EL EX DIRECTOR, HUGO VILLAR, DIO SU POSICION A LA REPUBLICA SOBRE LOS CAMBIOS PROPUESTOS

Hospital de Clínicas: "¿Viejo, grande e ineficiente?"

El Hospital de Clínicas es una de las organizaciones más prestigiosas entre la población de nuestro país. Pero sectores interesados han tratado de eliminarlo, achicarlo o limitar el papel fundamental que ha cumplido como centro pionero en materia de atención a la salud, de formación de recursos humanos, de investigación y de administración hospitalaria.

Solía decir el Arq. Carlos Surraco, proyectista y director de las obras de construcción del Hospital de Clínicas y citando a Bertrand Russell que «uno de los grandes males de este mundo, radica en que, allí donde los que saben y trabajan dudan, los que no saben opinan»

Analicemos aquellas apreciaciones una por una.

1º. Es viejo. El Hospital de Clínicas comenzó a funcionar el 21 de setiembre de 1953. La afirmación de que es un hospital viejo, únicamente puede formularse sobre la base de un gran desconocimiento sobre el tema. hospitales de esta magnitud, y por tanto de altísimo costo de construcción, no se edifican para décadas, sino que se deben construir para que duren varios siglos. Así sucede con varios de los más prestigiosos hospitales de Europa, algunos de los cuales fueron construidos durante la Edad Media. Por supuesto que son edificios bien mantenidos, periódicamente remodelados o actualizados, de modo de evitar que se deterioren rápidamente y sea necesario realizar inversiones injustificadas para sustituirlos innecesariamente.

Todo ello tiene mayor validez en países subdesarrollados como el nuestro, que de ninguna manera tienen posibilidades reales de financiar la construcción de hospitales de alta complejidad como es el Clínicas, cada 50 años. La experiencia nacional muestra por el contrario, que no se asignan siquiera los recursos básicos necesarios para asegurar su correcto mantenimiento.

Por esa razón, este tipo de hospitales deben ser construidos con materiales de primera calidad, como se hizo en el Clínicas, con altos niveles de seguridad y deben tener una enorme flexibilidad, para poder adaptarse a los acelerados progresos científico técnicos.

El Hospital de Clínicas es un ejemplo excepcional en ese sentido; fue tan genialmente concebido, que ello ha permitido realizar obras sin alterar su estructura, e incorporar sin dificultades técnicas los servicios de mayor complejidad; a título de ejemplo, el desarrollo en el país de la radiología y la cirugía de corazón, el primer Centro de Diálisis, la bomba de cobalto, el primer Centro de Tratamiento Intensivo del país, que incorporó hace unos años un nuevo módulo que es uno de los mejor instalados del país; las Unidades de Cuidado Intermedio, el Centro de Medicina Nuclear, el Centro de Nefrología, el Centro Nacional de Quemados que satisface los requisitos físicos más exigentes a nivel internacional; transplantes de riñón, y los equipos más avanzados en el campo de la Imagenoterapia, incluyendo equipos de Angiocardiografía y de Tomografía computarizada.

Por otra parte: si el Clínicas es viejo, ¿cómo calificaríamos al Hospital Maciel, cuna de la medicina nacional, cuya piedra fundamental del actual edificio se colocó el 24 de abril de 1825 y que como lo recuerda el profesor Jorge Lockhart «tardó 65 años en completar la manzana de 10.000 varas de superficie (8.000 m Hospital Pasteur, que funciona desde 1922 en un edificio construido en 1892 para Cuartel de Oribe y que funcionó luego como Asilo de Mendigos. Precisamente hablando del Pasteur, hace unos años se pensó en construir un nuevo hospital para sustituirlo, pero los proyectos quedaron archivados en dependencias de algún ministerio.

Y cómo catalogaríamos por su edad al Hospital Vilardebó o al Hospital de la Mujer del Pereira Rossell inaugurado en 1908. ¿Hay proyectos para sustituir alguno de ellos, que parecerían entonces de una vejez insoportable?

Por otra parte, no parece serio hablar de construir un nuevo hospital de la mayor complejidad, como debe ser un hospital universitario, en un país donde se cierran mutualistas y se eliminan puestos de trabajo, sin que el Estado tenga la voluntad de evitarlo.

2º. Es grande. Es cierto. Es un complejo monobloque integrado en realidad por seis edificios, de unos 110.000 m2 de construcción. Es decir, uno de los edificios más grandes y de mayor altura de Montevideo. Está ubicado en el centro geográfico de la ciudad, en una zona estratégica de cruce de avenidas que vienen de los cuatro puntos cardinales. Emerge desde un terreno que está a 24 metros sobre el nivel del mar y tiene 97 metros de altura. En su construcción se emplearon 20.500 metros cúbicos de hormigón con un peso de 18.000 toneladas, y 3.000 toneladas de hierro. Está sostenido por 36 columnas, alguna de las cuales llega a 34 metros de profundidad, y cada una de ellas soporta cargas de hasta 1.500 toneladas. Su estructura, que no se ha hundido un solo centímetro desde su construcción como ha sucedido con algunos grandes hospitales europeos, soporta una resistencia equivalente a 6 millones de kilos y está calculada además para soportar vientos de hasta siete millones de kilogramos de presión. Tiene paredes dobles en todas las salas de hospitalización y pisos en forma de celdas, con un sistema antiacústico logrado mediante planchas de corcho entre un piso y otro. Juntas de dilatación dividen el edificio principal en 8 sectores, para evitar rajaduras. Tiene 30.000 metros cuadrados de vidrio en sus fachadas.

El Hospital de Clínicas es una joya arquitectónica de valor mundial.

Pero cuando se dice grande, ¿qué se quiere decir? ¿Grande en relación con qué?

La capacidad asistencial de un hospital está determinada por las necesidades de atención de la población a la que sirve.

El Hospital de Clínicas llegó a tener 607 camas habilitadas, a realizar casi 1.000 consultas diarias, unas 100 atenciones de urgencia al día, resolviendo problemas que no podrían haber sido resueltos en ningún otro centro asistencial, ni público ni privado.

Toda esa tarea se cumplía con un porcentaje de ocupación mayor al deseable y con amplias listas de espera en policlínicas, lo que indicaba que la demanda superaba a la oferta.

El Hospital no pudo continuar con su programa de ampliación de servicios, por falta de recursos, pero no por falta de demanda. Eso ocurría ya hace 40 años.

Pero no solamente no se obtuvieron los recursos necesarios para desarrollarse y responder a una demanda creciente, sino que ello obligó en esta última década a cerrar camas y a disminuir su capacidad asistencial en otros sectores fundamentales.

¿Alguien puede sostener con seriedad que en estos últimos años la demanda de atención de la población ha disminuido? Por el contrario: ¿no han aumentado las necesidades y la demanda de atención? ¿No ha cambiado la población en cuarenta años, no se han incrementado enormemente los conocimientos y recursos en materia de salud, todo lo cual aumenta la oferta que es lo que en el campo de la salud condiciona la demanda?

¿No hay un porcentaje importante de la población sin cobertura asistencial real? Porque una cosa son las cifras de cobertura teórica basadas en el número de afiliados al mutualismo, y otra cosa es la cobertura efectiva que se asegura en la práctica. ¿Qué pasa por ejemplo con los jubilados y pensionistas, que aunque estén afiliados por Disse a las mutualistas no pueden pagar las órdenes y los tiques? Y tanto menos lo pueden pagar cuanto más enfermos están y por tanto, cuando más atención necesitan. Porque en nuestro actual sistema sanitario se castiga al enfermo, en lugar de proteg
erlo y asistirlo cuando más lo necesita.

¿Cuántas veces hemos sido consultados en los últimos años por organizaciones de jubilados, para plantear si no habría alguna forma de asistirse en el Hospital de Clínicas?

¿Qué está indicando?

3. Es ineficiente. Existe un concepto, bastante generalizado, de que los grandes hospitales resultan caros e ineficientes. Sin embargo, es todo lo contrario. Uno de los requisitos de la atención a la salud, es que sea eficaz y eficiente. Eficaz significa alcanzar los mejores resultados en términos de salud. Para ello se requiere un enfoque integral de orientación preventiva, mediante acciones de promoción dirigidas a mejorar el nivel de salud y la calidad de vida, de protección contra los riesgos físicos, químicos y biológicos, de diagnóstico precoz y tratamiento oportuno de enfermedades, y acciones de rehabilitación física, psicológica y social.

Pero además debe ser eficiente, es decir alcanzar los mejores resultados en cantidad y en calidad, con el menor gasto posible.

No se debe confundir eficiente con barato. Una simple apendicectomía sin complicaciones puede resultar ineficiente, si se utilizan mal los recursos y se gasta innecesariamente. Una compleja intervención de neurocirugía es de alto costo, pero satisface el requisito de eficacia si se obtienen buenos resultados, y de eficiencia si se gasta estrictamente lo necesario.

Los hospitales de alta complejidad, para que resulten más eficientes, deben tener un alto número de camas y atender un alto número de consultas. Por una razón fácil de entender. El mayor gasto en un hospital, tanto de inversión como de funcionamiento, se realiza en los que denominamos Servicios de Diagnósticos y Tratamientos Especiales, es decir Radiología, Radioterapia, Tomografía computada, Resonancia magnética, Medicina Nuclear, Laboratorio Clínico, Hemoterapia, y Anatomía Patológica. Estos Servicios, en un Hospital Universitario, necesitan un equipamiento de altísimo costo y un personal altamente calificado, para asegurar calidad asistencial, docente y de investigación. Esos gastos de inversión y los gastos fijos de funcionamiento son los mismos si el hospital tiene 100 camas o si tiene 600 camas, si atiende 200 consultas al día o si atiende 1.000.

En un país con poco más de tres millones de habitantes, esos gastos no pueden ni deben multiplicarse; pero además, por razones de economía de escala, cuanto mayor es el número de atenciones, es decir cuanto mayor es el número de camas y por tanto de enfermos días, y cuanto mayor es el número de consultas de urgencia o de policlínicas, menor será el costo unitario de cada uno de esos productos finales.

Yo no puedo hablar por las autoridades del Hospital de los últimos años. Pero puedo afirmar categóricamente que el Hospital de Clínicas era, y seguramente sigue siendo, un centro asistencial de alta eficacia por los resultados que se logran, pero además altamente eficiente porque alcanza aquellos resultados con el menor gasto posible, es decir sobre la base de un Presupuesto absolutamente insuficiente para un hospital de esa categoría. Muchas veces, delegaciones de técnicos extranjeros de visita, al conocer la cifra anual del Presupuesto pensaban que en realidad nos estábamos refiriendo al presupuesto mensual.

Esa alta eficacia y alta eficiencia se alcanzan, porque el Hospital de Clínicas posee el personal docente y no docente más calificado del país, analizado en su conjunto. Entre otras cosas porque es formado en la Universidad de la República y porque es seleccionado en base exclusiva a sus conocimientos, capacidades y aptitudes.

Por otra parte, es un hecho aceptado al nivel internacional, que los mejores niveles de calidad asistencial se logran en los hospitales de enseñanza.

También corresponde aclarar que esa eficiencia se logra además, a expensas de los bajos salarios, y a expensas de no poder cumplir satisfactoriamente con otros gastos esenciales como en materia de medicamentos o de mantenimiento preventivo y reparativo.

El Uruguay, por ahora y seguramente por unos cuantos años más, no está en condiciones ni necesita más que un hospital público, universitario y de la más alta complejidad. Debe ser como ha sucedido hasta ahora en la práctica, un centro de referencia nacional. Ese papel de referencia debe realizarse en coordinación con una verdadera red de servicios, debidamente definida, planificada y organizada racionalmente, y de un funcionamiento eficaz y eficiente.

Ese hospital ya lo tenemos. Se llama Hospital de Clínicas «Dr. Manuel Quintela».

Decía el arquitecto uruguayo Carlos Surraco, que la construcción de ese Hospital fue «un gesto de optimismo, un acto humanitario y un voto de confianza en la Medicina Nacional».

Fue concebido, proyectado y construido por profesionales, técnicos y obreros uruguayos, con los más calificados asesoramientos de las Facultades de Medicina, Arquitectura, Ingeniería, Farmacia, Odontología, Derecho, y Ciencias Económicas de nuestra Universidad, y financiado con dineros del país, generados por la producción nacional. Como se ve, por aquellos tiempos se trabajaba con profesionales universitarios y no con funcionarios de la banca internacional de costo millonario para el país.

Fue pensado en cada local y en cada detalle, para funcionar como hospital. Cada edificio tiene una estructura, diríamos en términos biológicos una anatomía, creada para cumplir determinadas funciones. Pensar en utilizarlo para otros fines es un disparate arquitectónico, e insumiría un gasto de enorme magnitud.

Luego de su habilitación, dirigido por especialistas nacionales y con trabajadores docentes y no docentes de alta calidad, fue transformado en un centro de referencia obligada al nivel nacional e internacional, en el campo de la asistencia, de la docencia y de la administración de hospitales.

En el país prevalece ahora la política del achique, en lugar de la política del progreso y del desarrollo. Achicar el Estado indiscriminadamente, achicar los salarios, achicar las inversiones, achicar los gastos de educación, salud, seguridad social, achicar la confianza en el desarrollo del país y en la capacidad productiva de nuestros trabajadores.

El Hospital de Clínicas no sólo no debe achicarse, sino que debe crecer y mejorar la calidad en todas las modalidades de atención, es decir, en el servicio de emergencia, en la consulta externa, en los servicios de hospitalización donde debe incrementarse el número de camas, y en el desarrollo de programas de salud mental y de atención domiciliaria.

El Hospital de Clínicas necesita llevar a la práctica sus planes de desarrollo. Debe repararse, modernizarse y embellecerse. Debe instalar y desarrollar nuevos Servicios a la población, para llenar lagunas asistenciales muy importantes, tal como está previsto en los Programas de Desarrollo elaborados y aprobados al nivel de la Universidad.

¿Quién debe financiar ese desarrollo? No se puede financiar a través del Presupuesto Universitario, ni es una responsabilidad que corresponda a la Universidad de la República.

Esta es una obligación esencial del Estado. Es una responsabilidad indelegable. La salud no es una mercancía más; es un derecho cuya efectividad práctica no puede ser asegurada por otro que no sea el Estado. Los recursos existen en el país. No es cierto que la única solución sea aceptar los usureros préstamos internacionales, que a la postre se pagan a expensas de retacear recursos a la educación, a la seguridad s
ocial, a la salud, a la producción nacional en el agro y en la industria, a los jubilados y pensionistas.

Hay, en esa materia propuestas concretas, formuladas por especialistas en la materia, que son totalmente viables y que podrían mejorar sustancialmente la situación de la salud en nuestro país.

Los técnicos universitarios han demostrado con argumentos, que reciclar el actual edificio del Hospital de Clínicas cuesta 56 millones de dólares menos que construir un nuevo pequeño hospital llave en mano según directivas de bancos internacionales, que no podría por razones de costo, responder a las verdaderas exigencias de calidad asistencial, docente y de investigación que el país necesita.

No debemos confundirnos, ni enredarnos en discusiones que sólo sirven para perder el tiempo, o quizás para que algunos ganen tiempo y nieguen recursos para el presente, prometiendo un futuro paraíso con propuestas ilusorias.

El problema real no es si un edificio reciclado y actualizado, o un nuevo edificio.

El tema es asegurar en lo inmediato, el adecuado cumplimiento de las funciones que el Hospital tiene asignadas, y asegurar el desarrollo programado.

El Hospital de Clínicas no es solo un gran edificio; son fundamentalmente sus trabajadores docentes y no docentes. En un hospital, la calidad asistencial depende, más que del edificio y los equipos, de la calidad del personal. Este es el recurso más importante, el que debemos mantener, estimular, y perfeccionar, asegurando las mejores condiciones laborales; de modo que la población reciba la atención de calidad y de sentido humanitario que se merece y a la que tiene pleno derecho. *

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