Circo mediático en Afganistán
TIM JUDAH – INSTITUTE FOR WAR AND PEACE REPORTING
No es que no haya combates. Hay, pero son esporádicos y hay pocas víctimas. Durante los últimos días, ha habido cortos, pero intensos bombardeos de artillería y cohetes desde el territorio de la Alianza del Norte, pero han provocado pocas reacciones. Es difícil decir qué significa esto para la «perspectiva general».
Una razón por la que los periodistas andan a tientas en la niebla de la guerra es que cada persona con la que uno habla da una respuesta diferente. Por ejemplo, hay diez víctimas nuevas en el hospital de Khoja Bahoudin. Todas tienen heridas de bala, no metralla de obuses. Según un soldado herido, es porque los talibán, temiendo que sus propias líneas puedan ser atacadas por las bombas o los misiles de EEUU, se están acercando a las de la alianza antitalibán, esperando que esto los proteja contra los ataques. En contraste, el general Atiqullah Bayalai, viceministro de defensa de la Alianza del Norte, dice que los talibán se arrastran hacia delante para impedir una ofensiva de su parte.
Con pocas fuentes fiables, ni analistas que sepan de qué están hablando en el terreno, y con malos caminos, lo que significa que es difícil hacer gran cosa en un día, es increíblemente difícil componer un cuadro exacto de lo que está sucediendo.
Todos los comandantes de la Alianza del Norte dicen que sus hombres están listos para comenzar la ofensiva, que solamente esperan órdenes. Sin embargo, no hay forma de descubrir cuántos hombres tienen los talibán para enfrentarlos, a una milla o dos de la primera línea. Los periodistas occidentales no pueden entrar en territorio talibán.
Sin embargo, juntando pedacitos de información compilados de conversaciones con varios comandantes, es posible comenzar a comprender parte de la estrategia más amplia de la Alianza del Norte. A medida que pasa el tiempo, se ve más claro que sobre un amplio arco del norte y del este de Afganistán hay varios enclaves de resistencia antitalibán. Estos incluyen a tropas en el este bajo Ismail Khan; las que están cerca de Mazar-e-Sharif bajo el general Abdul Rashid Dostum y Ostad Ata; y aquellas concentradas aquí en el nordeste de Afganistán, un territorio compacto que forma un arco que llega al valle Panjsher.
Se piensa que hay otros enclaves de resistencia, en todo el país. El objetivo lógico de la oposición es unir a todos esos territorios en uno solo. Esto lograría, en primer lugar, dividir Afganistán en dos partes: el norte y el este, que están poblados por tadjikos, uzbekos, shias, hazaras, y otros, y el sur, que está poblado por pashtunes, el mayor grupo étnico en Afganistán, del que provienen los talibán.
Muchos periodistas, por cierto, no se pueden dar el lujo de encontrar el tiempo de tratar de descubrir lo que está sucediendo. La necesidad de presentar noticias durante 24 horas significa que especialmente muchos corresponsales de la televisión están atrapados en un círculo infernal noticioso ya que tienen que transmitir constantes entrevistas y actualizaciones en vivo, no tienen tiempo de investigar nada ellos mismos, lo que significa que todo lo que hacen es repetir ante la cámara lo que sus productores en Londres o Nueva York o donde sea, les leen, proveniente de las agencias noticiosas.
Mientras tanto, se ha hecho evidente otro desarrollo: la competencia de intereses entre los periodistas que están basados en el valle de Panjsher y aquellos que están estacionados más al norte. La lógica de estar en Panjsher es que si cae Kabul, serán los primeros en llegar a la capital afgana. Esto ha llevado a un cierto monto de ilusiones o a «inflar las noticias», lo que sirve para convencer a los editores en casa, y desde luego a sí mismos, de que están en el mejor sitio.
Por otro lado los periodistas basados en Khoja Bahoudin han estado haciendo lo mismo, esperando que cuando ocurra la ofensiva, comience allí. En realidad nadie tiene ni la más remota idea de qué puede ocurrir y cuándo. Por desgracia, para todos los periodistas, el verdadero problema es que el único sitio del que se informa de alguna acción real, es cerca de Mazar-e-Sharif, que, como está en territorio talibán, es inaccesible.
Una vez que los periodistas han estado varias veces en la primera línea, y descubren que hay pocas cosas nuevas sobre las que informar, comienzan a buscar otra cosa que hacer. Sin embargo, el número de artículos que se pueden escribir desde las casas de adobe de Khoja Bahoudin es limitado. Incluyen las historias de refugiados, el obligado artículo sobre el campo de entrenamiento militar, y como las periodistas gustan de subrayar, los artículos «sólo de mujeres» sobre la vida de las mujeres locales, que, por la costumbre local, no hablan con hombres.
Cuando se acaban estos materiales, hay sólo tres opciones. La primera es aflojar los 2.000 dólares exigidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores [de la Alianza del Norte] para conseguir un coche para ir al valle Panjsher, volver a casa, o ¡lanzarse a especular! *
(Traducción Germán Leyens, tomado de Rebelión)
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