"A todo tren"
LUIS GRENE
Los porteños hicieron la vista gorda y nuestros muchachos cazaron el avión. Se rajaron para la tierra de los canguros. Las valijas llenas de ilusiones. Es que no quieren perder el «tren bala» que llevará a unos poquitos elegidos al esplendor de Japón y Corea. Mientras, en el paisito todos tenemos flor de jabón de quedarnos en la vía y no por culpa del fútbol. Ya que andamos a toda máquina con las imágenes de locomotoras, vamos a recordarlas cuando formaban parte de la cotidiana vida. Una vieja Montevideo con la Estación Central siempre llena de gente. Muchos, pasajeros de «tiro corto». Laburaban por el Centro y el ferrocarril era rápido y barato si vivían un poco lejos. Estaba cantado que sacaban abonos y, más aún, se abarataban los costos. De lunes a sábados, todos se conocían. En la popular «segunda», todo era fraterno entre hombres que viajaban para ganarse el mango. Bajaban una tablita que habían entre los asientos y le daban a las cartas o el dominó. Termo y mate, sentimientos solidarios en el trajinar de los rieles y el vaivén de los vagones. Algún guitarrero subía y pasaba el gorro. Con temas del «morocho del abasto». Voces potentes que se imponían a las charlas, el ruido de las puertas y los pitazos de la máquina a vapor. Los ferrocarriles y sus pasajeros de recorridos cortos tampoco aflojaban los domingos. Ese día la cosa pintaba linda con excursiones a sitios como las orillas del Santa Lucía. Salían temprano. A las siete, todos los bullangueros estaban viajando. Luego de un día agitado, con acordeones, bailes y asados, el tren los traían cansados pero felices. Programas de la vieja radiotelefonía organizaban excursiones en tren junto a sus «escuchas». Como los muy tangueros dirigidos por Agustín Pucciano o la exquisita Lilián. Cantores aficionados y familias de oyentes a lado de esos queridos conductores de nuestros dorados días de radio. A encontrarse en la Estación Central. Un «toquecito» con el clarete o la caña con pitanga en el mostrador que nunca cerraba. Y ya sea excursionistas o laburantes, ¡a treparse al vagón! Y antes de subir al andén, el viejo escribidor agradece a los vecinos de la Unión. Que el pasado domingo, festejando los 150 añitos de la Villa, lo invitaron para escuchar sus recuerdos. La emoción caló hondo por la Iglesia de San Agustín. Los esperamos, los sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
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