Jálogüin
POR HORACIO BUSCAGLIA
Jugar con los miedos y los terrores (no con los terroristas, plis), me parece divertido y «liberador», por eso me alegra que haya un día del año que destinemos para eso. Y que, especialmente los niños, puedan reírse de sus propios miedos o, mejor dicho, de los miedos que le transmitimos «a través de la leche materna» como dijo Joan Manuel.
Lo único que me revienta es que le copiemos a los yanquis su tradición inventada más por el marketing que por su pueblo, cuando podríamos copiarle a los mexicanos, por ejemplo, y reírnos del máximo y más real de los temores: la muerte.
Pero aun con la ya imparable onda halloween, podríamos –padres, maestras, comunicadores etcétera– transformarla en algo más nuestro, más de estos lares.
Y mirá si no sería más divertido contarles esto, por ejemplo:
«Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo y se transforma en lobisón. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando la Luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Formas de protegerse contra un lobisón: una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
Un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.
Una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
Una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan.
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).»
Y todavía te quedan el Yaguareté-Aba, el Yasiyateré, la Luz Mala, el Pombero, la Mulánima, la Salamanca, el Uturunco, la Brujas criollas y un montón más de «monstruos» latinoamericanos.
¿Qué tal si el próximo 31 de octubre festejamos Jálogüin? *
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