La OMC es de los ricos y para los ricos

JOAO PEDRO STEDILE*

 

¿Habrá en Doha alguna novedad en relación a los grandes problemas de la agricultura? Es posible que los países ricos y las corporaciones que controlan el comercio agrícola mundial obtengan la aprobación de algunos puntos y su transformación en «normas internacionales». Pero para los países agrícolas del Tercer Mundo y para los campesinos de todo el mundo, no habrá novedad alguna. Los países ricos saben que están actuando contra el pueblo, por esa razón han tenido que esconderse en Watar.

El comercio agrícola internacional representa sólo diez por ciento de toda la producción agrícola mundial. Cerca de 47 por ciento de la población de los países del Tercer Mundo se encuentra por debajo de la línea de pobreza, con ingresos de menos de dos dólares diarios.

En términos prácticos, los negociadores norteamericanos se están esforzando por alcanzar un acuerdo entre los países ricos del hemisferio norte y el grupo de Cairns que integran los países exportadores de alimentos del Sur. A estos últimos la Unión Europea les promete que disminuirá los subsidios a su propia producción y que le permitirá que aumenten sus exportaciones. En cambio, los del Sur aceptarán que se impongan las leyes de patentes (Trips) que transfieren la propiedad –incluso de seres vivos– a las corporaciones. También se comprometen a no cuestionar los acuerdos industriales y a no exigir acuerdos sobre el medio ambiente.

En verdad, se está tejiendo la trama de una gran alianza entre los intereses de las corporaciones del Norte y las oligarquías rurales exportadoras del Sur. Lo que se está discutiendo es sólo el margen de lucro que le tocará a cada uno.

Todo lo demás continuará igual. Los Estados Unidos seguirán otorgando 170 mil millones de dólares de subsidios a sus agricultores para que puedan competir en el mercado mundial por medio de las corporaciones.

No habrá políticas en favor del medio ambiente, ni salvaguardias de precaución, ni etiquetas para identificar a los organismos modificados genéticamente.

Mientras tanto, el precio de las materias primas que exporta el Sur continuará en descenso; desde 1995 hasta hoy esos precios cayeron de un índice medio de 131 a 103. En ese mismo período los productos agrícolas que exporta el Sur perdieron 60 por ciento de su poder adquisitivo.

Y si alguien se atreve a protestar entrará en el ruedo el representante comercial norteamericano para esgrimir la amenaza del terrorismo, que ahora unifica a todos los partidarios del bien contra los partidarios del mal. Según esa clasificación los pobres –el 80 por ciento de la población mundial– están del lado del mal. ¡Triste superioridad de la civilización occidental y cristiana!

La Vía Campesina, integrada por organizaciones de trabajadores rurales de 87 países tiene una posición muy diferente. Sostiene que los problemas de los campesinos y de la población que vive en el medio rural son semejantes en todo el mundo. Aumentan día a día la desigualdad y la pobreza, junto con la concentración de la riqueza.

También aumenta el número de hambrientos. En tiempos de la crisis capitalista de 1930 se estimó que 80 millones de personas sufrían hambre en el mundo. Hoy ascienden a 800 millones, a los que se suman otros 50 millones cada año.

Mientras los campesinos continúan perdiendo sus tierras, sus semillas y su cultura, las empresas transnacionales han asumido el control de nuestros mercados nacionales y de la agroindustria. Y unas pocas como Monsanto, Dupont, Adventis, Sygentia y Bunge y Born no sólo controlan el comercio sino también la biotecnología, que emplean para vender agrotóxicos.

¿Cuáles de esos problemas puede resolver la OMC? Ninguno. Al contrario, con sus acuerdos adoptados en la cúpula entre algunos gobiernos, no hará más que agravar la condición de los pueblos. Ante esa situación la Vía Campesina lucha por sus ideas. Sostenemos que los organismos internacionales están en crisis. Las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo y la OMC se han transformado en defensoras de los intereses de las corporaciones y del gobierno de Estados Unidos.

Por lo tanto, en primer lugar proponemos la creación de un nuevo sistema que implica la democratización de los organismos internacionales. La OMC, por ejemplo, no tiene derecho a entrometerse en los asuntos del comercio agrícola y de la producción rural.

Es necesario debatir entre los pueblos, los gobiernos y las instituciones democráticas sobre las formas de garantizar que la tierra y los recursos naturales constituyan un patrimonio de toda la humanidad y que los campesinos sean sus guardianes. Que se distribuya la tierra para que todos puedan trabajar y producir alimentos. que el comercio de alimentos no puede seguir subordinado a la lógica de que la comida es una mercadería como cualquier otra. Todas las personas tienen el derecho de alimentarse.

Por lo tanto, la política agraria y el comercio agrícola nacional e internacional deben estar supeditados al paradigma de la soberanía alimentaria que defiende Vía Campesina, según el cual cada pueblo tiene el derecho y el deber de producir su propio sustento, vendiendo los excedentes por medio de políticas bilaterales de mutuo interés para los pueblos y los países.

La biodiversidad es un patrimonio de la humanidad. Las empresas no pueden apoderarse de ella, no pueden convertirla en propiedad privada ni patentar a seres vivos.

Los gobiernos nacionales se deben comprometer con políticas locales que otorguen prioridad, no a las exportaciones sino a la lucha contra la pobreza y el hambre, y que garanticen la renta y la educación de la población rural. Las actividades agrícolas son aún la principal fuente de trabajo y de posibilidad de progreso para los miles de millones de seres humanos que viven en los países del Tercer Mundo.

Nada de todo esto le preocupa a la OMC. Por ello, estamos contra la OMC. Lucharemos contra su política. Se equivocan los que piensan que la humanidad se mantendrá arrodillada ante los intereses del capital. ¡Un día los pobres se levantarán!

Tal es el mensaje que el delegado de Vía Campesina, el compañero José Bove, de la confederación campesina de Francia, llevará a Qatar en nombre de los campesinos del mundo. *

 

(*) João Pedro Stedile es miembro de la dirección nacional del Movimiento de los Campesinos sin Tierra (MST) de Brasil y de la dirección de coordinación nacional de Vía Campesina. (Exclusivo de IPS para LA REPUBLICA)

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