HOY ES UN POPULOSO BARRIO QUE SE AFERRA A SU IDENTIDAD DESAFIANDO AL TIEMPO

Hace un siglo y medio nació del vientre de la historia Villa La Unión

Sus orígenes se remontan al llamado caserío de El Cardal y figura en los viejos planos de las afueras de la ciudad, en los primeros repartos de tierras, que se convirtieron primero en chacras y luego se confundieron con casonas habitadas por pobladores de prestigio. Los vecinos de La Unión siempre fueron orgullosos de su historia, de sus orígenes y lo continúan siendo de esta realidad de hoy, con sus calles modestas, en ocasiones grises, de apretados apartamentos, de casas con viejos zaguanes, en otras con jardines donde no falta la opulenta hortensia, el modesto malvón y el rosal o el jazmín, haciendo que todas tengan un aire olorosamente familiar.

 

El caserío del Cardal

La impronta de este entrañable barrio son sus ferias francas, la variedad de sus comercios en –la arteria principal– 8 de Octubre. También sus despensas y almacenes de atención personalizada, en las calles laterales, que se empeñan en desafiar la prepotencia de los supermercados.

Según el historiador Dr. Luis Bonavita, vecino del lugar, y que con mucho acierto reflejara los acontecimientos de la zona desde la época de la colonia, nos ubica como antecedente histórico el llamado Caserío del Cardal.

Este era un paraje de la ciudad, más allá del núcleo poblacional del Cordón y de Las Tres Cruces, enclavada en la llamada «Quebrada de Montevideo Chico», donde se encontraba trazado el Camino Real, vía principal de comunicación con la zona del este y Maldonado.

Cuando, él ejército del General Manuel Oribe inicia, el 16 de febrero de 1843, el llamado Sitio de Montevideo el Caserío del Cardal era una zona de chacras, cuyos vecinos y propietarios eran todos de procedencia española.

Otro historiador, Eugenio T. Cavia ubica la perspectiva general que ofrecía la zona en 1840. Sostiene que en la esquina de la actual de 8 de Octubre y bulevar Batlle y Ordóñez, estuvo establecida la pulpería de Francisco Pacheco y Medina y a los costados se encontraba una quinta de árboles frutales que llegaba a la llamada «zanja reyuna», que para resguardarse de los avances de los orientales en armas habían construido los portugueses en 1817.

Haciendo cruz con la pulpería, estaban la casa de Francisco Lapuente, el antiguo saladero de Martínez, construido en épocas de la colonia, calle por medio la población de Vicente Cedrés, la casa de Mauricia Batalla, la capilla, oficiada durante seis años por el padre Domingo Ereño y el cementerio, ubicado en la manzana que es actualmente Asilo, entre Francisco Solano López y Pernas.

Más al Este, la casa de Juan Pijuán, los hornos y las casas de Tomás Basáñez, de Andrés Baraldo, las pulperías de Valentín Soca, de Manuel González, de Francisco Espino, la fonda de Duglio, la chacra de Andrés Pernas, la de José Peixoto y la de varios vecinos más, que terminaban en ranchos diseminados a la altura del camino de los Corrales.

 

La Villa de la Restauración

Con el Sitio de Montevideo, el Caserío del Cardal, se convirtió en una importante posición estratégica dentro de las fuerzas sitiadoras.

El camino Real a Maldonado, el antiguo camino que conducía a la Chacarita de los Padres, permitían el dominio de la entrada a las zonas de Minas, San Carlos, Rocha y Maldonado.

Mientras, por el norte, siguiendo el llamado Camino del Campamento se llegaba hasta el Cuartel General del Cerrito, hacia el sur por el llamado Camino del Comercio se arribaba hasta el puerto del Buceo, después de cruzar la zona de La Aldea.

Este proceso expansivo propició un aumento de su población, desarrolló un comercio importante, las tropas de Oribe se proveen de ropa y alimentos en sus varias pulperías, allí nace una tradición comercial que ha caracterizando a la zona hasta nuestros días.

El 24 de mayo de 1849, desde el Cuartel General del Cerrito se decreta: «Atendiendo al crecido número de edificios y habitantes reunidos en el punto llamado del Cardal, en este departamento, el gobierno ha acordado y decreta.

Artículo 1º -Queda erigida en pueblo con el nombre de la «Restauración». La nueva población formada en el Cardal.

Artículo 2º -La calle que ha tenido hasta aquí el nombre de calle de la Restauración se denominará en los sucesivo, Calle del General Artigas.

Artículo 3º -Los nombres de las demás calles y plazas de dicha población se designarán por decreto separado.

Artículo 4º -Comuníquese y publíquese. ORIBE Bernardo P. Berro».

El coronel de Ingenieros José María Reyes fue designado para establecer el nuevo diagramado de plazas y calles del flamante pueblo sobre el núcleo preexistente del Cardal, hecho que culminó en 1850.

 

La Villa de la Unión

Firmada la paz el 8 de octubre de 1851, otro decreto, con fecha 11 de noviembre de 1851, le habría de cambiar el nombre.

«Con el interés de perpetuar en la memoria de los pueblos el recuerdo de la feliz terminación de la época calamitosa que la República acaba de atravesar y de borrar hasta donde sean posible los vestigios de la dominación extranjera, que tanto ha pesado sobre el bienestar y la riqueza del país, el gobierno acuerda y decreta:

Artículo 1º -El pueblo existente en el partido del Cardal, conocido con el nombre de La restauración, se denominará en adelante ‘Villa de La Unión’.

Artículo 2º -Dicha Villa tendrá la administración local que le corresponda con arreglo a su población y la extensión de la jurisdicción territorial que oportunamente se le designará.

Joaquín Suárez presidente, Manuel Herrera y Obes ministro».

La denominación de la calle General Artigas se cambia unos años después, por la de 8 de Octubre. Las placas con los nombres de sus calles serían pintadas por un joven nacido en la zona, de nombre Juan Manuel Blanes.

Es el comienzo de un desarrollo pujante de la zona. Se abriría una línea de ferrocarril que correría por la actual Avellaneda hasta Pando, se construiría una plaza de toros que funcionó hasta la primera década del siglo XX.

En 1866, se inician las obras de empedrado del camino 8 de Octubre que culminan en julio de 1887 y que será sustituido por el hormigón en 1925.

En 1872, se inaugura el alumbrado a gas que sería reemplazado por el eléctrico en 1897. En 1853, por parte del vecino y comerciante, Norberto Larravide, se une la Villa de La Unión con Montevideo con diligencias, traídas de Inglaterra, en dos frecuencias diarias. Mientras que se erigen varios molinos como el De la Llave y de La Sirena, algunos de cuyos torreones aun pueden verse en la Iglesia de Santa Gema y en el cruce de Pan de Azúcar y Timoteo Aparicio.

En 1889, un grupo de destacados vecinos y aficionados a las carreras de caballos levanta el Hipódromo Montevideo en los alrededores de los caminos Larrañaga y de los Propios al costado izquierdo de la Villa de la Unión y que duró hasta 1896.

Entre sus fronteras delimitadas hoy por las calles Luis Alberto de Herrera, Cádiz, Tomás Claramunt, Corrales, 8 de Octubre, 20 de Febrero, Isla de Gaspar, Minnesota y Avenida Italia nacieron, vivieron y se afincaron, en algún momento de sus vidas, personalidades de la política, el arte y la ciencia, que enriquecieron con su inteligencia la historia de nuestro país.

Los nombres de Clemente Estable, Carlos Sabat Escarty, Juana de Ibarbourou, Luis Bonavita, Juan Manuel Blanes, Francisco Schinca, Francisco Acuña de Figueroa, Joaquín Requena, Eduardo Acevedo Díaz, Pedro Visca se encuentran asociados al Pueblo de la Restauración o a la Villa de la Unión.

 

El barrio de la Unión

Varios técnicos urbanísticos dejaron redactados en un denominado «Borrador
preliminar»: en noviembre de 1987 lo siguiente:

«La Unión constituye un centro de servicio de segundo orden, conjuntamente con Goes y Paso Molino con relación al complejo Centro-Ciudad Vieja», continuando luego con un estudio pormenorizado del actual panorama urbano y social de esta barriada que en 1950 contaba con alrededor de cien mil habitantes y que el último censo arroja setenta mil.

Pero al margen del estudio de estos técnicos. La Unión es un barrio con calles en las que todo sigue siendo un poco o mucho lo que fueron antes, como si se detuviera el tiempo, remolón, en el transcurso de vidas más tranquilas, más reposadas y constantes, que a veces suelen prolongarse en un mostrador o en una partida de naipes en algún viejo boliche.

Con vecinas que hacen las compras del día, rezongando con los precios y con las exigencias de los almuerzos y las cenas incesantes.

Para muchos de sus habitantes, es su lugar de nacimiento, han desarrollado toda su vida en La Unión, recuerdan nombres con nostalgia, conocen sus manzanas y sus innumerables cuadras, este barrio les pertenece, como el sol y el viento que anda por sus calles, cuando lo ven o lo sienten, por el solo hecho de asomarse a la puerta de sus casas.

Hoy, precisamente en el marco de los festejos por los 150 años de la Unión, nuestro compañero de tareas y columnista de LA REPUBLICA, Luis Grene, brindará una charla a las 17 horas, en la Parroquia de la Medalla Milagrosa y San Agustín, sobre el tema «Vivencias de la vieja Villa de la Unión». *

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