Otras consecuencias de la guerra
Por Horacio Buscaglia
Algunos vecinos de Fayetteville quieren mudarse de calle o cambiarle el nombre.
No se animan a dar su dirección ni para una tarjeta de navidad. Viven en la calle Antrax.
Los vecinos no se explican cuál pudo ser el motivo por el que el inspector Mike Tate la denominó así en 1996.
El señor Tate no responde a las llamadas cuando le solicitan una entrevista. Muchos opinan que se siga llamando así porque están más seguros. «Mandar ántrax a la calle Antrax –dicen– es tan ridículo que nadie se va a animar».
J.P. Parshall iba a talar un árbol de su jardín, pero después de pensar un rato qué podía hacer decidió que merecía algo más. Encargó que dejaran 3 metros de tronco pelado y luego talló un falo en él.
El sheriff, frente a las quejas, dice muy norteamericanamente que «no conoce ninguna ordenanza en el condado que prohíba tallar un árbol en forma de pene». Después del 11 de setiembre Parshall ha instalado dos banderas americanas en lo alto, muchos se detienen y quedan varios minutos mirando en silencio, no se sabe si por patriotismo, por envidia o porque les gustaría llevarse un injerto para plantarlo en su casa.
Alguien ya propuso, dicen, hacer bonzais del mismo estilo.
En Disneylandia han retirado de la venta al público armas de juguete de «Frontierland» y «Adventureland», ya no se puede disparar al hipopótamo en la jungla, ni comprar armas espaciales en «Tomorrowland».
La razón aducida para justificar la decisión es estar al tanto de las sensibilidades de hoy en día.
Eso sí, en las tiendas de armas de verdad usted puede comprarse hasta un lanzamisil con la imagen del Ratón Mickey en la culata. *
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