Del cloro al ántrax
Actualmente se estima que más de diez países poseen armas químicas –gases venenosos y compuestos tóxicos– y biológicas –gérmenes de enfermedades–. Estas, se considera que serán las principales y silenciosas protagonistas de las guerras del futuro. Lo que falta es saber si se usarán realmente o no. Por ahora constituyen una amenaza.
Las tropas alemanas fueron las primeras en utilizar gases –cloro–, durante la Primera Guerra Mundial. El primer ataque de este tipo ocurrió en abril de 1915 y afectó a 20 mil personas, de las cuales cinco mil murieron. Dos años más tarde, también los alemanes atacaron con gases tóxicos, conocidos como «gas de mostaza». Esta vez el arma dejó 1.300.000 víctimas, 92 mil de ellas fatales.
En la Segunda Guerra Mundial los gases no se usaron. Reaparecieron en Yemen –los egipcios los emplearon contra los yemenitas, entre 1963 y 1967– y también se usaron en Vietnam.
Entre las armas químicas más utilizadas se encuentran los gases lacrimógenos, los vomitativos, los agentes urticantes, los asfixiantes, los vesicantes, los paralizantes y los incapacitantes.
Los efectos pueden ir desde ceguera, vómitos, diarrea, alucinaciones y dificultades respiratorias hasta la muerte.
Ultimamente la más temida de todas las amenazas biológicas es el ántrax, habiéndose registrado en estos días algunos casos en EEUU. Este eficiente asesino puede causar la muerte en dos o tres días, presentándose como un simple catarro, aunque si se lo diagnostica a tiempo la persona puede salvarse.
El ántrax es causado por una bacteria que vive en la sangre de los animales. Cuando éstos mueren, la bacteria produce esporas que son liberadas en el ambiente. Esas esporas al ser inhaladas profundamente se alojan en los pulmones, pasan a la sangre y se forma un veneno que origina dosis letales de compuestos químicos utilizados por el organismo. *
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