Lo que hay que ver
Vos perdoná que insista, pero la cosa cada vez se va extendiendo más.
Ya frenaron a los medios yanquis sobre la posibilidad de mostrar o comentar ciertos hechos. Les exigen a las autoridades de Qatar que cierren Al Jazira, canal árabe, único que retransmite en directo desde Afganistán.
La CNN sigue mostrando la pantalla negra o verduzca y te explican que esas imágenes se pueden lograr gracias a sofisticados aparatos de última generación. Y la degeneración de la cuestión es tal, que te informan que «allí debajo», a la altura de donde se lee «en vivo desde Kabul», estaría «la línea del horizonte (sic)». Y vos seguís viendo esa absurda pantalla donde cada tanto se ve como un resplandor, con menos impacto visual que una cañita voladora.
Y el periodista, en una ventanita al costado del cuadrado negro, se muestra sorprendido porque «hasta ahora no había visto resplandores así, (sic) esto confirma que están usando bombas de mayor poder».
Y vos te reís como si estuvieras viendo el viejo Canal 5, pero ahí te acordás de que una bomba de 300 kilos, como las que tiraban hasta ayer, que cayera en la Plaza Independencia, llevaría los cascotes y escombros hasta 18 y Ejido. Pero estos inofensivos resplandores resulta que son de bombas de 2.000 kilos y que además pueden penetrar hasta 4 metros dentro del hormigón y luego explotar. Y ahí entrás a pensar en Montevideo y cuántos de esos fogonazos verduzcos se necesitarían para hacernos puré. Y cuántas serían las víctimas «colaterales», que así nos llamaríamos vos, yo o tus hijos si esos «fogonazos» nos mataran. Y escuchás justificaciones morales y pudorosas sobre el no mostrar la guerra real en toda su crudeza, pero no creas que es para salvaguardar tu delicada sensibilidad, sino para que ella no te lleve a un pensamiento antibelicista y a luchar por la paz. *
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