Tres testimonios elocuentes

Tres integrantes de Neuróticos Anónimos aportaron sus testimonios a LA REPUBLICA, narrando brevemente sus patologías y su experiencia grupal en contacto con la comunidad.

Eduardo, que tiene 36 años, ingresó a Neuróticos Anónimos padeciendo un fuerte síndrome de pánico y diversas fobias.

Antes de integrarse a esta experiencia, tenía «emociones mal encauzadas. Mi problema era realmente ingobernable», acotó.

Nuestro interlocutor encaró, en primer término, la identificación del problema. A partir de ese momento, «empezó la magia de la recuperación. Mi mejoría es realmente tangible».

Según Eduardo, que dejó de concurrir al terapeuta y abandonó la medicación que estaba tomando, «el problema siempre está adentro».

Por su parte, Jaime, de 44 años de edad, recordó que llegó a NA luego de varios intentos de suicidio. «Venía de 22 horas con las muñecas abiertas», confesó sin eufemismos.

Manifestó que, en determinado momento de su vida, llegó a experimentar una sensación de impotencia para enfrentar graves problemas, tras padecer un doloroso fracaso en su vida afectiva y quedar desempleado.

«El problema era yo mismo. Hubo cambios impensables. Ahora, a diferencia de lo que sucedía antes, quiero vivir. No obstante, asumo que no soy una persona sana sino menos enferma».

Jaime manifestó que todos en su entorno notaron el cambio experimentado, que le permitió irse reinsertando en su medio familiar, social y volver a trabajar.

Finalmente, Javier, de 26 años de edad, narró que decidió acudir a los grupos para vencer su timidez y su baja autoestima. Le temía a todo, lo que le impedía desarrollarse, progresar en la vida y relacionarse adecuadamente con la sociedad.

«Sentí, en seguida, que los compañeros se interesaban por mí y que se identificaban con mis problemas. Además, fui descubriendo que lo mío era apenas la punta de un iceberg». *

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