La conquista de Afganistán
La gran coalición de países que se ha formado con el objetivo de eliminar el terrorismo en Afganistán tiene la capacidad de destruir con su poderío aéreo todo el aparato militar de este país en el término de una o dos semanas desde el comienzo de las operaciones, iniciadas el 7 de octubre.
Gran parte de la capacidad militar de la coalición consiste en su fuerza aérea con bases terrestres y en naves. Participan en las operaciones la Quinta, Sexta y Séptima Flotas, bombarderos de largo alcance, aviones de observación Awacs, así como bombarderos Stealth (antirradar) y son lanzados misiles crucero.
La capacidad militar de los talibán es completamente asimétrica con respecto a la de la coalición. Su arsenal militar consiste en poco más de 500 tanques pobremente mantenidos, aproximadamente un millar de piezas de artillería, algunas baterías de lanzacohetes múltiples y unos pocos aviones de combate y helicópteros. Gran parte de las municiones, la tripulación de los tanques, los instructores de artillería y las instalaciones de comando eran dependientes de Pakistán.
Fuerzas especiales del Reino Unido y de Estados Unidos han entrado a Afganistán antes del 7 de octubre para realizar operaciones clandestinas. Son clandestinas pues la coalición no está en guerra (declarada) con Afganistán.
Habiendo conferido legitimidad al terrorismo a través del apoyo estatal, los talibán se hallan en una posición nada envidiable: no pueden entregar a Osama bin Laden ni negar su papel en el terrorismo internacional. Como resultado de ello, se han convertido en los blancos de la guerra contra el terrorismo. Esto, combinado con el modo medieval del gobierno islámico de los talibán, ha hecho que casi todos los estados islámicos se hayan vuelto contra ellos. Los talibán representaban a la etnia mayoritaria de Afganistán, la pashtun, pero han dilapidado la lealtad de ésta con su bárbaro modo de gobernar.
Bin Laden preferiría el martirio antes que ser capturado y sometido a juicio. Su saga devendrá probablemente folclore en el mundo islámico. Hay ya padres que lo admiran y han puesto a sus hijos el nombre de Osama.
¿Ha habido un viraje en las políticas exterior y de seguridad del gobierno de George W. Bush desde el ataque del 11 de setiembre? El terrorismo no sólo puede ser la ocasión para un enfoque a largo plazo de la política sino también de ilimitadas oportunidades para los intereses de Estados Unidos. La influencia de Estados Unidos en Afganistán y en Asia Central, no distinta de la que se registra sobre los estados petroleros del Golfo, sería una importante ganancia estratégica. Estados Unidos ya llegó a acuerdos militares con Uzbekistán y Tadjikistán, así como con Turkmenistán no mucho antes.
Una presencia militar occidental en una región que se extiende desde Turquía a Tadjikistán tendría un impacto estratégico de largo alcance y cambiaría sustancialmente los pronósticos en materia de energía para el siglo XXI. Si esto ocurre, la región puede ser una importante fuente de riqueza y de estabilidad política a través de la eliminación del terrorismo y el desplazamiento de las influencias islámicas radicales.
Un cambio de régimen en Afganistán parece ser la principal meta estratégica de Estados Unidos. Ello no sería difícil de lograr en términos militares. El aparato militar talibán puede ser destruido en pocos días, su estructura de comando, sus centros de comunicaciones y su capacidad para movilizar fuerzas pueden también ser neutralizados rápidamente.
Es entonces cuando la Alianza del Norte y las fuerzas de tierra de la coalición se unirían a la batalla. Todas las tentativas estarían dirigidas a capturar y eliminar a la dirección talibán y a colocar en su lugar a una nueva alianza política. En todo esto la participación voluntaria de la mayoría de la población pashtun será decisiva.
Un gran cambio geopolítico como el considerado más arriba requeriría que Pakistán asumiera un papel sustancial. Los vínculos geográficos, políticos y culturales de Pakistán con Afganistán y sus propias consideraciones estratégicas hacen que el papel a jugar por Pakistán sea de importancia central para la futura estabilidad en Afganistán.
Sin embargo, ello requerirá un cambio muy importante en Pakistán, cuyos sistemas social, religioso, económico y político se han visto seriamente influidos por su prolongada y estrecha vinculación con Afganistán. Dicho en breve: no se puede obtener el control sobre Afganistán sin ejercer el control sobre Pakistán.
Si se quiere que el terrorismo sea realmente eliminado, es fundamental que la atención se centralice también en el Cercano Oriente. Pero si se le otorga preferencia a los intereses estratégicos a expensas del combate contra las causas reales del terrorismo, sólo tendremos más acciones terroristas. A menos que estas causas sean enfrentadas seriamente, las guerras asimétricas no terminarán. Y por cierto, existe el riesgo de que tales guerras sean combatidas con nuevas herramientas. *
(*) El teniente general V.R. Raghavan, ex director de Operaciones Militares y ex jefe del Estado Mayor del Ejército indio, es desde su retiro en 1994 el director del grupo de expertos independientes «Delhi Policy Group». Especial de IPS para LA REPUBLICA.
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