EL PUEBLO CELEBRA 110 AÑOS DE VIDA EN MEDIO DE UNA CRISIS

Montes intenta resistir

De acuerdo con los datos publicados en un informe sobre la «situación socio-económica de Montes» que elaboró un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura –Nancy Botta, Mercedes Dalto, Lorena Rocha y Martín Barindelli–, el origen de este pueblo «data de fines del siglo XIX, cuando irrumpe en estas inmediaciones el tendido de la vía férrea a través de los campos de Blas Montes, propietario de una importante extensión de tierras sobre la margen derecha del arroyo Solís Grande».

Durante sus primeros años de vida, la localidad tuvo un desarrollo alentador, totalmente opuesto a su difícil presente. En 1900 la abundante producción triguera motivó la instalación de un molino a vapor, generador de fuentes de trabajo, así como de ilusiones. «En los primeros años del siglo XX, Montes era la única población en varias leguas a la redonda que contaba con servicios de correo y telégrafo», recuerdan los universitarios.

El primer golpe al corazón del pueblo llegaría en 1938, cuando dejó de funcionar el molino harinero. Entonces, un centenar de personas quedaron sin empleo. «No obstante» –apunta el citado informe– «los agricultores no perdieron su trabajo, puesto que desde años atrás lo venía acopiando don Santiago Regueiro, activo comerciante de la zona, quien embarcaba desde la estación, trenes completos de trigo con destino a la capital».

Un año más tarde, la firma Remolacheras y Azucareras del Uruguay Sociedad Anónima (Rausa) adquirió campos para la instalación del ingenio azucarero número 2. El estudio socioeconómico apunta que «los directores de esta empresa, ingenieros Aznáres y Díaz, encontraron en este lugar el entorno propicio para el despliegue de una industria de esta naturaleza: extensa y fértil tierra para el cultivo de la remolacha azucarera, abundante caudal de agua en el arroyo Solís Grande, estación de ferrocarril para el transporte y un significativo potencial de mano de obra no sólo de Montes, sino también de los pueblos cercanos como Migues, Solís de Mataojo, Tala y Minas (Lavalleja)».

El desarrollo de esa industria marcó el crecimiento del pueblo durante varios decenios, en los que continuaron arribando trabajadores de otras zonas del país. Sin embargo, el endeudamiento contraído por la dirección empresarial a lo largo de los años –llegó a deber el triple del valor de sus activos– determinó que en 1988 se realizara la última zafra de azúcar, derivando las segundas producciones a nombre de empresas colaterales y desarticulando los equipos de personal. Para colmo de males, ese mismo año AFE suspendió las líneas de pasajeros a la localidad.

Celebrando la esperanza

Actualmente Montes tiene alrededor de 2.500 habitantes y, tal como señaló en un diario local el dirigente vecinal Juan Carlos Martínez, «camina lentamente hacia lo que hubiera sido si la industria azucarera no se hubiera instalado allí». Su principal fuente de trabajo es un frigorífico que, al igual que los restantes del país, fue afectado por el brote aftósico surgido este año, y sus propietarios advirtieron que no podrán reanudar las actividades. Ante esa problemática, varias de las personas que allí trabajaban comenzaron a desplazarse hacia la planta industrial de San Jacinto.

Otros síntomas del difícil momento que vive el pueblo son los aproximadamente 30 niños que se encuentran en situación de calle. «Vemos cosas que antes no se veían», manifestó a LA REPUBLICA el profesor de educación física e integrante de la comisión de fomento local, Carlos Hernández, quien destacó que frente a esa crisis social los vecinos han impulsado la creación de una asociación civil que, en coordinación con el Iname, ayudaría a los jóvenes.

En ese marco, Montes celebra en estos días sus 110 años de vida. Para llevar a cabo la conmemoración, varios habitantes conformaron una «comisión del reencuentro», encargada de la organización de distintas actividades que se desarrollarán hasta mañana domingo. Danzas, una misa al aire libre, exposiciones, la elección de «Miss Montes 2001″ y espectáculos de artistas locales conforman el programa de festejos.

Anoche, la Junta Departamental de Canelones realizó una sesión extraordinaria en la parroquia local, donde la comisión de fomento leyó una proclama. «Aquí hay gente de trabajo, mano de obra calificada, y eso es lo que nos diferencia de otros pueblos; aquí no hay caudillos locales ni ediles, pero sí tenemos la infinita fuerza de la unión de la gente, de la solidaridad entre los vecinos», resalta.

En el texto, la organización social exige que se hagan gestiones para la reapertura del frigorífico y subraya el carácter «luchador» y «obrero» de la localidad. Al respecto, identifica como «primer objetivo» de la comisión «defender nuestras fuentes de trabajo», manteniendo las existentes y, al mismo tiempo, buscando «nuevas alternativas».

«Aspiramos también a que seamos considerados como un pueblo independiente, a no depender tan fuertemente de otros pueblos», señalan los vecinos, y destacan que eso implica «defender nuestro liceo, nuestro pago de jubilados, nuestra sucursal de correos, nuestra guardería y nuestra junta local, no dependiente de manera tan dramática de Migues». «Ese es nuestro segundo objetivo básico: defender, con todas nuestras fuerzas, nuestra identidad como pueblo», puntualizan.

Esperando la reconversión

Asimismo, en nombre del Encuentro Progresista   Frente Amplio (EP-FA), el edil Nelson Fontes –nacido en este pueblo– advirtió que Montes «ha sido paciente y luchador, esperando años esa reconversión que le prometieron cuando cerró Rausa y que nunca llegó». El curul también recordó el intento del municipio canario de otorgar Rausa al Ejército Nacional para la instalación de un cuartel, lo cual fue categóricamente rechazado por la ciudadanía. «Esa no era la reconversión que esperaban», apuntó, mientras las decenas de vecinos que juntaron firmas para impedir la llegada de los militares asentían con el rostro. *

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