"Aquellos Potreros"
Hay que seguir sufriendo. Es el signo de nuestro actual fútbol. Entre dirigentes vivillos, «incentivos» con muchos verdes y jugadores que se hacen los sotas. Mientras los hinchas sufren y bancan, los empresarios se forran los bolsillos.
Con todo este mambo la memoria se calienta. Lleva al viejo escribidor a la época cuando se jugaba por amor a la camiseta. Pasión futbolera que asombró al mundo con su garra ganadora.
Por todos los barrios populares existían terrenos donde un montón de pibes corría detrás de la guinda de cuero.
Tres destartalados palos hacían de arco, entre todos sacaban los yuyos y con un prestado tacho de cal y un viejo pincel marcaban las líneas.
Gambetas y moñitas, juego pícaro y querendón. Un espíritu burlón, con barro en la cara, sinvergüenza y desfachatado pero lleno de taquitos, jopeadas y amagues.
Cada boliche tenía su cuadrito. Como el Café Mozart, por Uruguayana y Sitio Grande. Futboleros y bohemios los del Rama, cerca de Asencio. Los laburantes del ferrocarril se trenzaban en la esquina de la Estación Bella Vista.
De los potreros nació lo más rico de la tradición futbolera. Humildes cuadritos que se hicieron un lugar en la mitología montevideana.
Por la Aduana y su barrio Olímpico, estaban el «Isabelino Gradín» y «La Marina». También «El Hacha» donde se entreveraban los parroquianos del boliche con jugadores de trayectoria como Muniz y Larraura y que nunca perdieron su berretín por el campito.
Por Veracierto y Tabobá, «El Canillitas», chiquilines que se ganaban el mango vendiendo diarios y con sus grandes gorras y rotos zapatones sacaban pechera en la canchita. La Liga Guruyú, con Palermo y el Sur, aguerridos domingos futboleros que retumban en la memoria con la polenta de una «llamada candombera».
Por el Cerrito de la Victoria, había que meter o marchabas. Sus potreros, uno pegadito al otro, por todo Chimborazo. Broncas y fútbol del bueno, con «El Independiente» y «El Lucero». Por esos campitos hacía pata ancha el recordado «Turco» Marino, maestro de jueces.
En la Unión, los terrenos del «Campo Español», romerías y algún gaita que te daba flor de pesto. Por Lomas de Zamora, «El Espartaco», gente linda del Paso de la Arena. En el Cerro, los pibes lucían camisetas con la propaganda de los frigoríficos que los apoyaban.
Fueron tantos botijas y potreros como las alegrías que le dieron a ese país del ayer donde siempre viajamos.
Ahora no queda otra que sufrir.
Pero, vamo’arriba, aguanta la celeste.
Los esperamos, sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
Coordinación: Angel Luis Grene
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