Tiene la palabra

Homenaje a Caldeiro Barcia

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* El grupo de estudiantes de preparatorios de medicina de 1937 me encomendó la difícil tarea de recordar al querido compañero y amigo Roberto Caldeiro Barcia, al cumplirse cinco años de su fallecimiento.

Ruego a usted tenga a bien publicar el discurso del profesor de la Sociedad Catalana de Obstetricia y Ginecología, Dr. José María Carrera, donde esboza la obra de nuestro querido compañero.

PROFESOR DOMINGO CARTAZZO SALDIAS

 

En la muerte de un maestro

Roberto Caldeiro Barcia, una referencia mítica para los obstetras y ginecólogos de todo el mundo, pasará a la historia de la medicina por ser el investigador que introdujo la metodología científica en el viejo «arte de partear» y puso las bases fisiopatológicas y tecnológicas de los procedimientos que hoy conocemos como «monitorización» del parto.

Caleiro y sus colaboradores abrieron en definitiva las puertas del siglo XX a una especialidad que se había replegado sobre sí misma durante siglos, y sus aportaciones fueron de tal naturaleza que Montevideo se convirtió en el faro mundial de la obstetricia. Consecuencia lógica de este prestigio internacional fue su nombramiento como presidente de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia entre 1976 y 1979.

No fue sólo un pionero; era un investigador nato que marcó definitivamente la forma de avanzar de la medicina perinatal. Bien puede decirse que hay dos bibliografías en nuestra especialidad: la de antes de Caldeiro, puramente empírica, y la pos Caldeiro, arropada por el método científico.

Fue también un maestro que marcó en cierto modo nuestras vidas. De una forma u otra, todos los perinatólogos españoles somos discípulos suyos, bien directamente a través de estancias más o menos prolongadas en Montevideo, en su Servicio del piso 16 del Hospital de Clínicas, o bien a través de sus numerosos alumnos desperdigados por toda la geografía española.

Y por encima de todas las cosas, fue un hombre bueno de los pies a la cabeza, arropado por la elegancia del espíritu y poseedor de la aristocracia del intelecto, que sólo poseen unos pocos elegidos.

Que descanse en paz, frente al gran océano que había cruzado centenares de veces, un hombre que fue para todos los obstetras del mundo, pero especialmente para los españoles, un referente de ciencia y humanidad.

(DR. JOSE MARIA CARRERA – PRESIDENTE DE LA SOCIETAT CATALANA D’OBSTETRICIA I GINECOLOGIA).

 

Carta abierta al ministro del Interior

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Soy un ex funcionario policial, y de profesión periodista, jefe de una familia que la componen mi esposa y cuatro hijos adolescentes.

Hace aproximadamente dos años «por no callar cosas y hechos que otros prefirieron ignorar por conveniencia propia», hoy soporto, como miles de compatriotas el flagelo del desempleo y por consiguiente serias dificultades económicas.

No profundizaré sobre detalles que llevaron a mi situación, ya que presumo usted los conocerá pormenorizadamente luego de los respectivos sumarios administrativos a los cuales fui sometido y que culminaran con mi destitución del Instituto Policial el pasado diecisiete de enero del año en curso.

Fueron veintidós años de servicio que cesaron por: Violación al Estatuto Disciplinario Policial no concurriendo a trabajar.

Mi decisión de no-concurrencia se vio originada por la permanente persecución de la cual fui objeto por parte del jefe de Policía de aquel entonces Pablo Manini Ríos.

De acuerdo a la Ley Nº 9940 del 2/7/1940, en los artículos 39, 40 y 41 y la ley Nº 12.381 del 12.2.1957 a través de su artículo 14 me amparé en mi derecho jubilatorio con trámite realizado el 18/1/2001.

Señor ministro, quiero dejar pefectamente establecida mi aceptación de cesantía en las filas del Instituto Policial, reconociendo mi falta.

Lo que sí, permítaseme discrepar, señor ministro, es que a través de la resolución que lleva su firma me niegue los derechos legalmente adquiridos sobre mi pasividad, teniendo en cuenta que en mi caso no encuadra en ninguna de las hipótesis que sobre los mismos inhabilitan su ejercicio.

Señor ministro: no fui cesado por corrupto ni delincuente sino porque cometí una falta disciplinaria considerada grave.

Mi baja no se debió por delinquir contra la Administración ni conexo con la función, ni culpa administrativa grave como lo establecen los artículos arriba mencionados.

Señor ministro: hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria. Sigo manteniéndome firme en mis convicciones. Sé que soy uno más de los tantos funcionarios públicos de este país, que por no callar y por confiar en la Justicia que naturalmente debería de surgir de nuestras autoridades, soporté en el trámite administrativo de mi expediente sumarial desde el hecho inconstitucional de la retención de la totalidad de un salario durante cuatro meses, la actuación de una Junta Médica que nada investigó sobre mi estado de salud a pesar de la información profesional adjunta que confirmaba mis patologías hasta la no-comparecencia de un testigo considerado clave pese a ser citado varias veces cuyo testimonio figura en una grabación que hice de su palabra.

Señor ministro: soy un ciudadano que día a día me aferro en creer cada vez más que: «la honestidad y la dignidad no se compran en la farmacia y ello tiene un precio tan o más caro que el que hoy me toca pagar a mí, pero tampoco puedo aceptar las injusticias y la retención de mis derechos sin una razón.

Señor ministro: ¿Debería haber callado en mi condición de ser humano y periodista corresponsal de un medio de prensa capitalino ante hechos como La Ruta del Contrabando en esta zona del país con la participación de policías y aduaneros?

Esto, pocos días después fue reconocido por el propio Presidente de la República, doctor Jorge Batlle, al indicar públicamente que en la 3a. Sección de Treinta y Tres se cobraba a los contrabandistas para dejarlos pasar.

¿Debería haber callado como ser humano y periodista ante Los alcances de la droga en Treinta y Tres?

Esto y otros temas causaron molestias en el señor Manini Ríos comenzando con la persecución antes mencionada plasmándose en continuos traslados sin motivos.

De todas maneras, señor ministro, no reniego ni me arrepiento de haber actuado como lo hice, tengo la limpia conciencia de no ser obsecuente ni débil con el poder político y económico que en su momento pretendió doblegarme.

Ruégole, no mal entienda este relato en parte de los hechos que me atañen, ya que los mismos no tienen la finalidad de lograr dádivas, ni justificaciones ni contemplaciones especiales, sino que lo único que pretendo es justicia y pleno conocimiento de lo ocurrido. Todo lo que exijo es justicia y reconocimiento de mis derechos.

Sin otro particular y esperando revea su negativa ante mi justa petición lo saluda a usted muy atentamente,

AGUSTIN DELARROSA – C.I. 2.014.130-5

 

El whisky que vendió la Aduana

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Por este intermedio me dirijo a usted para comentarle lo siguiente:

El día 17.8.2001 en esta ciudad, se realizó un remate de mercaderías decomisadas por Aduana; en ella había un pizarrón que decía: «Toda persona que compre whisky te
ndrá que pagar su compra, la mercadería será entregada cuando la Dirección General Impositiva, coloque las estampillas en el plazo aproximado de una semana».

De esa forma se vendieron unas 80 botellas o más a diferentes compradores, hoy a tres meses todavía no aparecieron las estampillas y nadie se hace responsable. Es por ese motivo que le pregunto al director general de Rentas, contador Marcelo Brasca, o al señor contador Pedro Spielmann, director de División Interior, cuál es la razón de tal demora, ya que algo que parece tan sencillo lleva tanto tiempo. ¿Será porque somos del Interior?

El trámite ante Impositiva se gestionó el 18.8.01 y el Nº del expediente de mi trámite es el 214.

Saluda a usted atentamente,

CARLOS GONZALEZ – C. I. 3.588.955-0

 

La compañía en los hospitales

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* Quiero referirme a la carta publicada el 18 de noviembre bajo el título «Denuncia de puño y letra». Siento decir que la persona que escribió esa carta, cuando fue admitida en ese trabajo, sabía lo que estaba haciendo, y si no, no creo que nadie la haya obligado a seguir. En mi opinión, cuando hacemos algo por necesidad, tenemos que soportar o irnos. No siempre los patrones son los culpables, ya que somos nosotros que vamos a buscar el trabajo.

Soy auxiliar de enfermería, por tanto, conozco bien los hospitales por dentro y por fuera, de acá y de otros lados.

El trabajo con los enfermos es una vocación, dar y no siempre recibir, pero es un trabajo de amor al otro. Me duele leer estas cosas porque siempre buscamos culpables pero a veces los únicos culpables somos nosotros.

Para terminar le diré que estoy contra los acompañantes en el medio hospitalario, familiares comprendidos. Ese es un trabajo que el personal debería hacer, y estoy convencida de que quien es enfermera por vocación, encontraría el tiempo para ocuparse de todo.

Espero no lastimar a nadie sino ayudar a ver claro que el medio hospitalario es difícil por lo que se ve, que cuando estamos en una cama es porque no podemos ir a pasear al parque.

H. CORREA – C. I. 1.165.475-1

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