Nuevas redefiniciones ideológicas
Se ve que el tema de la actualización ideológica, lejos de agotarse, retoma cada pocos días renovados bríos. Es así que pudimos leer un lúcido editorial aparecido en el último número del semanario herrerista Patria, que resulta especialmente ilustrativo para hacerse una idea cabal sobre cuáles son los principios doctrinarios del Partido Nacional. Transcribo algunos párrafos que avalan lo que sostengo.
«Los partidos políticos denominados tradicionales nunca han encajado en ninguno de los moldes ideológicos en los que se los ha querido encasillar. Derecha e izquierda son conceptos elusivos para todo aquel que pretenda con ellos encerrar lo que representan tanto el Partido Nacional como el Partido Colorado«. De aquí debe concluirse que ni uno ni otro son de derecha ni de izquierda. ¿De qué son? ¿De centro? No os apresuréis, amigos lectores, que más adelante el editorialista nos da la clave que permite arribar a la correcta definición ideológica de esa colectividad política: «Nosotros nos definimos como orientales y blancos«. No se puede negar la capacidad de síntesis de los ideólogos herreristas por más que pueda reprochárseles lo escueto y poco aclaratorio de la definición. Y agrega: «Somos por tanto algo diferente». Claro que son algo diferente, porque los orientales suelen pertenecer a la raza amarilla, pero en fin, el asunto es que ahora sí, ¡se develó la incógnita! Si usted pensaba que los adherentes al partido de Oribe eran africanos, mongoloides o pieles rojas, acaba de enterarse que no, que pertenecen a la raza blanca (puede ser nórdica, caucásica o mediterránea, poco importa). Hay quienes piensan que en realidad lo que se quiso expresar es la afinidad ideológica con los rusos blancos, los no bolcheviques, lo cual no es demasiado descabellado. Pero también nos enteramos de que son orientales, un rasgo distintivo que en realidad es de dudosa utilidad para diferenciarse política e ideológicamente en un país cuyos ciudadanos, además de uruguayos, se llaman orientales, ¿no le parece? En última instancia, se trata de una definición inobjetable, como todas las tautologías: la ideología del Partido Comunista uruguayo es la que profesan los uruguayos comunistas…
Sin embargo, al editorialista de Patria tal extremo no parece quitarle el sueño, y sugiere «dejar para los académicos sus piruetas intelectuales», mientras aconseja a la grey nacionalista: «Y nosotros seguir por el camino viejo de nuestras convicciones».
El problema es que no se sabe cuáles son esas convicciones cuyo viejo camino ha de seguirse, pero eso es lo de menos porque lo que realmente inquieta a los blancos es «el forzado intento de polarizar la opinión», pues según el analista patriota: «Pertenecemos a un partido que proclama en alta y clara voz que es una realidad diferente, que es una visión distinta del país y que mucho difiere de la que representan el Partido Colorado y el Frente Amplio». Personalmente no creo que haya ningún intento forzado de polarizar la opinión, puesto que desde el momento en que los partidos tradicionales se depuraron de corrientes progresistas y se volcaron definitivamente a la derecha, desafío a cualquiera a mostrar una sola diferencia ideológica entre ambos. Y si no, ¿por qué el H. Directorio instó a los votantes nacionalistas a elegir a Jorge en el balotaje?
El batllismo se abre
Lo más curioso de todo es que en tiendas coloradas la inquietud es similar. Basta enterarse de las preocupaciones, críticas y sugerencias que salieron a luz en un encuentro de dirigentes del Batllismo Abierto, un nuevo y contestatario grupo colorado, visiblemente molesto con la dirigencia partidaria y su forma de conducir la colectividad.
Se habló allí de la necesidad de «refundar el Partido Colorado ante el constante acercamiento con el Partido Nacional a través de la coalición de gobierno«. Se juntan pero quieren separarse; se mimetizan pero quieren diferenciarse; tienen la misma visión de país pero se afanan por encontrar divergencias. Debe de ser muy estresante, ¿no?
Los batlliaperturistas se quejan asimismo de que el partido se ha vuelto burocrático y está lejos de la masa, que hay un divorcio entre dirigentes y pueblo, y proponen retomar la línea populista que lo caracterizó durante los dos primeros tercios del siglo pasado.
Añoran los buenos viejos tiempos en que el Partido Colorado albergaba en su seno corrientes de izquierda y llegan a afirmar, rotundamente, que la verdadera izquierda del país es el batllismo. Habría que consultar a García Pintos o a Ruben Díaz –que se consideran tan batllistas como el que más– a ver si están de acuerdo con tan temeraria afirmación. Pero son previsores, los muchachos batlliaperturistas, y se adelantaron a posible reparos: «Si nos asusta decir que somos izquierda, digamos que somos socialdemócratas», sugirió uno de los asistentes.
Pero el verdadero aggiornamiento colorado radica en la propuesta de confeccionar camisetas y gorritos con la efigie de José Batlle y Ordóñez, para competir en ferias y puestos de ambulantes con las que ostentan el rostro del Che. Confieso que me cuesta imaginar a un joven luciendo una hering con la clásica imagen de don Pepe de sobretodo, pero ¿por qué no? Sería un toque surrealista bastante atractivo, ¿verdad? Y ya que estamos, se podrían ofrecer tatuajes con la adusta cara de Pacheco, o con la sonriente de Tomás Berreta…
Lo único que habría que averiguar previamente es si las camisetas con rostros no serán catalogadas como ‘de menos’ por la gente de Galería de Búsqueda. Porque está bien que los colorados quieran ser populistas, pero tampoco es cuestión –so pretexto de actualización ideológica– de quedar como unos gronchos.
*Periodista de LA REPUBLICA
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