan de Azúcar. Finalmente existe un insólito registro de otro ejemplar: una fotografía tomada ¡en un bar! en Masoller, Rivera.
En un trabajo técnico de próxima aparición (Acta Zoológica Platense), los profesores Carlos María Prigioni, A Sappa y F. León nominan otra serie de localidades donde se confirmaron recientes apariciones.
Todo ello ameritó que el curioso personaje entrara en las páginas de la fauna autóctona.
En cuanto a las razones de estos cada vez más frecuentes encuentros, cabe especular que la deforestación en el sur brasileño, destinando montes y bosques a tierras agrícolas, esté generando un desplazamiento potencial de la especie. Ello podría haberla llevado incluso a Treinta y Tres, el registro más austral de aparición.
El bosque nativo es imprescindible para que el oso hormiguero chico sobreviva. A diferencia de sus parientes mayores, disfruta colgado horas enteras de sus cuatro patas, de cualquier rama. De ser preciso transita sin embargo largas superficies, incluso en descampado.
Aunque, obviamente, su menú principal son hormigas y termitas, come larvas de abejas y avispas, sin despreciar alguna fruta o verdura.
La hembra pare una sola cría, a la que transporta durante muchos meses sobre su lomo.
En el Uruguay su caza está particularmente prohibida, en tanto es una especie protegida por ley. *
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