LA MITAD DE LAS PAREJAS LOGRA SUPERAR LA SITUACION

Superar traumas del divorcio insume entre 10 y 15 años

El CIEF es una institución que difunde los valores de la familia y cuenta con un equipo de abogados, orientadoras familiares, y psicólogos que atienden casos relacionados con la problemática de la familia.Algunos datos extraídos de este ciclo de talleres, a cargo de la psicoterapeuta María Sol Doria y la psicóloga Graciela Conde, muestran que entre un total de 20 participantes, seis creen que el tiempo estimado de recuperación luego de un divorcio es entre 6 y 12 meses, otros seis creen que es entre 1 a 2 años, cinco creen que es de 2 a 5 años, y uno cree que lleva más de 10 años.

Asimismo, cuestionados sobre a quién afecta más la separación, ocho creen que afecta más a los hijos, seis creen que afecta por igual tanto a padres como a hijos, y el resto desconoce los efectos.

En relación a la realidad de la separación matrimonial, María Sol Doria dijo a LA REPUBLICA que hace 25 años, la psicóloga estadounidense Judith Wallerstein inició una investigación sobre los efectos del divorcio en los niños. Esta psicóloga empezó su estudio con 131 menores cuyos padres habían iniciado el proceso de divorcio, y extrajo conclusiones sobre los efectos que tiene la separación matrimonial en los hijos.

En décadas anteriores el divorcio era tomado como una crisis puntual de resolución rápida y que, al cabo de un año o dos, permitía a la familia acomodarse y mejorar la vida de cada uno de sus integrantes.

Se decía que lo mejor era separarse, así la pareja estaba mejor y los hijos también. Se suponía así que padre, madre, e hijos lo superarían y continuarían con sus vidas.

Sin embargo, aquellas investigaciones realizadas por Wallerstein señalan hoy que las personas, padres e hijos, siguen dolidas hasta diez o quince años incluso, después de la separación. La mitad de ellas logra superar la crisis, y la otra mitad queda herida, angustiada o conflictuada, viviendo el divorcio como algo reciente.

Una pareja en proceso de separación, se encuentra con niveles intensos de emociones, por lo que muchas veces las discusiones suelen darse con un nivel tal que los lleva siempre a buscar espectadores. Generalmente son los niños los que asisten a esas disputas porque, inconscientemente, los padres buscan que estén presentes para que actúen como freno y detengan la intensidad de esas emociones.

Consecuencias

En cuanto a las repercusiones de la separación matrimonial en la pareja, Doria y Conde explicaron que luego de una separación, los dos integrantes de la pareja sufren diferentes pérdidas, en el sentido de que van a tener que enfrentar una serie de situaciones nuevas, semejantes al proceso de duelo por la muerte de un familiar, con la diferencia de que “se resuelve más rápido un proceso de duelo si no es patológico, que un proceso de separación”.

En este sentido, Doria hizo referencia a la opinión de Paulina Kernberg, profesora de psiquiatría de la Universidad estadounidense de Cornel, quien ubica al divorcio como el segundo trauma más importante en la vida de un ser humano después de la muerte de uno de sus padres.

Al separarse, las personas pueden llegar a perder su identidad, se afectan y desorganizan, se debilita la estructura y función protectora de la familia, se pierde el círculo de amigos, la familia política, los referentes espaciales (provocado por las mudanzas), la estabilidad económica, la coalición parental para enfrentar los problemas de los hijos, además de situaciones típicas que constituyen la cotidianeidad de una familia.

Existen momentos evolutivos críticos más proclives al divorcio que pueden ocurrir en los primeros meses de convivencia de la pareja, con el nacimiento de un hijo, en la adolescencia y adultez de los hijos, o en la etapa de la jubilación.

Asimismo, después de la separación, los padres son más proclives a tener mayor número de adicciones, y tienden a buscar parejas sucesivas para probar si sexualmente sirven ya que “tienen la autoestima muy baja, y una necesidad de reafirmarse tanto como hombre como mujer”, afirmó Doria.

En cuanto a las repercusiones de la separación matrimonial en los hijos, Doria señaló que tienen efectos diferentes según si el hijo es muy pequeño, si está en la etapa escolar, o en la adolescencia.

Los más pequeños se encuentran confundidos, asustados, y muchas veces manifiestan regresiones (orinarse, por ejemplo, como una manera de poner el conflicto en el cuerpo). Cuando el niño es pequeño, es importante que los padres les expliquen la situación mostrándole por ejemplo, a través de juegos o imágenes que hagan referencia a la separación, que no se van a olvidar de él ni lo van a abandonar. Es importante favorecer la comunicación a través de las visitas, el teléfono o el correo.

“Muchos padres cumplen más con sus funciones parentales, es decir, se vuelven más activos con sus hijos, cuando éstos son más grandes y les pueden demostrar a los padres que los quieren. Por eso es necesario que los padres sean pacientes, favorezcan un tipo de comunicación con sus hijos, y que no difieran las visitas en las primeras etapas post divorcio” sostuvo Doria.

En los niños más grandes se observan dificultades escolares, falta de concentración, inestabilidad emocional, quejas de tipo psicosomáticas, enojo e hiperactividad (como una forma de manifestar la depresión).

Una fantasía muy recurrente en el niño es que siente que él separó a sus padres. “El niño tiene una visión muy egocéntrica del mundo y además cree que cuando los padres se pelean es por su culpa”, sostiene la profesional.

Es muy importante que ambos padres le expliquen al niño qué es la separación. En este sentido, los padres deben decirle a sus hijos que el divorcio es el fin legal de un matrimonio que ocurre cuando el padre y la madre ya no se llevan bien juntos, pero que no se divorcian de sus hijos.

A su vez, en los adolescentes se observa que les es difícil afrontar los cambios propios de esta edad y sienten temor de no poder mantener relaciones amorosas duraderas.

Los hijos de padres separados han aprendido que las relaciones pueden romperse, tienen miedo a ser abandonados, y observan que las funciones parentales disminuyeron en intensidad y calidad.

Se ven bajo la división del hogar en dos, y en algunos casos, comienzan a recibir todo por partida doble: dos casas, dos festejos de cumpleaños, “sobredosis” de regalos, sin tener en cuenta que esta situación se vuelve muy psicótica para ellos. Los padres buscan en el corto tiempo que tienen para estar con sus hijos, concentrar el mayor número de actividades posibles, sin respetar espacios para la intimidad.

Por otro lado, en algún momento, cuando padre y madre intentan “curar las heridas”, buscan compañeros afectivos y en muchos casos vuelven a casarse. Generalmente, el segundo matrimonio se vive “peyorativamente”, porque si hubo un primer fracaso, puede haber un segundo. En este sentido, Doria afirmó que, según las estadísticas norteamericanas, las segundas y terceras uniones tienen mayores fracasos.

“Existe la idea de que el primer matrimonio es el que vale porque es el que la Iglesia autoriza y tiene que durar toda la vida”, comentó.

Los hijos, al haber visto a sus padres pelear, tienen miedo de quedar atrapados en el medio de una pelea, y de las posibles fallas en el futuro de sus padres.

Por su parte, Ana María Castillo de Gelsi, miembro fundador del Cief, dijo a LA REPUBLICA que muchas parejas que han ido a la consulta, ya están en situación de segundo y tercer matrimonio, con hijos del primer y segundo matrimonio, o con segundas separaciones en vistas a terceras uniones.

“La mayoría de las parejas no sabe qu
é es un proyecto en común.

Una sociedad que hace propuestas que no son verdaderas, ofrece una ‘felicidad instantánea’ , y cuando esa felicidad se acaba, la gente sufre y se introduce en el dolor, en la enfermedad, en la patología, y luego educan patológicamente a sus hijos”, concluyó Castillo. *

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