Mármol, gobelino y hierro forjado
La quinta que perteneció a Juan Idiarte Borda fue declarada Monumento Histórico Nacional. La residencia es fiel al neoclasicismo francés. Los materiales con los que fue construida, así como su mobiliario es originario de Francia.
Posee tres plantas, terrazas, miradores y buhardillas. Las escaleras son de mármol y los techos curvos están cubiertos por tejas de zinc.
En la planta baja se destaca el salón principal «Esmeralda», tapizado en gobelino, con pinturas y marquetería de la época. El salón Amatista y el Turquesa se usaban como capilla familiar.
La cocina es de forma octogonal y el sótano tiene el piso recubierto de losas de granito y un portal interior en hierro forjado.
La escalera por la que se asciende a los pisos superiores es de mármol. En ellos se encuentran los dormitorios.
Las terrazas con barandas de hierro permiten observar, desde varias perspectivas, el parque circundante.
El predio de dos hectáreas y media comprendía la huerta familiar, la cochera, dos establos y las viviendas del cochero y del quintero.
En 1914, María Esther Idiarte Borda incorporó a la propiedad el terreno anexo al padrón principal, en donde se construyó una piscina, vestuarios y cancha de tenis.
Una reja de hierro forjado limita el frente del predio. El portón principal se sostiene por columnas de ánforas, en cuya parte superior se observan las iniciales del propietario J.I.B, en un emblema coronado por una venera.
«Este lugar estuvo en manos privadas, de iglesias y cerrado mucho tiempo. Intentamos mantenerlo lo más parecido posible a lo que fue en su origen. Hacemos mucho hincapié en el tema cultural», contó Garaffoni. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad