Tan seguro como lo creamos
Buenas tardes: ¿el despacho del director?
«Al fondo a la derecha. Subiendo la escalera, enseguida», responde con buenas maneras un hombre joven que, por el plástico identificatorio colgando al pecho, hace suponer trabaja allí, donde LA REPUBLICA acordó la entrevista: el aeropuerto de Carrasco.
La Fuerza Aérea Uruguaya accedió a que el director general de Infraestructura Aeronáutica, y por ende del aeropuerto, analizara por vez primera la estructura de cambios a que se sometió la terminal, en su seguridad, desde el 11 de setiembre, fecha del atentado en las Torres Gemelas de Nueva York.
Cronista y fotógrafo cumplen el recorrido indicado. Atraviesan el ala central del aeropuerto, asombrándose cómo aún operan colgantes artefactos de iluminación, ejemplos de estilo moderno cuando el aeropuerto se fundó, hizo el pasado 10 de octubre, 55 años.
La conversación discurre sobre el tema de la seguridad, mientras llegan al antedespacho mismo del director. Allí, una puerta abierta deja entrever una secretaria que, atenta, recibe y ofrece café.
Lo curioso es que hasta esa misma puerta al despacho del director, nadie ha comprobado si quienes dicen ser de LA REPUBLICA lo son, o están de acuerdo con Bin Laden.
Las baterías están apuntadas
«Bueno, la contingencia apunta a una situación en el aire, contra un avión, no al despacho del director de un aeropuerto», explica el fácil acceso a esa área de comando el teniente coronel (Av.) Richard Saurina, titular de la terminal aérea.
Junto al mayor (Av.) Gerardo F. Meyer, comandante de la Escuela de Policía Aérea, y jefe del servicio de seguridad del aeropuerto, son responsables de entre 50 y 60 operaciones aéreas diarias. Deben controlar y vigilar, a entre 1:000.000 y 1:300.000 pasajeros en el año.
«Antes y después del 11 de setiembre existe un cambio, una división», abre ideas el director que reconoce limitaciones en la unidad a su cargo. Es que hasta hace sólo meses, todos estaban preparándose para abandonar este aeropuerto e intentaban especializarse para el aeropuerto que el entonces candidato Jorge Batlle, había anunciado.
Pero el plan falló y allí debieron quedarse. Debieron calafatear el viejo aeródromo para operarlo como moderno, seguridad incluida.
«Actualmente, tenemos un 50 por ciento más de personal afectado a la seguridad del aeropuerto. En cuanto al nivel, estamos testeados por los organismos internacionales y nos mantenemos dentro del estándar regional», coinciden.
Ello significa que los controles en Uruguay están a igual nivel que en Asunción, Buenos Aires, San Pablo, etc.
«Seguridad total, no existe», sentencian.
Batlle también manda
Aunque avalan el relato, descartan cualquier comentario. Luego de los atentados en las Torres, una de las primeras medidas de seguridad en Carrasco fue el cierre del hall principal a todo aquel que no fuera pasajero. Despedidas en la calle, las empresas aéreas tenían el hall entero para chequeos con medidas extremas de seguridad.
Fue el Presidente de la República quien consideró aquello fuera de lugar y personalmente ordenó suspender la medida: el hall volvió a quedar abierto para bienvenidas… y despedidas.
«Lo que sí queremos decir es que las nuevas medidas de seguridad no nos tomaron tan de sorpresa. En el aeropuerto había ya una serie de reformas en marcha. De las pistas al resto, incluyendo de algún modo, la seguridad. Ello hizo que aceleráramos simplemente un proyecto que ya estaba en marcha».
Apuntan que incluso el cambio del personal a cargo de las máquinas que controlan pasajeros y equipajes de mano, fue magnificado. «Ese proceso ya estaba en marcha porque Interpol, que cumplía la tarea, estaba tan escaso de personal que no cumplía con la mínima de las normas internacionales. Cada máquina debe ser operada por seis personas, un mínimo de cuatro. Por eso nosotros nos hicimos cargo.
Ello, lamentablemente ocurrió casi que paralelamente al atentado en Nueva York y eso confundió las cosas», señalan.
Ambos atribuyen además capital importancia a la consolidación reciente de la Policía Aérea, dando potestades jurídicas al ente.
Casi segura seguridad
En cuanto a los niveles de tecnología disponible en Carrasco para controlar lo portado por los pasajeros, en un país donde tanto aparato no funciona como debe, ambos ironizan que la presión vino de fuera.
«Después del 11 de setiembre las controladoras de Estados Unidos, visitaron urgentemente la región, salieron por todo el mundo. Pasamos con sote», se miran. Ello significa que cuentan con aval del control central planetario: más no pueden pedir.
Afirman hacer además autocontroles: hay maletines diseñados especialmente para esa tarea, que simulan tener en su interior desde granadas a hachas. Buscan un desconocido que cumpla el intento de cruzar el maletín: si lo logra, algo no anda bien.
El aeropuerto tiene dos máquinas para control de pasajeros «una Heimann, alemana, se ocupa del equipaje de mano. «Más que la tecnología en eso», explican, «lo importante es la capacitación del personal que debe identificar en monitores en negativo, todo tipo de elementos portátiles».
La segunda máquina, el arco Garrett, de última generación estadounidense, determina lo que la persona tenga de metal en su cuerpo. Hay un chequeo semanal del arco. Los cacheos han sido minimizados.
Portes de elementos para agresión no metálicos, podrían ser viables.
Después de esos controles los pasajeros entran a la sala de embarque denominada zona estéril, en tanto se considera que allí nada puede acceder de fuera: todo el circuito salvo la entrada y la salida a la pista son compartimientos ciegos.
«Incluso se han eliminado detalles de riesgo. En el restorán sobre la sala de embarque debieron dejar de usar cuchillos y cubiertos de metal. También se dejaron de vender en el aeropuerto souvenirs del tipo cuchillos, navajas o similares», explica Meyer.
Alguien podría suponer exageran un poco cuando dicen que Carrasco es de verdad, hasta donde puede serlo, un aeropuerto, seguro.
«Es que hay entidades norteamericanas que evalúan constantemente las normas que deben cumplir los diferentes aeropuertos. Si alguno está fuera del margen de seguridad que ellos entienden adecuado, simplemente las compañías cancelan los vuelos a esa terminal. Eso en Uruguay no ocurre», enfatizan.
En cuanto al estado de alerta permanente en que están los aeropuertos estadounidenses, ambos pilotos coinciden que los uruguayos están en un nivel operativo «normal».
Ello es por debajo incluso de las alertas de primero, segundo y tercer nivel a que se ve sometido un aeropuerto ante alertas eventuales o constantes.
Finalmente entienden que el personal se conoce tanto entre sí que difícilmente un extraño podría ocupar un lugar subrepticiamente. La tercerización de servicios como el de limpieza tampoco incide en tanto, dicen, la compañía se comprometió a emplear siempre el mismo personal. *
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