ARQUITECTOS URUGUAYOS PRESENTARON UN PROYECTO PARA CONSTRUIR LAS NUEVAS GEMELAS DE NUEVA YORK

Torres antiterroristas

Desde siempre los hechos catastróficos a lo largo de la historia abrieron nuevos caminos estimulando el ingenio en todas las épocas. Desde que Nerón quemó Roma en adelante, hasta los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York se constituyeron episodios generadores de nuevas miradas ante el desastre.

«Desde Uruguay se intenta liderar el proceso de salida del terror y aportar a la tragedia una visión nueva sustentada en la creatividad, inteligencia y técnica arquitectónica rigurosa».

Este es el concepto en que se gestó la idea «Torre Segura» presentada por cuatro arquitectos uruguayos: Luis García Pardo, Baltasar Brum, Diego Pérez Gomar y Rafael Vilarrubí.

Ellos y un grupo multidisciplinario crearon el único proyecto en el mundo diseñando como una nueva tipología, de torres antiterroristas que acaba de ser entregado en la Central del complejo World Trade Center para la reconstrucción edilicia Nueva York 2007″.

En plena época de cuestionamientos y debate de las desventajas de la construcción de edificios en altura estos uruguayos trabajan en el análisis arquitectónico en cuanto a los niveles de seguridad, riesgos, accidentes y lineamientos de construcción.

«Nosotros nos dimos cuenta que el problema de las torres anteriores era la forma.

Lo interesante de nuestra propuesta es que plantea una nueva formalidad manteniendo altos niveles sin demasiado gasto.

Nosotros sentimos a partir de los ataques el mundo caía en un alud de desesperanza y terror sin escape. Por eso nos pareció importante generar un proceso de liderazgo dentro del aporte que puede hacer Uruguay.

Para este grupo de arquitectos significa un desafío muy importante que el material sea evaluado y también una satisfacción el hecho de que este trabajo en Estados Unidos sea visto con optimismo y esperanza», remarca el arquitecto Brum.

Una encuesta señala que un 70% de los neoyorkinos prefieren que se construyan nuevas torres en el mismo predio de las del arquitecto Yanasaki.

El proyecto de los profesionales uruguayos se plasma en un predio de 120.500 m2 y planifica dos torres gemelas con forma de «paraboloides hiperbólicos», y una tercera torre de menor altura destinada a un gran museo de lo que fue la historia de las torres pasadas y el atentado del 11 de setiembre de 2001. También se prevé un espacio para una escultura memorial por las víctimas del atentado enmarcado en un estanque artificial.

Arquitectónicamente se utilizan conceptos innovadores construidos en formas que funcionalmente se desarrollan distintas con un presupuesto comparativamente más barato que las anteriores gemelas y que se estima en algo más de U$S 2.000 millones en un emprendimiento en el que serían necesarios materiales de construcción como para levantar 7.500 casas de cualquier ciudad del mundo.

La obra en sí

«Belleza y Simplicidad» son parte de las características en dos estructuras semiplateadas de hierro que emergen de las cenizas como dos brazos conteniendo el concepto de que «pese a todo se vuelve a empezar» en dos siluetas esbeltas de máxima altura con la menor área edificada posible acorde con la fisonomía de Nueva York.

Los beneficios constructivos se basan en la reducción a la mitad de las anteriores torres en cuanto a: costo estructural, peso, presión del viento y probabilidad de impacto en un posible ataque similar. La base que da forma al volumen se define como un polígono regular determinado por un triángulo equilátero en cada una, de 100 metros de lado que se desfasa por cada nivel de oficinas en la altura general de 500 mts en 5.000 m2 de cada base en 150 pisos y 8 subsuelos.

Los extremos como triángulos se acomodan en el espacio como girando piso por piso en proporción. El punto innovador está en la forma edilicia que se construye de tal manera que un posible ataque similar al anterior, actúe como en una superficie esférica y el golpe se dispare al vacío generando la menor destrucción posible como quién intenta arrojar un objeto hacia algún lado de una pelota.

En los vértices de cada triángulo nacen las aproximadamente 20 escaleras de emergencia dobles de 2.777 escalones cada una, exclusivamente para el ascenso de bomberos y personal de rescate anexas a uno de los 45 ascensores que llegarán, parte hasta la mitad de la torre, y el resto desde ahí hasta el último piso, planificados con motor propio para uso también en casos extremos.

Las escaleras proyectadas tienen descansos desfasados en los que no se ingresa perpendicularmente sino en accesos previos y divergentes a los de subida con los de bajada en la base de concepto de «autopista» donde ambas se entrecruzan para facilitar un posible escape en caso de accidente.

Se proyectan 16.000 ventanas de 2 metros por 3 metros por torre con «vidrios pirolíticos» capaces de resistir 2.000 grados de temperatura sin estallar. Se prevén también zonas verdes, ocho niveles subterráneos y la instalación en la terraza a más de 500 m de altura de un sistema capaz de detectar a distancia un posible ataque o accidente. En la base de las torres y el edificio del Museo anexo, se plasma un profundo estanque artificial que oficiaría como reservorio gigante de agua y que mediante la instalación de motores y cañerías proporcionarían ayuda a bomberos en un posible incendio. *

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