Varias familias viven hacinadas en un entrepiso del Palacio Salvo
Unas veinte personas, entre ellas seis menores, que viven literalmente hacinadas en piezas de pequeñas dimensiones, con cartones que ofician de paredes, montañas de escombros, sin baños ni luz, denunciaron que la nueva administradora del piso 2 y medio del Palacio Salvo no cumplió con las refacciones prometidas pese a que, en el momento en que los arrendatarios firmaron el contrato de alquiler, la profesional labró un acta en donde se comprometió a llevar a cabo dichos arreglos.
En esa oportunidad, la representante del propietario del piso les dijo que iban a recibir una copia del acta, la que jamás llegó a sus manos.
La mayoría de los inquilinos vive del trabajo informal y ocasionales changas, por lo que les es imposible conseguir una garantía de alquiler que les permita mudarse del lugar.
«Vivimos en la oscuridad absoluta. No tenemos luz, ni agua caliente y, lo que es peor, con el peligro latente de un incendio ya que debemos cocinar a oscuras.
Las paredes de la piezas son de cartón compensado y en todo el piso no hay un solo extintor de fuego», señaló a LA REPUBLICA uno de los habitantes de las precarias piezas, por las que deben abonar entre $ 1.700 y $ 2.500 mensuales.
Una mujer, madre de una niña de dos años, dijo a LA REPUBLICA que en la precaria pieza que habita debe iluminarse con un farol a gas, mientras que otros inquilinos deben cocinar en el pasillo.
«La gente para ir a los baños que se encuentran en el pasillo debe iluminarse con velas o linternas.
Cuando hay temporal es como si estuviéramos a la intemperie ya que por los cartones compensados se cuela el frío», sostuvo la mujer.
Vivir como topos
En el piso existen 14 medidores de luz, pero se encuentran fuera de funcionamiento. Según consultas realizadas a UTE por los propios inquilinos, el piso figura como deshabitado en los registros del ente y en la Intendencia ni siquiera está registrado como pensión.
Tiempo atrás, durante la anterior administración de ese piso del edificio, una inspección de la comuna capitalina intimó al propietario a que las paredes de madera fueran reemplazadas por material. Pero, hasta el momento, la situación permanece incambiada.
«Hace cuatro meses, la abogada Susana Bolentini se nos presentó como la nueva administradora del piso», explicó Luis Warren, uno de los inquilinos.
«Incluso, Bolentini labró un acta detallando las carencias en las que vivimos y se comprometió a realizar las refacciones necesarias, arreglar las paredes y los baños y conectar la luz. Nos dijo que si firmábamos el contrato de alquiler, esto sería arreglado. La copia del acta que nos prometió nunca apareció».
Según la versión del denunciante, desde que asumió la nueva administradora, hija del fallecido coronel Néstor Bolentini, quien fuera ministro del Interior en la dictadura, les cortaron la luz y deben sobrevivir en estas condiciones. Esta situación motivó que los arrendatarios decidieran, desde hace dos meses, dejar de abonar el alquiler.
«En estas condiciones no se puede vivir».
«Aquí hay niños que en invierno deben bañarse con agua fría porque no hay corriente eléctrica. Todo el día vivimos sumergidos en la oscuridad absoluta, manifestó Raúl Tillería, otro de los inquilinos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad