Espera desesperante
NELSON DIAZ
l 1º de febrero de 1999 será recordado como el peor día en la vida de Ruben Barrera (43 años) y su mujer Monique Silva (40). Un accidente automovilístico, ocurrido en la localidad de Chapicuy, en Paysandú, cuando viajaban junto a sus dos hijos, cambió radicalmente sus vidas. Desde entonces, y a raíz de las graves lesiones recibidas, el matrimonio debe recurrir a la ayuda de muletas para trasladarse.
Sin embargo, lejos estaban de imaginar que la fatídica jornada sería el disparador de un largo periplo kafkiano por corredores y oficinas del BPS en busca de una jubilación por discapacidad.
«Mi marido fue operado en Salto y luego nos trasladaron a Montevideo», recuerda Silva. «Al día siguiente de llegar, fue intervenido quirúrgicamente por segunda vez y, cuatro días después, me operaron a mí. Pensábamos que, con el correr del tiempo, las fracturas iban a sanar y podríamos seguir trabajando en la mueblería que teníamos».
El 6 de junio del año pasado el matrimonio inició los trámites jubilatorios por discapacidad en las oficinas del Banco de Previsión Social. En mayo de este año, once meses después de iniciados los trámites, la mujer logró que le pagaran el primer mes pero, inexplicablemente, los expedientes de su marido fueron extraviados en cuatro oportunidades. «Cómo puede ser que un matrimonio, con dos hijos a su cargo, que queda discapacitado debido a un accidente tenga que esperar dos años para recibir una jubilación. Toda mi vida hice los aportes correspondientes. Cómo puede ser entonces que mi expediente todavía no haya salido de la Comisión Técnico Médica del BPS», se pregunta Barrera.
La eterna burocracia
Durante ocho meses, el matrimonio intentó llevar adelante el negocio familiar pero fue imposible. «Era difícil armar muebles con muletas», acota el hombre, «pagamos las deudas a los proveedores y cerramos la mueblería».
A partir de ese momento al matrimonio le fue harto difícil enfrentar los gastos médicos ocasionados por las lesiones e incluso para alimentar a sus dos hijos de 5 y 12 años.
«Caímos en un abismo», reconoce Barrera. «De tener sociedad médica para todo el grupo familiar pasamos a ser usuarios de Salud Pública porque no podíamos hacer frente a la cuota mutual. Debimos pagar de nuestro bolsillo los gastos generados por tomografías y análisis. Recién en mayo de este año mi mujer pudo cobrar el primer mes de jubilación», sostuvo.
«Tengo 19 años y 11 meses aportados y mi marido 28 años de aportes.
Durante once meses concurrimos todas las semanas al BPS para averiguar en qué estaban los trámites. Finalmente logramos que en mayo pasado me dieran $ 2.800 mensuales, pero la jubilación de mi marido nunca apareció», señala Silva.
Volver al futuro
Las cartas enviadas al Directorio del BPS dando cuenta de la situación, los informes de traumatología y de medicina ocupacional que expresan que Barrera no está apto para ningún tipo de trabajo al parecer no son suficientes.
Sistemáticamente, cada vez que el matrimonio pregunta por la jubilación del hombre reciben, irremediablemente, la misma respuesta: el legajo se extravió.
«Esto es insólito», resume Barrera, «me extraviaron la documentación cuatro veces. Me perdieron la tomografía que me costó 500 pesos y por la cual tuve que hacer un enorme sacrificio para costearla porque no tenemos dinero. Cuando intentamos sacar la asignación de los chiquilines también nos perdieron el comprobante de la tenencia. Tuvimos que ir al juez para que nos hicieran un nuevo comprobante». Pero lo insólito de la situación no termina ahí y seguramente, de saberlo, Steven Spielberg la hubiera incluido en la taquillera saga de Volver al Futuro protagonizada por Christopher Lloyd y Michael J. Fox.
Si a Barrera se le otorgara hoy una jubilación en forma temporal por un período de tres años, la normas del BPS señalan que el trámite de renovación debe presentarse un año antes de su vencimiento. Es decir que, como el trámite se inició el 6 de junio de 2000, Barrera debería haber tramitado la renovación de una jubilación que nunca cobró hace, exactamente, cuatro meses. *
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