Elaborarán manual de intervención policial en violencia doméstica
En desorden de poder es el único factor ocasionante de violencia doméstica según especialistas en la materia, que encuentran el origen de la problemática en un proceso de socialización inadecuado. De acuerdo a ese proceso se prioriza al género masculino, se le adjudica poder y por lo tanto control. Como una posibilidad de mitigar esta forma de violencia y por lo tanto reducir los casos de agresiones se intenta crear un manual que oriente a la Policía sobre la forma de actuar ante tal delito. Para trabajar en él y formar personal capacitado en este tipo de violencia, el Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (Ilanud) realizó un llamado a escuelas y academias policiales de países latinoamericanos para impartir los cursos que financia sobre el tema, y aplicar a través de ellos el Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica, originario de Costa Rica.
Uruguay fue el primer país en manifestar su preocupación por está temática y en responder a la convocatoria. Así, se empezaron a dictar los cursos a policías de casi todos los departamentos, que difundirán luego a sus colegas, mediante sucesivos cursos.
A cargo de la instrucción se encuentran los consultores del programa Iván Durán Dumani y Sonia Recinos, llegados desde Costa Rica.
Estos cursos se dictaron hasta la semana pasada en la Escuela Nacional de Policía (Camino Maldonado 5952) y participaron 37 funcionarios policiales. Los temas abordados en ellos se basan fundamentalmente en el área legal, en la difusión de Derechos Humanos, en la sensibilización de género –femenino– y en técnica y seguimiento de los casos.
Según Recinos el objetivo principal al que apunta el programa es a la elaboración de un manual de intervención policial en violencia doméstica que luego sirva a la escuela para integrar a sus programas de formación.
Luego de esta experiencia los especialistas del Programa volverán en el mes de marzo de 2002 para recoger las vivencias de cada participante en cuanto a la aplicación de lo aprendido y al tratamiento de casos.
«Mediante el curso los oficiales deben aprender los elementos básicos para conocer y respetar los derechos, evitar la problemática en torno a la víctima y comprender que es su obligación intervenir. El policía debe actuar desde un punto de vista muy humano, con sensibilidad y manejar la legislación y las posibilidades que la Justicia le puede dar. También es imprescindible que el funcionario entienda lo que le pasa a la víctima y actúe, así como es fundamental que la persona agredida denuncie», expresó Dumani.
Sin control
La mayoría de las víctimas de violencia doméstica son las mujeres y luego los niños. Aunque también se da hacia ancianos, y hay algunos hombres maltratados pero estos casos son notoriamente los menos.
La problemática se da en todos los estratos sociales pero en los medios y altos no se nota porque se acude a un sicólogo o terapeuta mientras los ocurridos en las capas bajas son los que trascienden porque, a veces, se denuncian.
Según la experiencia de los costarricenses, la única causa encontrada para explicar la violencia doméstica es un desorden de poder. Este se debe a un inadecuado proceso de socialización que otorga a los hombres la creencia de su superioridad ante la mujer; de ese modo la «cosifican y consideran de su propiedad». Los agresores ante el mínimo desajuste de lo previsto por ellos, pierden el control y atacan a las víctimas.
Ambos consultores coinciden en que la forma más frecuente dentro de este tipo de violencia es la sicológica: insultos, maltrato verbal, desprecio y humillaciones.
«Dentro del ámbito policial es la que menos se ve, porque no se reporta. A ella le siguen los casos de abuso sexual y violencia física, pero estos son resultado de la primera, porque se dan luego de una larga etapa de agresiones sicológicas. Una de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos es a la falta de denuncia, explicaron.
Las mujeres no entienden que los insultos son formas de violencia y en otros casos no denuncian por temor», afirma Dumani.
El poder de la información
Por su parte Recinos agrega que el agresor cuenta con un importante arma a su favor que es el silencio. Mediante la utilización de ella se crea una red de amenazas que hace que la víctima no hable. Ante esto la única posibilidad que la sicóloga ve es la información y la educación.
«Se necesitan programas de difusión, que la mujer sepa cuáles son sus derechos y reconozca cuándo es víctima de violencia. Debe entender la igualdad de derechos y oportunidades para ambos sexos. También es importante que desde la escuela se eduque a los niños con otra visión de su género. Masculino no quiere decir ni supremacía, ni poder, ni control. También consideró importante romper con los mitos, donde por ejemplo muchas veces se cree que pegan los alcohólicos o que a las mujeres les gusta que las golpeen, eso no es cierto, no hay justificación para agredir», asegura Recino.
Un problema frecuente ante el cual se encuentran tanto las personas afectadas por agresiones como la Policía es la reinserción social del agresor.
«Este es otro punto donde cumple un papel fundamental la educación. No sólo de castigar se trata. No es suficiente meterlo en la cárcel y apartarlo de la sociedad por un tiempo, con la idea de que sus acciones van a cambiar con el tiempo. Es necesario vincular la salida del individuo con un tratamiento serio. Indudablemente pensar en una reestructura llevará su tiempo, con más razón en este tipo de delito que es reconocido desde hace poco en de las sociedades», apuntó Dumani. *
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