LA COLUMNA AMARILLA

Maldito día

POR HORACIO BUSCAGLIA

 

Hoy es martes 13, te lo digo por si no te diste cuenta.

No es que crea en eso de la yeta.

No soy un supersticioso, pero no paso por debajo de una escalera que está en la vereda aunque tenga que bajar a la calle.

El horóscopo me parece una ridiculez, pero si se me cae sal, arrojo tres veces un puñadito por encima del hombro.

Y, en la mesa, nunca entrego el salero en el aire. Lo apoyo sobre la mesa y de allí hago que lo tome el que la pidió.

Eso sí, a mí que no me vengan con esa pavada de que un espejo roto te produce siete años de mala suerte. Porque, además, cualquiera sabe que si juntás los pedazos y los arrojás al mar, sin mirarte en ellos, en una noche de luna llena, se elimina el maleficio. Y eso de tocar «madera sin patas» es una exigencia al cuete, ya que tocándote la cabeza es casi lo mismo.

No sé, capaz que eso de no abrir el paraguas adentro de la casa tiene una razón lógica, como lo de no dejar un sombrero sobre la cama y, particularmente, no poner el pan al revés en la mesa, o la de agarrarte los testículos (los senos las mujeres) cuando nombran a algún mufa. (Una de esas personas que atraen la mala onda y la yeta. Que los hay los hay.)

Esas cosas sí, porque están relacionadas con hechos físicos: el paraguas te puede sacar un ojo, el sombrero puede dejar caspa sobre la almohada, el pan pierde estabilidad y los mufas te cascan los cocos además de escupirte cuando te hablan, de pisarte sin querer, de darte la mano sudada y hacerte salir mal todo lo que ibas a hacer ese día.

Porque uno, que todavía le queda bastante de materialista y de dialéctico, no va estar creyendo en esos argumentos irracionales pero, ¿qué querés que te diga?, uno se ha llevado tantas sorpresas materialistas y dialécticas que –por si acaso–hoy no salgo de mi casa. *

 

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