Los uruguayos no se preparan para un ataque biológico
Un joven de 22 años entra a una armería y pide una máscara antigás. La observa, se la prueba, pregunta sobre ella y finalmente, decidido la compra, dice que es para protegerse del mundo. Aunque no parezca común ni muy lógico, algún uruguayo comenzó a pensar en tomar las medidas necesarias ante la posibilidad de un ataque bacteriológico. O tal vez la preocupación sea causa de la advertencia que la Organización Mundial para la Salud (OMS) lanzó días pasados cuando David Navarro, director ejecutivo de dicho organismo, habló de la necesidad de prepararse y no descartar un ataque masivo con armas biológicas o químicas en occidente. Uruguay no parece ser blanco para dichos ataques, pero hay personas –por ahora muy pocas– que no dejan nada librado al azar. Un relevamiento por las casas que ofrecen el artículo indica que poco aumentaron las ventas desde los atentados del 11 de setiembre en Nueva York y Washington. Los tres comercios especializados en este tipo de artículos coinciden en que hubo un considerable crecimiento de la demanda de máscaras antigás por parte de personas que van a viajar a Estados Unidos, llegando a vender hasta siete a un solo comprador. Señalaron también que fuera de algún precavido compatriota y los viajeros, las máscaras son adquiridas por coleccionistas de artículos de guerra.
En el mundo
En países con pocas probabilidades de ataques ocurre algo similar a lo que pasa aquí, aunque en proporción a la cantidad de habitantes. Pero tanto en Estados Unidos como en Inglaterra las ventas en el último mes tuvieron un importante ascenso.
Una tienda de Estados Unidos asegura vender cien máscaras por día, a través de Internet. Mientras que en Londres también se registra un notable incremento en las ventas del artículo. En Israel por ejemplo, país en guerra con Palestina, las máscaras son entregadas en forma gratuita a todos los pobladores.
Estos molestos e incómodos implementos, no sólo ataques y guerras protagonizaron, sino que también se usaron en desfiles de moda, sin ir muy lejos, en Punta del Este. Según Andrés Almansa, dueño de la armería Gran Aventura, durante la Guerra del Golfo los artículos hicieron furor, argumentándose una función antipolución.
Precios y modelos
Los modelos existentes en el mundo son: el alemán (los alemanes fueron los inventores), el ruso, el israelí, el norteamericano (muy difícil de conseguir) y la última creación proveniente de España que hasta permite beber agua por medio de una cantimplora, sin descubrirse el rostro.
El mercado uruguayo sólo ofrece máscaras rusas e israelíes, aunque por encargo puede llegarse a alguna otra.
Las inventadas por los soviéticos cuestan U$S 20 dólares y las israelitas se venden a U$S 80. Todas vienen con un filtro, que posee sustancias que impiden la penetración de tóxicos. Estos filtros son recambiables cada 15 o 20 días. Debe ser repuesto sólo cuando la máscara está en uso. El valor del recambio oscila entre U$S 25 y U$S 30′ y todos los filtros son compatibles con cualquier modelo. Las rusas vienen en una coqueta bolsa que facilita el transporte en la calle. Las israelíes se adquieren en cajas de cartón pero también son portables. Ambas máscaras son de goma y poseen protección para la vista. Entre los compradores destacan los hombres, que promedian los 30 años. Estos caballeros las coleccionan o las usan para trabajar con productos químicos. Aunque dice el propietario de Army Center que también alguna mujer las adquiere pero sin dar explicaciones. *
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