SEMINARIO ANALIZO LAS AMENAZAS QUE ENFRENTAN LOS MAS PEQUEÑOS

Los niños uruguayos crecen hoy en una sociedad violenta y materialista

La psiquiatra de niños y adolescentes Natalia Trenchi, del Centro Pediátrico, señaló en cuanto a la realidad económica de los pequeños, que en Uruguay el 15,4% de las familias vive debajo de la línea de pobreza, casi la mitad de los niños pertenecen a estas familias, y la tendencia es que cada vez aumente más el número de niños.

Los niños, de todas las clases sociales, se desarrollan hoy en una sociedad crecientemente violenta: una de las violencias más comunes es la violencia intrafamiliar, relacionada con el estilo de puesta de límites (en nuestro país, es culturalmente aceptado el estilo violento de disciplina).

Crecen en una sociedad crecientemente consumista y materialista. Culturalmente, se confunde el tener con el ser, y muchas veces si no se tienen determinadas cosas, se siente que no merece ni la pena vivir.

Crecen en una sociedad crecientemente pesimista, desesperanzada y desencantada. Existe mucha preocupación y se cree que las cosas no van a mejorar.

En ese clima, los niños crecen y muchas veces buscan salidas muy poco saludables y nefastas.

Es una sociedad crecientemente exigente en contenidos curriculares: hoy los niños tienen que saber muchas cosas desde muy pequeños y están muy exigidos desde el punto de vista del rendimiento.

Desde que van al preescolar tienen varias materias y diferentes profesores, deben estar a determinado nivel, cumplir en deportes, tener buenos resultados en más de un idioma, y funcionar bien socialmente.

También es una sociedad crecientemente competitiva. Los adultos compiten entre ellos y eso se transmite a la integración de los niños que, lejos de tratar de superarse a sí mismos a través del esfuerzo y del deseo de superación, muchas veces lo que hacen es competir en una cultura que valora el éxito por el éxito mismo.

Sin embargo, la psiquiatra informó que los niños han ganado cosas positivas: se vive en una sociedad más confortable, mucho más informada, más atenta a los derechos de los niños y a sus necesidades.

La familia uruguaya ha sufrido muchos cambios en los últimos años, y hoy es mucho menos estable. En 1989 había un 27% de divorcios, y en 1991 aumentó al 48%. Además, las familias tienen un estrés creciente y cada vez menos tiempo compartido.

Trenchi también se refirió a fortaleza emocional.

«Durante muchos años, la orientación en salud mental y en medicina general fue observar, frente a una enfermedad, quiénes se contaminaban más de esa enfermedad, es decir, cuáles eran los grupos de riesgo, qué cosas del entorno hacían que determinada persona fuera más débil, más vulnerable y tuviera mayor riesgo para tener determinada cosa.

Pero en determinado momento empezaron a interesar más las personas que, expuestas al riesgo, no se enfermaban: esas son las personas fuertes emocionalmente», dijo Trenchi en el seminario realizado en el Hotel Sheraton.

En este sentido, la psicóloga definió la fortaleza emocional como la resistencia o capacidad de enfrentar los riesgos para poder crecer y desarrollarse saludablemente.

Asimismo, Trenchi sostuvo que los niños emocionalmente fuertes se sienten especiales y apreciados por la gente que los quiere. Han aprendido a ponerse metas altas y realistas, y además trabajan para alcanzarlas.

Desarrollan la capacidad de resolver problemas (saben reconocerlos y pensar en soluciones alternativas para resolverlos). Logran interpretar los obstáculos como desafíos, como algo para enfrentar y superar.

Pueden transformar lo que piensan en acción: no sólo piensan bien, sino que son capaces de llevarlas a la práctica. Son capaces de pedir ayuda y de confiar en los demás.

Tienen habilidades sociales, fundamentales para ser seres sociales, poder comunicarse entre ellos, tener relaciones significativas, y crecer desde todo punto de vista.

Conocen sus derechos y los de los demás, y saben defenderse sin violencia. Tienen esperanzas y son inteligentemente optimistas: confían en las fuerzas de cada uno. Conocen sus debilidades y sus fortalezas, y confían en los recursos que han incorporado. Se reconocen como seres autónomos que tienden a la independencia: se aprovechan de las cosas positivas de los demás, confían en los demás, y se dejan ayudar. Perciben el control interno: aprenden que de ellos depende que las cosas puedan ser de una manera u otra. Tienen un sistema de creencias que les permite darle sentido a la vida: no sólo la religión puede cumplir esta función, sino que puede ser una ideología, una filosofía, o un estilo de vida.

La fortaleza emocional se adquiere, se va aprendiendo desde etapas muy precoces, y de lo que los niños reciben de todas las personas significativas que tienen alrededor (padres, resto de la familia, maestros, pares).

Apegos

Por su parte, el psiquiatra brasileño Salvador Celia, afirmó que en Brasil, la principal causa de muerte de los adolescentes son los homicidios, seguida de los accidentes de tránsito y de los suicidios.

Existen varias teorías que han estudiado el origen de la agresividad y la violencia.

Sigmund Freud conectaba la agresividad y la violencia con su teoría de los instintos de vida y de muerte, este último ligado a la fuerza de las pulsiones y a la agresividad.

Otra teoría es la del «attachment» o apego, según la cual, la violencia trae problemas de ansiedad, desespero, rabia, separación y pérdida de una figura de apego (madre, padre, o cuidador).

Estudios realizados en la provincia de Quebec (Canadá), muestran que en las familias más pobres existe más violencia que en las más ricas.

«No se puede decir que la pobreza engendra violencia, pero entre los pobres la situación es mucho más grave», dijo Salvador Celia.

Algunos de los factores que determinan esta situación es la prematurez, malnutrición, deserción escolar, malos maestros, embarazo adolescente, drogas, transmitiéndose de padres a hijos.

Celia informó además que hay momentos críticos en la vida, principalmente después del parto, entre la madre y el hijo, y destacó la importancia de la presencia del padre en el parto.

Los tres primeros años de vida de un niño marcan las mentalizaciones internas, vinculadas al apego. Según el doctor Celia, existen cuatro tipos de apego:

El apego seguro, que tiene que ver con la resistencia, cuando por ejemplo, un bebé criado por su madre tiene internalizado mentalmente que cuando la necesita, ella viene, pero aun cuando ella no está, el bebé sabe que su madre vuelve.

Otro tipo de apego es el inseguro, que es cuando la madre, por alguna razón, sufre de depresión materna que la lleva muchas veces a no tocar a sus bebés, y son criados por cuidadores.

También está el apego evitante: cuando la madre está depresiva, para salvar a ese bebé, busca un narcisismo. Aquí el bebé sólo tiene una salida: volver para adentro.

Por último, está el apego desestructurante: cuando tienen la mala suerte de tener un padre alcohólico, o una madre muy deprimida, los niños pueden ser psicóticos y violentos en el futuro.

A su vez, Celia afirmó que la resistencia necesita un apego seguro, y para ello deben existir ciertas condiciones.

Por un lado, el psiquiatra informó que en Brasil existe un 28% de adolescentes embarazadas que muchas veces provoca una mala sexualidad.

En cuanto al parto, las parturientas deben recibir el apoyo de su marido.

«El nacimiento debe ser una fiesta». En Brasil, el 75% de las mujeres tiene a sus hijos por cesárea.

«Emocionalmente, si una mujer pasa todos los momentos de un parto natural, va a estar más conectada con su hijo», aseguró el psiquiatra.

En relación a la dep
resión materna, estudios médicos demuestran que los bebés con madres deprimidas, también pueden ser deprimidos, hipercinéticos (no prestar atención en la escuela), o ser drogadictos.

Salvador Celia es fundador del proyecto social «Vida» de Porto Alegre que brinda asistencia a bebés, niños, adolescentes y familias.

Es autor de libros y artículos de revistas científicas internacionales de psiquiatría infantil y de la adolescencia. *

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