Buenos ejemplos
La historia está repleta de ejemplos tan espectaculares que son muy difíciles de seguir. Un buen ejemplo, o un mal ejemplo, así, sencillitos y sin mucha vuelta, cualquier sujeto necesitado de ejemplos a seguir puede seguirlos. Un buen ejemplo a seguir sin gran aspaviento, aunque con algún riesgo, es ayudar a una viejita a cruzar la Rambla sin semáforo ni cebra, siempre, claro está, que la viejita tenga intenciones de cruzar y no se niegue.
Cruzarla por la fuerza mientras la viejita se resiste a carterazos, y pide auxilio a las fuerzas policiales o de tránsito, sería un mal ejemplo, pero se lo puede seguir con bastante facilidad. Hay malos ejemplos terribles, despreciables y censurables, que por su magnitud son muy difíciles de seguir sin cargar luego, de por vida, con un fastidioso remordimiento. Pero, lo que es peor, es que hay buenos ejemplos que son tan buenos que acalambran. Un coso se tira al agua de un arroyo crecido y turbulento para salvar a un perrito que, con una pata quebrada, se está por ahogar, mientras en la orilla cuatro niños, rubios, lloran ante la inminente pérdida de su mascota preferida. El coso rescata al perro y le tienen que hacer respiración boca a boca. Los niños felices saltan junto al tipo con la mascota en los brazos y le sacan fotos.
El salvador se niega a recibir una recompensa y empapado desaparece atrás de unos espinillos. ¡Andá a empardar ese ejemplo de coraje, solidaridad, y desinterés! Se mandó tres en uno. Estoy seguro que puedo pasarme el resto de mi vida concurriendo rápidamente al enterarme de la crecida de cualquier arroyo del territorio nacional, y difícilmente me encuentre con cuatro niños cuya mascota se está ahogando, y menos con una patita quebrada.
Por eso, de un tiempo a esta parte, he resuelto no seguir ningún buen ejemplo sin conocer el caso en sus más mínimos detalles.
Hay que saber controlarse. *
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