La Feria de Tristán
¿Quién lo diría? Es un nuevo siglo y milenio y ella tan campante. Tan fresca y llena de gente, como allá por las primeras décadas del 900 cuando arrancó avasallante. Tan pícara como una milonga. La Feria de Tristán. Un emblema de la vieja capital que pisa fuerte en estos conflictivos días de la nueva era. Los viejos vecinos le decían «la feria de Yaro». De a poquito fue copando cuadras hasta «18» llegando a La Paz y alrededores. Lo que empezó para que los tanos calabreses vendieran sus frutas y verduras, sin que nos diéramos cuenta, se volvió un paisaje tanguero y discepolino de «la biblia junto al calefón». El que quería vender «algo» y los que querían comprar lo que fuera, antes de los domingueros ravioles, tenían una cita en la feria.
Pero, no todo era «la negocia», como decían aquellos sastres judíos de la Villa Muñoz. Por los pagos de Tristán respiraban los pulmones del Montevideo popular. Seres conmovedores que hoy piden cancha y junto al viejo escribidor, pelean contra el olvido. Ya en la entrada, sobre Colonia, estaba el cieguito Basso. Sonaba su bandoneón y el tango trepaba al cielo de la vieja capital. El platito tintineaba con los vintenes, junto a los pedidos de «una de Firpo o de Canaro». La copita, al costado del banco donde se sentaba, siempre llena de la caña fraternal de los muchachos que desde el esquinero boliche le mandaban «la vuelta».
Entre las frutas y los objetos más increíbles aparecían los cantos de aquellos pibes llamados «los gardelitos». Eran los fanáticos del «morocho del Abasto».
La feria también tenía sus agrupaciones de músicos que por el mediodía le daban con todo. Una de éstas llegó a tener hasta 10 integrantes que desfilaban, muy bullangueros. Todo retumbaba al compás de las congas de Los Lecuona o del caliente jazz del Mississipi. Gran algarabía y adelante marchaba un señor vistiendo un viejo frac que con su galera «pasaba la manga». Dos sobrevivientes de ese conjunto llegaron hasta mediados de la década del 70. Quedan flotando en la terca memoria las camisas a cuadros de los calabreses, los turcos con sus brazos llenos de corbatas, las gitanas y los organitos con aquel monito que sacaba «las cédulas de la buena suerte». Paremos la oreja este domingo y por algún rincón es seguro que aparecerán. Los esperamos los sábados y domingos a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
Coordinación: Angel Luis Grene
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