Un miedo que daña a toda la humanidad

Los que atacaron Nueva York y Washington el 11 de setiembre pasado también provocaron un miedo generalizado y representaron una amenaza para los cimientos de la seguridad humana global. El miedo, ya sea como resultado de la crueldad, la violencia o la enfermedad, socava la confianza entre la gente y entre grupos y comunidades que necesitan funcionar juntos.

Escrito por: GRO HARLEM BRUNDTLAND (*)

Jueves 11 de octubre de 2001 | 12:00
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También socava la seguridad y la previsibilidad que todos necesitamos para crecer, desarrollarnos y prosperar. Socava nuestra creencia de que la gente es buena y no malvada, una creencia que es esencial si nosotros queremos darle significado a lo que hacemos.

Asimismo, el miedo limita nuestra libertad para vincularnos con otros a fin de mejorar nuestras sociedades. Los ataques terroristas, las situaciones de conflictos armados y todos los tipos de catástrofes gravan nuestras capacidades para arreglárnoslas, comprender y responder. Es importante que sepamos que la mayoría de la gente, tanto la que está directamente expuesta a aquellas situaciones como los remotos observadores, se ven afectados por una tragedia como la del reciente ataque.

Pocos días atrás, el secretario para Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Tommy Thompson, habló de la creciente incidencia del síndrome postraumático a partir del 11 de setiembre. Dijo que éste requeriría “el incremento de asistencia y de los servicios de salud mental en todo el país” y “muchos más fondos”. En efecto, el bienestar mental de millones de personas se ve ahora amenazado por traumas, miedos, estigmas e incertidumbre.

Dentro de este contexto, nuestra comunidad global está siendo sometida a pruebas como nunca antes. ¿Pueden las naciones continuar trabajando juntas para enfrentar los grandes problemas que afectan al futuro de la humanidad? ¿Pueden ellas sostener el impulso hacia la libertad y la democracia de modo que todos los pueblos puedan vivir y crecer juntos? ¿Pueden sus dirigentes controlar a las fuerzas que provocan el terror y además promover los valores humanos? ¿Podemos mantener la campaña contra la pobreza en el mundo, tan esencial para el futuro de la humanidad? Sabemos que los países necesitan fortalecer su capacidad para responder a las consecuencias del uso como armas de agentes biológicos o químicos. Debemos prepararnos para la posibilidad de que las personas sean deliberadamente dañadas por medio de agentes biológicos o químicos. Todo uso deliberado de agentes como el ántrax o la viruela debería ser contenido por medio de una respuesta efectiva de los servicios de salud pública. Son vitales una vigilancia apropiada y una rápida respuesta coordinada.

Todo tipo de agentes infecciosos o tóxicos químicos pueden en teoría ser preparados para su uso deliberado como armas.

Los expertos en este campo creen que la viruela, el ántrax, el botulismo y la peste son los agentes patógenos que con más probabilidad se utilizarían en ese caso. Sin embargo, la mayoría de estos brotes de enfermedades infecciosas, si no todos, ya sea surgidos natural o deliberadamente, podría ser detectada rápidamente por medio de la “Red global de alerta y respuesta ante epidemias”. Este sistema global que está integrado por 72 redes de laboratorios, expertos en salud y sistemas de información vía Internet a escala mundial y regional controla continuamente los informes y los rumores acerca de situaciones de enfermedad alrededor del mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha coordinado y supervisado regularmente respuestas a los brotes epidémicos, tal como una reciente epidemia de ébola en Uganda, una epidemia de fiebre amarilla en curso en Costa de Marfil y brotes de cólera, peste y otras infecciones en diferentes partes del mundo. Mientras el mundo tiene la capacidad y la experiencia necesarias para controlar serios brotes de enfermedades, deberían ser fortalecidos los planes nacionales para eventuales emergencias sanitarias, en especial en países donde son raras las epidemias de enfermedades infecciosas.

Todos nosotros somos parte de una vasta comunidad global que trabaja por un mundo libre del sufrimiento y del miedo. Sabemos que la buena salud y un cuidado sanitario accesible para todos son vitales para la paz y la seguridad. Nosotros trabajamos conjuntamente por el bien común, buscando los mejores caminos para cerrar la brecha existente en materia de salud. Cuando enfrentamos dificultades económicas y siempre cambiantes prioridades mundiales nos sentimos inspirados por el conocimiento de lo que puede y debe ser logrado en ese sentido. *

 

(*) Gro Harlem Brundtland, ex primer ministro de Noruega, es la Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Especial de IPS para LA REPUBLICA.

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