Del terrorismo oral
POR HORACIO BUSCAGLIA
Desde hace un tiempo a esta parte notamos ciertas actitudes extremistas, vía oral, de los partidos tradicionales, particularmente dentro del Foro que fue el que exacerbó el lenguaje después de una reunión con Julio María, posterior al conocimiento del tenebroso 49% de apoyo al Frente Amplio.
Y así aparecieron las mil y una «evidencias» de la simpatía del EP-FA con el terrorismo intergaláctico.
Donde se llegó a analizar hasta la manera de tragar saliva de Tabaré cuando nombraba a las Torres de Nueva York. Y allí salió Abdala para demostrar que ellos «no tenían nada de que arrepentirse», mientras que a los frentistas el arrepentimiento les producía lunares peludos en la espalda y les hacía cortar la leche de los niños con sólo mirarla.
Y quien dice terrorista, enseguida llega a decir fascista. «Total, ya que estamos diciendo… digamos», dijeron. Porque de eso acusaron a los frentistas por denunciar los robos de la Armada, y lo dijo Hackenbruch porque le deschavaban sus abusos y macanas y ahora se lo dicen a Arana, en la Intendencia de Maldonado, por el asunto de las matrículas.
«Fascistas», ¿no te parece mucho, che?, además, esa palabra en boca de algunos suena a redundancia. (No sé si me entendés.)
Y por ahí, como la ciencia ficción tuvo un momento de auge con Stars War y otras películas, reapareció Gonzalo Aguirre para explicar que la salida de la dictadura fue producto de él y otros como él, «ya que el Frente no existía porque sus dirigentes estaban presos o en el exilio» y que el Frente «se trepó (sic)» al estrado del Obelisco cuando vio que no pasaba nada.
En una especie de juego absurdo, van cambiando el sentido de las palabras. De la historia.
Pero no es ningún juego, si los dejamos confundir la memoria es peor que promover el olvido.
Todavía faltan años para las elecciones. *
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