Tiene la palabra

El cheque perdido y encontrado

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El día 19 de octubre del corriente, cuando concurro a las dependencias del Banco República, sito en la calle Cerrito esquina Misiones, me encuentro con la sorpresa de haber extraviado un cheque.

Concurro a la Seccional 1ª de Policía, a efectos de asentar la denuncia correspondiente –debiendo manifestar el excelente trato recibido por el personal policial de dicha repartición– cuando recibo un llamado telefónico, informándoseme que una persona había encontrado el mismo y rápidamente dirigió sus pasos hacia la Junta Departamental de Montevideo, haciendo entrega del mismo.

Mucho costó poder obtener el nombre de la persona, dado que deseaba mantenerse en el anonimato.

Por eso le solicitamos la publicación de nuestro más profundo agradecimiento al joven Alvaro Poncet, oriundo de la Heroica Paysandú.

A Alvaro, muchísimas gracias por el gesto, por su honestidad, ejemplo para nuestra juventud, y felicitaciones a sus padres por el hijo entregado a la Patria.

Agradeciendo la publicación de la presente, nos es grato saludar a usted muy atentamente:

RICARDO SPERA – EDIL

DUILIO ZUPPARDI – EDIL

JORGE MACERA – SECRETARIO

 

Lucho Avilés, no lo entiendo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En LA REPUBLICA del 8/11/2001, la confusión se apoderó de mí y no puedo encontrar respuesta a algunas interrogantes que me he formulado.

En primer lugar destaco la preocupación e interés del señor Lucho Avilés por la economía turística de mi país.

Pero luego me surgen algunas preguntas que no me dejan en claro su real interés.

Por ejemplo: ¿en su país los reglamentos de tránsito no son respetados?

No sé si sabía usted que en mi país muere mucha gente en accidentes de tránsito por causa de conductores imprudentes.

¿En su país los infractores no son penados o no pagan las multas como en todos lados?

Por ejemplo: en Uruguay, Argentina o en el mismísimo Pirarajá.

Creo que deberíamos recomendar al intendente de Montevideo mantener una oficina abierta las 24 horas para los «Avileses» que cometen infracciones durante la noche y deben permanecer en nuestro territorio alguna horas más, impidiéndoles partir raudos a sus lugares de origen.

Usted nos dice que no vamos a contar con su presencia este verano y no sabe cómo me he puesto de triste, estoy al borde de un colapso, es más, me atrevo a decir que sin usted en Punta del Este esta temporada el verano no será verano.

Por último, sabrá usted mi querido amigo que nacer en un territorio o permanecer en él, no son los únicos requisitos válidos para proclamarse ciudadano de dicho territorio, y he ahí mi pregunta: ¿de dónde es usted? O mejor, ¿quién es usted?

Sin más, me despido de usted, mi querido amigo, deseándole la mayor de las suertes y esperando que revea su decisión de no veranear en mi querido país

MARCELA CASTIGLIONI

 

«Injusticia» en el BROU

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Soy funcionario del Banco de la República Oriental del Uruguay, Sucursal Alto-Ayuí desde el mes de junio de 1985, cuando esta institución absorbió a los ex funcionarios del Banco del Plata. Durante el desempeño de mis funciones mi comportamiento ha sido óptimo, quedando demostrado ello con las calificaciones obtenidas hasta el momento, las cuales son de MB 9 (puntaje máximo).

Paralelamente con mis funciones en el BROU, y con anterioridad a mi ingreso en el mismo, me desempeñaba como tenedor de libros en la empresa Previsión Salto SRL de la ciudad de Salto.

En determinado momento, y como consecuencia de diferencias económicas entre los socios de esta empresa, se da inicio a un proceso penal en el cual en principio soy citado a declarar y para sorpresa mía posteriormente procesado con prisión. Mi procesamiento data del 3 de setiembre de 1996 imputándoseme un delito de apropiación indebida.

En forma inmediata el BROU, a través de su oficina de Seguridad Bancaria, da inicio al procedimiento disciplinario de rigor el cual al día de hoy –a más de cinco años de su comienzo– no ha culminado aún.

Mi desconocimiento del proceso penal, puesto que jamás había sido siquiera detenido por una falta de tránsito, unido a la confianza en mi correcto accionar dentro de la empresa, me llevaron a cometer muchos errores en este periplo judicial que no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. Durante el transcurso del mismo me vi obligado a contratar a cuatro abogados, uno de los cuales patrocinaba a uno de los socios de la empresa, imaginándose el lector a cuál de los dos defendió realmente. El resultado de este martirio procesal penal fue mi condena como autor de un delito continuado de estafa (Sentencia Nº 128 del 24 de agosto de 1999, Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal y de Menores de Cuarto Turno de Salto) y mi total ruina personal, social y económica (en cinco años perdí la casa que estaba adquiriendo a través del Banco Hipotecario y mi único automóvil, viviendo actualmente de la ayuda solidaria de los pocos amigos que me quedan).

En forma coadyuvante el sumario administrativo continuaba a un ritmo lento, burocrático y despiadado. La Oficina de Seguridad Bancaria el día 25 de octubre de 1999, habiéndose ya dictado la sentencia penal condenatoria, concluye que es objetable mi desempeño de tareas remuneradas fuera del Banco, no agregando nada más, y el Consejo de Disciplina (órgano encargado de aconsejar al Directorio del BROU la sanción a imponer) no califica mi culpa y sugiere se me llame la atención.

Pero cuando creía que todo había finalizado, en octubre de 2000, soy llamado otra vez a declarar ante la Oficina de Seguridad Bancaria porque el caso comenzaba nuevamente desde cero, después de cuatro largos años todo estaba como si nada hubiera pasado, después de dos años de suspensión sin goce de sueldo todo se reiniciaba sin existir un fundamento real para ello. En esta segunda oportunidad la Oficina de Seguridad Bancaria además del cargo anterior agrega que me es objetable la comisión de un delito continuado de estafa, lo cual afecta el buen nombre o prestigio de la Institución o del cargo desempeñado. Luego el Consejo de Disciplina aconseja se me suspenda por ciento ochenta días. Pero para sorpresa de todos quienes se ocuparon del caso en el BROU al día de hoy mi expediente se encuentra en la Oficina Nacional de Servicio Civil porque en el camino desde el Consejo de Disciplina hasta el Directorio a alguien se le ocurrió que debo ser destituido. Es decir, que desoyendo al Consejo, órgano idóneo para determinar la gravedad de la falta cometida y la sanción a imponer y único que posee un representante de los trabajadores entre sus integrantes, alguien hace que al día de hoy me encuentre esperando una resolución que me dejará sin empleo. Cabe destacar que el actual conocimiento de mi espantoso futuro se debe a la insistencia de mi abogado defensor ante el BROU, puesto que la Institución guarda un hermetismo total sobre el caso violando flagrantemente el principio de publicidad que debe regir este tipo de procedimientos.

Quizás parezca justo que por la comisión del mentado delito sea condenado a quedar fuera de los cuadros funcionales del BROU. Pero debo destacar que al momento del dictado de la sentencia penal se me otorgó el beneficio de la Suspensión Con
dicional de la Pena. Este instituto penal supone una forma de extinción del delito siendo potestad del juez su otorgamiento, para lo cual valorará que la pena a recaer sea de prisión o multa, que el sentenciado no posea antecedentes penales y que se prevea que no volverá a delinquir (art. 126 del Código Penal y art. 332 Código del Proceso Penal). Es así que con fecha 12 de noviembre de 1999 el Juez Letrado de Primera Instancia en lo Penal y Menores de 4º Turno de la ciudad de Salto dictó la resolución 3622 disponiendo «tener por no pronunciada la referida sentencia y por extinguido el delito…», oficiando a la Jefatura de Policía de Salto y al Instituto Técnico Forense a efectos de la cancelación de la inscripción en el Registro de Antecedentes.

Por lo tanto, mal puede al día de hoy afectar la imagen del BROU un delito que, amén de no haber cometido, ya no existe y hace prácticamente dos años desapareció del mundo jurídico. En la actualidad para la Justicia, para la Policía y para el Instituto Técnico Forense soy un individuo que jamás cometió un ilícito penal en su vida. Cuando el Consejo de Disciplina aconseja que una suspensión de 180 días sería la sanción idónea para mi falta, a alguien dentro de la institución, que no se ha dado a conocer, se le ocurre que un funcionario al cual la Justicia le dio una segunda oportunidad debe quedar sin trabajo a la edad de 48 años, con tres hijos que alimentar, uno de los cuales peligra la continuación de sus estudios universitarios en Montevideo como consecuencia de la futura destitución de su padre. Cabe agregar que la empresa en la cual trabajaba como tenedor de libros jamás fue cliente del BROU, por lo cual estos lamentables hechos sucedieron con total independencia de mi desempeño como funcionario de la Institución.

Como reflexión final y para no abusar de la posibilidad que me otorga su publicación de hacer públicos estos hechos, sólo me caben realizar algunas preguntas que dudo si algún día encontraré sus respuestas: ¿de qué sirve haberme comportado excelentemente como funcionario del BROU si ello no será valorado al momento de juzgarme?, ¿de qué me sirve que el delito se haya extinguido hace dos años si al día de hoy el BROU me juzga por algo que ya no existe?, ¿de qué sirve la oportunidad que me condene el juez penal, considerando mis antecedentes y ponderando que no cometeré otros delitos, si el BROU me priva del único sustento económico mío y de mi familia? ¿De qué sirve la existencia de un Consejo de Disciplina, órgano idóneo para determinar la falta y su sanción, y único órgano con representación de los funcionarios en el procedimiento disciplinario, si sus conclusiones van a ser desoídas en forma sistemática?

Agradeciendo la publicación de esta misiva se despide muy atentamente,

JUAN FRANCISCO FALCO CEQUEIRA – CI: 3 343 311-9

 

Una odisea de mi abuela

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Deseo informarle la odisea que viene soportando mi abuela, de 92 años, jubilada de Salud Pública, para que la atiendan por un grave problema en la vista: glaucoma y cataratas, lo que amenaza su visión.

Como jubilada de Salud Pública, ella tiene carné de asistencia integral, un derecho por haber trabajado durante 35 años en el MSP. El 1º de noviembre fui a sacar número en Oftalmología del Hospital Pasteur y me dijeron que hasta diciembre no había números.

Con mucha paciencia traté de ver al oculista doctor Morales, quien me atendió recordando el caso de mi abuela. Le dije que como no había número hasta diciembre necesitaba que le repitieran los medicamentos, ya que son imprescindibles para bajar la presión a la vista.

Muy comprensivo, me extendió las recetas. Cuando fui a la farmacia del Pasteur, me dijeron que por «asistencia integral» tenía que retirarlos en Reumatología, la lado del Clínicas. Eran como las 11.30 y viajé hasta Reumatología.

Cuando llegué, la empleada de la farmacia me dijo que las recetas tenían que estar autorizadas por el director, doctor Ricarde, quien llegaba a las 13.30.

Salí a pasear por el parque para hacer tiempo y regresé como a las 14 horas. El director no había llegado. Le dije a las empleadas que las recetas fueron selladas como «urgente» por el oculista, pero ellas no podían hacer nada.

Cuando vino el director, me firmó las recetas a las 15 horas.

Había salido a las 9 de casa, pero esas horas perdidas no me importaban porque llevaba las gotitas para mi abuela. Solamente pensaba que ella, a los 92 años, no hubiera soportado ese trámite de seis horas por dos frasquitos de gotas para los ojos, cada uno más chico que un dedal.

Le relato lo que ocurrió porque tal vez el señor ministro de Salud Pública pueda mejorar el servicio de «Asistencia Integral» para quienes dieron muchos años de trabajo por la Salud Pública y hoy merecen nuestro apoyo.

Pero también quiero ser justa y extiendo un agradecimiento para el oftalmólogo doctor Gustavo Morales. Gracias.

ROXANA R. – CI: 1 720 297-2

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